Duhalde alista "task force" para desembarcar en el PJ

Por: Pablo Ibáñez

Una estancia colonial de Entre Ríos, provincia que se jacta de poseer todos los verdes, se convirtió en el refugio de Eduardo Duhalde para, mientras abruma con dictados a sus amanuenses, pergeñar el desembarco: su Normandía es el peronismo, pero no fijó, todavía, su día D.

unto a su esposa, Chiche, en esa casa de campo en Victoria, el ex presidente estuvo ayer dos horas, asado de por medio, con Jorge Busti y charló, el sábado, con el gobernador de Córdoba Juan Schiaretti. Con ambos repasó idéntico libreto: la «reorganización» del PJ.

Su recreo campero tuvo, sin embargo, otra intención. Lo planeó para apurar apuntes sobre los tres libros que redacta con la asistencia de Abel Posse. Pero luego derivó en encuentros, ante flashes oportunos, con dirigentes del PJ que como él combaten a los Kirchner.

Para martillero, Duhalde se reveló como autor prolífico. Ultima la segunda parte de Memorias del Infierno, autobiografía política que promete más interesante que el primero porque abarcará el período en que irrumpió, como su delfín, Néstor Kirchner.

Se entrevera, además, con un escrito sobre la Renta Universal, que toma el modelo que Lula da Silva aplicó en Brasil con su difundido programa Hambre Cero. Y redondea, puntilloso, un trabajo de título intrigante: «La droga y los políticos, 20 años después».

El arrebato literario del ex presidente invitará, alguna vez, a un ejercicio hermenéutico. Es, sin embargo, una distracción: el oficio de ensayista funciona como una píldora contra la ansiedad porque al caudillo de Lomas lo pierden otras pasiones mundanas.

En rigor, ayer abandonó rápido el papelerío cuando, por teléfono, combinó la visita de Busti. El entrerriano, con quien en el pasado tuvo algunos entredichos, es uno de los más activos en la propulsión de la candidatura presidencial de Carlos Reutemann. La charla, al mediodía, transitó esos arrabales: la «necesidad», se coincidió en la palabra, de reorganizar el PJ para que el peronismo pueda tener, en 2011, un postulante con chances de enfrentar, con algún éxito, a Julio Cobos y Mauricio Macri.

El bonaerense fue explícito. «Con Busti estamos trabajando para reorganizar el Partido Justicialista a nivel nacional, porque es indispensable que en 2011 tengamos una transformación y ofrecer una verdadera posibilidad de gobernar o de alternancia en el poder».

Duhalde, en principio, se excluye de esa grilla. Eso le dijo a Busti. En otras charlas, junto a sus visitantes en el MPA, ha permitido que algunos deslicen esa alternativa. Más frío, en confianza, menciona a Reutemann, a José Luis Gioja y a Jorge Capitanich.

Sobre el hermetismo, para algunos exasperante del Lole, la semana pasada Duhalde habló con el diputado santafesino Jorge Obeid. «Él va a ser candidato -apostó el Turco-, pero vos tenés que ordenar el peronismo. El Lole no lo va a hacer: no sabe, ni quiere».

El ex presidente vive como una reivindicación los pedidos para que intervenga en el peronismo. Los planteos para que encare la faena de «Gran Timonel» de la reorganización del PJ, dicen a su lado, proviene de la «la mayoría de los gobernadores» del peronismo.

Dice actuar, además, como su vocero en las críticas al Gobierno. «No es tan difícil -dijo- gobernar la Argentina en la medida en que entendamos la situación. Pero si nos peleamos con los productores, con los industriales, se le impone miedo a la gente, esto va a ir de mal en peor». Lo discutió, días atrás, con José Luis Gioja -cuando el sanjuanino estuvo en Buenos Aires para verse con Cristina de Kirchner- y lo repasa, al menos dos veces por semana, vía telefónica, con el tucumano José Alperovich. También habla con Capitanich.

Con Schiaretti, el sábado, el tema fue el mismo con un agregado: la reaparición de José Manuel de la Sota, quien se lanzó, con dos años de anticipación, para pelear la gobernación de Córdoba en 2011.

«Ninguno puede ponerse al frente porque dependen de los fondos nacionales. Pero él tiene voluntad y tiempo», relató, ayer, uno de sus colaboradores más estrechos. Algo similar ocurre con Busti: el ex gobernador tiene, por caso, más margen que su sucesor Sergio Urribarri.

Eso explica por qué se fue diluyendo la propuesta de montar una Comisión de Acción Política (CAP) que se ponga al frente del partido. No es el único motivo: ese movimiento hubiese desplazado a Hugo Moyano de la mesa y el camionero avisó que no lo permitiría.

No es casual, tampoco, que Gerónimo «Momo» Venegas, jefe de UATRE y Las 62 Organizaciones, aliado de Moyano en la CGT, haya postulado ayer a Duhalde como jefe del PJ. Venegas oficializa la jugada para que, detrás suyo, surjan otras voces que ratifiquen el plan.

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