Dueño de Aerolíneas lleva sus quejas a El Salvador

Gerardo Díaz Ferrán, uno de los dueños del grupo Marsans y presidente de la CEOE, la poderosa central empresaria española, viajará esta semana a El Salvador para participar de la Cumbre Iberoamericana a la que asistirá también Cristina de Kirchner.
Según fuentes cercanas a Marsans, el empresario, que comparte la propiedad de Aerolíneas Argentinas-Austral con su compatriota Gonzalo Pascual, dirá un duro discurso contra las políticas que viene llevando la administración de los Kirchner contra las empresas españolas. El dirigente no sólo encararía en su «speech» los insucesos que llevaron a Aerolíneas-Austral a la quiebra técnica, sino también a lo que padecieron los bancos, las privatizadas y ahora las AFJP, más las repercusiones de estos hechos en la Bolsa madrileña. Es conocida la excelente relación (casi de amistad) que mantiene Díaz Ferrán con el rey Juan Carlos, lo que a su vez le asegura una fluida llegada al gobierno, sea éste del color que fuere. Y a diferencia de lo que suele suceder en la Argentina con la UIA, las posiciones de la CEOE son escuchadas y respaldadas por las administraciones españolas.

Cabe recordar que las versiones -lanzadas por el propio gobierno, en especial el controvertido secretario de Transporte, Ricardo Jaime- respecto de la posible expropiación de Aerolíneas-Austral hizo que el presidente del Gobierno español se comunicara con su par de la Argentina, y se concertara un encuentro en El Salvador de ambos mandatarios. El embajador español Rafael Estrella había hecho una gestión similar ante el canciller Jorge Taiana.

Gestiones

Las gestiones formales continuarán el miércoles cuando regresen a Buenos Aires Vicente Muñoz y Eduardo Aranda, los ejecutivos de Marsans a quienes se les encomendó cerrar el pleito con el gobierno de la mejor manera posible. Esa «mejor manera» es conservar el control de Austral (incluso cediendo 49% al Estado, trabajadores y un socio local) a cambio de no percibir monto alguno por Aerolíneas. La apuesta de los españoles es demostrar que, sin tarifas reguladasni sindicatos que los saboteen, son capaces de operar una aerolínea eficiente y que hasta gane plata.

La certeza de que es imposible que Aerolíneas-Austral funcione con los gremios en contra fue comprobada por el gobierno por primera vez el viernes pasado: ese día un grupo rebelde de la APA (personal de tierra) enfrentado al secretario general Edgardo Llano paralizó los vuelos en Aeroparque por un altercado con algunos pasajeros que se quejaron por atrasos en las salidas.

Esos retrasos habían sido provocados a su vez por averías en cinco de los nueve aviones MD que opera Austral, o sea la misma cantidad que tenía en vuelo cuando la manejaba Marsans. A pesar de las promesas del administrador designado por el gobierno, Julio Alak, de que se repotenciaría la flota tanto de Austral como de Aerolíneas, lo cierto es que -a pesar de que el déficit pasó de u$s 1 millón a u$s 2 millones diarios desde el cambio de administración- el número de aviones operativos se mantiene sin cambios desde el 17 de julio, cuando se firmó el acuerdo. Las razones habrá que buscarlas en la crónica falta de mantenimiento de la envejecida flota; hacer un «c-check» ( revisión exhaustiva) de un MD cuesta cerca de u$s 500.000, y repotenciar cada uno de sus dos motores, u$s 1 millón. Si el gobierno ya tiene dificultades para explicar los u$s 50 millones por mes que está aplicando a Aerolíneas-Austral, sería más difícil intentar hacerlo si pone en valor la flota.

Fue Alak quien debió ir el viernes a Aeroparque cual bombero a apagar el incendio provocado por el paro gremial. A cambio del levantamiento, habría prometido al sindicato reducir de ocho a seis horas la jornada diaria, lo que de confirmarse hará crecer más el costo laboral de la empresa.

A Alak no pareció importarlecuidar la frágil alianza del gobierno con el frente de sindicatos (la mencionada APA, la AAA del personal de a bordo, la UPSA -personal superior- y sobre todo APLA, de los pilotos de Aerolíneas) al hacer la concesión que le reclamaban los delegados de Aeroparque; este sector podrá exhibir esta «conquista» en las próximas, inminentes elecciones internas en la que intentarán desplazar a Llano.

En el ambiente de los pilotos, además, se dice que en el gobierno ganaría terreno la idea de jubilar a Jorge Pérez Tamayo, el combativo secretario general de APLA, que pasó casi dos semanas en Seattle visitando la planta de Boeing. A pesar de que Pérez Tamayo es el habitual comandante de los vuelos en que se desplaza Cristina de Kirchner, algunos encumbrados funcionarios no verían con buenos ojos que siga controlando la empresa desde la clave Gerencia de Operaciones, cargo que ocupa un hombre de su «riñón». Pérez Tamayo se acerca a los 62 años, edad límite para comandar aviones de pasajeros.

Comentá la nota