Duhalde: "Cobos ya ganó"

Por: Diego Schurman.

El bonaerense confiesa que hoy no ve margen para modificar un escenario de derrota en el 2011. Su objetivo es terminar con el liderazgo de Kirchner y refundar el PJ.

Duhalde no anduvo con vueltas.

–Mirá, hay que resignarse, Cobos ya ganó. Pero no va a tener reelección. Son cuatro años en los que vamos a tener que trabajar fuerte para rearmar el peronismo. Para esto tenemos que terminar con Kirchner.

Alberto Fernández no salía de su asombro. Ni la temperatura helada del aire acondicionado pudo morigerar el calor que reinaba en el ambiente.

–Yo creo que hay que trabajar por un recambio generacional dentro del PJ –se sinceró el ex jefe de Gabinete.

–Vos estás teorizando –lo cortó en seco el cacique bonaerense–. Dejate de teorizar. Si te animás, largate y yo te apoyo. Pero largate. ¿Qué esperás?

–Todavía no es tiempo. Faltan dos años. Lo que le digo es que si la opción es entre usted o Kirchner, ahí sí gana Cobos –se despidió el ex funcionario, sin tutearlo.

Fernández salió del encuentro y fue a un estudio de televisión. Sobrevino entonces la idea de hacer un parangón entre los dos líderes del PJ con Drácula y Frankenstein.

Duhalde masculló bronca. No se siente un monstruo ni reniega del pasado. Al contrario, apela a la memoria emotiva –a esos días en que el menos avezado le ponía el sayo de "piloto de tormentas" –para ganar consenso dentro del PJ y generar una alternativa de poder.

En público semblantea su propia candidatura pero en privado no trepida en ofrecer logística para quien se le anime a los Kirchner. Por eso alentó la candidatura presidencial de Alberto Fernández.

"Hay uno que quiere esmerilar a Néstor a cualquier costo y hay otro que se ofrece como una instancia superadora. A uno le importa únicamente mostrar su capacidad de daño, lograr que no gane Kirchner, al otro le interesa tomar lo bueno y dejar lo malo del kirchnerismo. No digo que son dos proyectos incompatibles, pero hoy Duhalde y Alberto están más distantes que ayer", confió un vocero del ex jefe de Gabinete.

Desde la Casa Rosada, en los álgidos días del "que se vayan todos", Duhalde supo ganarse el título de componedor. Hasta Elisa Carrió, la misma que hoy se empeña en asociarlo a la droga, ponderó aquella gestión.

Sin embargo, en su afán por llevarse al "loco", como le gusta calificar al santacruceño, Duhalde exhibe ahora un perfil más combativo. Lo curioso es que entre sus principales víctimas también aparecen eventuales aliados.

Trató de ingenuo a Mauricio Macri, por su impericia en las causas de espionaje, y le dio un portazo a las ambiciones de Francisco de Narváez. Lo hizo con una crudeza inusitada.

"No me voy a cansar de decir que el intendente de Capital –devaluó al jefe de Gobierno porteño– está rindiendo ‘zancadillas 2’ y parece que se la lleva a marzo. Ni me voy a cansar de decir que De Narváez no puede ser presidente. ¿Acaso Lula puede ser presidente de la Argentina? El colombiano ni siquiera puede ser gobernador. Es porteño, que pelee en la Capital".

Ninguno recogió el guante. El que sí reaccionó fue Felipe Solá. Pero no para defender a sus socios políticos de la última y exitosa aventura electoral, a quienes por lo bajo dice no tolerar. El diputado simplemente cuestionó la falta de timing duhaldista.

La sorpresa la dio Hugo Moyano. El jefe de la CGT irrumpió en escena para recordar que Duhalde favoreció a grupos empresarios con la pesificación de la moneda y que ahora éstos son el principal sostén de su candidatura.

¿Las razones de semejante reacción? Algunos creen que el camionero, beneficiado con el control de las obras sociales, actuó tras un llamado de Olivos. Es verdad que a Kirchner lo revuelven las remembranzas periodísticas sobre la buena relación del jefe de la CGT y el bonaerense. Pero el verdadero disparador de la ira fueron unas declaraciones televisivas.

En efecto, el martes a la noche, en el programa Le doy mi palabra, Duhalde rompió lanzas al asegurar que Moyano no llegaría al 2011. Sorprendido, Alfredo Leuco, el conductor del ciclo, le preguntó las razones. El bonaerense explicó entonces que la mayoría de los gremios vinculados a la actividad de servicio rechazaba al jefe cegetista.

Jugó de esta manera a favor de los denominados "gordos", dueños de las grandes corporaciones sindicales y refractarios a la política expansionista de este Moyano ultra-K.

Para que no quedasen dudas de que se trataba de uno de los capítulos de la interna justicialista, Duhalde aclaró que su postura antimoyanista no era en desmedro del unicato. Al contrario, se esmeró en defender la Ley de Asociaciones Sindicales, que regula la constitución de gremios por actividad, y rechazó las banderas de libertad enarboladas por la disidente Central de los Trabajadores Argentinos (CTA).

"Lo que está haciendo Duhalde son como esos sopapos que Griguol les daba a sus jugadores antes del partido. Está queriendo que en el PJ se despierten, que alguien encabece la renovación del partido. Reutemann no se anima, los gobernadores tienen miedo de sacar los pies del plato y así Kirchner va ganando tiempo. Y a Kirchner no hay que darle ni un metro de ventaja porque es un animal político y te come", evalúan en las oficinas céntricas del Movimiento Productivo Argentino (MPA), donde operan los cuarteles del bonaerense.

Por eso Duhalde no se quedará quieto. Además de su prometido trajín por la costa balnearia, viajará en estos días a Estados Unidos para presentar la versión en inglés de su libro Memorias del infierno y obtener así una foto que le dé chapa internacional.

Ya le dijo a los suyos que no habrá cambio de libreto. Va tras la consolidación de un espacio alternativo al kirchnerismo, incluso a costa de una derrota ante Julio Cobos. Es más, jura y perjura que si el radical llega a la presidencia, como presupone en estas horas, mantendrá la muletilla que lo acompaña desde el crepúsculo de la última gran crisis socioeconómica del país. Esa que dice que "los argentinos estamos condenados al éxito".

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