Duhalde, frente a la enorme tarea de reconstruir un liderazgo

Por: Eduardo Van der Kooy.

Eduardo Duhalde ha regresado. La novedad no sería esa: hace meses que el ex presidente abandonó su hipotético retiro para volcarse de nuevo sobre un peronismo que parece dormitar. La novedad sería su decisión, según evolucionen las cosas en la política argentina, de volver a ser candidato presidencial en el 2011.

El caudillo de Lomas de Zamora suele eludir siempre, con empeño, cualquier definición de ese tipo. Pero está decidido a embarcarse en la aventura en la medida en que no asomen en el horizonte partidario dirigentes con vocación y voluntad de enfrentar a Néstor y Cristina Kirchner.

Esa voluntad estaría todavía ausente. Daniel Scioli seguiría acompañando el proyecto del matrimonio presidencial. Sobre ese proyecto afincaría la ilusión de repetir otro mandato como gobernador de Buenos Aires. "Se fue en amagues", se le escuchó pontificar a Duhalde.

Carlos Reutemann quedó después de las elecciones del 28 de junio como el postulante natural del PJ. Pero varios factores conspiraron contra esa postulación. Sus propias vacilaciones; la mano negra kirchnerista que le trastornó la vida en el Senado; la llamativa derrota en los últimos comicios provinciales en Santa Fe.

Reutemann habría tomado la determinación de volver a pelear en el 2011 por la gobernación de Santa Fe, que ejerció ya en dos ocasiones. Ese mensaje llegó hasta las oficinas de Duhalde. El senador está convencido de que su candidatura sería la única capaz de evitar un posible tiempo de hegemonismo socialista en la provincia.

El socialismo lleva cinco períodos consecutivos administrando la intendencia de Rosario. Hermes Binner no tiene reelección como gobernador, aunque a ese podio apuntaría el alcalde rosarino, Miguel Lifschtiz. La candidatura de Reutemann podría neutralizar a otro par de aspirantes: Jorge Obeid, también ex gobernador dos veces, y Agustín Rossi, el jefe de los diputados kirchneristas en el Congreso.

De la nueva cuna dirigencial del peronismo, apenas Juan Manuel Urtubey asoma con cierta determinación de meterse en la pelea. Pero Salta, su provincia, no parece aún un trampolín político potente para instalarlo en la escena nacional. Jorge Capitanich, del Chaco, desistió, por problemas propios, de convertirse en un competidor de los Kirchner. José Luis Gioja, de San Juan, ha bajado su perfil casi hasta el piso.

Por supuesto, Felipe Solá estaría en condiciones de tallar. El diputado estuvo la semana pasada reunido con Duhalde. Fue a una reunión a solas y se encontró en medio de una romería. Las relaciones entre Solá y el ex presidente nunca fueron sencillas.

Menos sencillas resultan, todavía, por la pertenencia de Solá al espacio político que, muy fríamente, comparte con Mauricio Macri y Francisco De Narváez. Duhalde está distanciado con ambos. Dijo en un reportaje a Clarín, incluso, que si la Argentina optara por un mandatario extranjero prefería a Lula da Silva. Una verdadera befa por la condición colombiana de De Narváez.

Ese juego no parece definitivamente cerrado. Hace rato que Solá no está cómodo con sus socios nuevos. Las últimas apariciones lo mostraron rodeado, casi con exclusividad, de peronistas disidentes. Antes de fin de año aquella trilogía podría dejar de serlo.

Duhalde seguirá oteando ese panorama. Mientras tanto intentará rearmar al peronismo en Buenos Aires. No irá con la estructura tradicional de los intendentes porque esos dirigentes están atados a la caja de los Kirchner. Aunque mantiene diálogo con la mayoría de ellos. Intentará reagrupar a las estructuras peronistas que se han desgranado en el conurbano desencantadas con el rumbo de los Kirchner. "Está claro que está lleno de desencantados. Quedó en claro el 28 de junio. A De Narváez lo votaron muchos peronistas", razona el ex presidente.

Calcula que el interior bonaerense y el primer cordón son irrecuperables para el matrimonio. Ni siquiera con la hipótesis de una mejora económica. La ingeniería final para batir a los Kirchner, según su óptica, sería dañar todavía más las bases sociales que conserva en el segundo cordón.

La tarea de Duhalde chocaría, a priori, con dos inconvenientes. Su liderazgo, a partir de la derrota que sufrió a manos de Kirchner en el 2005, ya no es el mismo. La reforma política que hoy anunciará Cristina podría convertirse en el otro escollo. ¿Por qué razón? Porque lo obligaría a apostar únicamente adentro del PJ, donde el núcleo disciplinado responde a la maquinaria financiera de Kirchner. Además el Gobierno podría manejar los tiempos de la convocatoria a internas abiertas y simultáneas de todos los partidos. Un llamado excesivamente anticipado le restaría tiempo al ex presidente para la tarea enorme que se ha propuesto.

Para que todo ello ocurra hará falta que el proyecto de ley oficial se apruebe en el Congreso antes del 10 de diciembre. Una labor que, a juzgar por los primeros aprontes de la oposición, será muy ardua.

Duhalde cree que, antes que todo, la prioridad es Buenos Aires. Exhibe encuestas que, en esa geografía, lo mostrarían con índices de aceptación popular tres o cuatro por encima de los que tendría Kirchner. Le sobra confianza, mas allá de la cuesta pedrogosa que estará obligado a remontar.

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