Duhalde va a la pelea del PJ, pero no contra los aliados "forzados" de los K

Por: Eduardo Aulicino

Una cosa lleva a la otra", repite Eduardo Duhalde ante sus interlocutores -algunos de ellos, dirigentes cercanos- cuando le preguntan sobre la voluntad de disputar la conducción peronista y dejar abierta la puerta a la batalla por la candidatura de 2011. El ex presidente sabe que su mensaje implica, además, otra señal de fondo: la decisión de descartar un camino por afuera del PJ y de ir a la interna a pesar del riesgo que representa la disputa con el fuerte armado partidario que al menos hasta ahora se asegura Néstor Kirchner desde Olivos.

Para nadie en el duhaldismo pasa inadvertido el doble juego que viene desplegando Kirchner con el objetivo central de mantener alineado al aparato del PJ, sobre todo en Buenos Aires. Muchos de ellos conocen ese circuito y esos mecanismos como nadie. Los últimos movimientos en el Congreso sólo confirmaron la dirección y los objetivos de los planes K.

Como efecto directo de la negociación de acuerdos y fondos con los jefes provinciales, el Gobierno se aseguró en el Congreso el respaldo al Presupuesto y a la prórroga de varios impuestos sin que se altere en nada el esquema muy centralizado de caja, en perjuicio de un criterio más razonable de coparticipación. Con ese capital, y políticas similares hacia los intendentes, Kirchner mantiene la dependencia notoria de los distritos en materia financiera y, claro, también partidaria.

Varios legisladores y dirigentes duhaldistas siguieron con especial atención la evolución de las conversaciones de mandatarios peronistas con el Gobierno. Ese componente de la estrategia sostenida por los Kirchner ayuda a explicar la decisión de fondo adoptada en Olivos para intentar dar batalla en el 2011: la apuesta es definitivamente a la estructura del PJ. Muy lejos quedan los ensayos transversales o las críticas, luego de la caída electoral de junio, a la "vieja política", señalada como responsable de la derrota.

El impulso a la reforma electoral, que el oficialismo deberá negociar en el Congreso para sumar votos, tiene directa relación con aquel esquema de dependencia de los jefes territoriales, de peso fundamental para enfrentar las internas. El nuevo sistema de elección de candidatos también provocará definiciones en las heterogéneas filas del peronismo disidente. El duhaldismo, afirman sus voceros, dará batalla en el interior del PJ. Es también un mensaje a esa franja, con exponentes diversos como Felipe Solá, Mario Das Neves, Carlos Reutemann, los Rodríguez Saá y Francisco De Narváez, el más decidido a un armado externo, entre otros que consideran liquidado el ciclo K.

La decisión de Duhalde, continuidad de otros gestos, va acompañada de un cambio respecto de los pasos que fue dando frente al panorama de alineamiento que rearmó Kirchner pasado el primer impacto de junio.

El duhaldismo venía trabajando en un tejido que apuntaba a generar un ámbito, una referencia concreta para atraer a intendentes, gobernadores y otros referentes, considerados "forzados" aliados del Gobierno, cuando madurara un clima de final para la experiencia K.

Ahora, en cambio, Duhalde deja trascender que modificó su propio juego. "Hay que dejar la lógica de sumar caciques. Hay que sumar gente", dice un hombre cercano al ex presidente. Habla, en rigor, de atraer a agrupaciones por debajo de los intendentes, para ir poniendo en marcha una confederación de agrupaciones con desarrollo territorial y también sectorial.

No hay intento alguno, aclaran, de confrontar con los jefes comunales. Visto desde la perspectiva duhaldista, se trataría de aglutinar el descontento interno. Tal vez también, aunque no lo dicen de manera expresa, de abrirles una puerta que les permita colocar alguna ficha en este tablero sin complicar sus gestiones.

Duhalde sabe que es un camino difícil, atado a la decisión de enfrentar en la interna a Kirchner y a las estructuras que le responden. "Si ganan los K y el PJ representa eso en el 2011, que después nos juzgue toda la sociedad en las elecciones", afirma un duhaldista. Una manera de decir que la historia va para largo.

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