Duelo de intereses en la Bolsa rosarina

El sector exportador quiere tomar el control de la entidad que nuclea el comercio granario. Los corredores resisten y cuentan con el aval de la ortodoxia bursátil y de los ruralistas.
Las tensiones bajo los altos techos del edificio de la Bolsa de Comercio de Rosario no logran romper con las ajustadas “formas” de convivencia que se gestaron durante los últimos 125 años, aunque siempre existieron pujas de poder entre quienes tienen influencia sobre gran parte de la torta de la economía santafesina. Sin embargo, estas disputas estuvieron ajustadas a un lema casi inalterable en la Bolsa: el bajo perfil. Este año todo ese formulismo amenaza con romperse en mil pedazos. Y hay una sola razón: un exportador “foráneo” para el sector más tradicional de la Bolsa, como Alberto Padoán, oriundo de la localidad santafesina de Avellaneda, que pertenece al grupo Vicentín, aspira a suceder al actual presidente Jorge Weskamp. El hombre del norte santafesino es el candidato de las cerealeras, no sólo de la que pertenece a la familia Vicentín, sino también de dos pesos pesados como Cargill y Nidera.

Desde el oficialismo sacaron de la galera al corredor de granos Cristian Amuchástegui, quien ya presidió el organismo entre 1994 y 1997, y es considerado un histórico en los salones de Córdoba y Corrientes. El titular de Roagro competirá contra Padoán, quien hasta hace dos meses ocupaba la vicepresidencia de la Bolsa de Comercio de Santa Fe, y es mirado de reojo por los corredores de granos que –salvo una excepción, cuando Federico Boglione presidió la institución-, siempre ocuparon lugares de privilegio en la conducción del organismo.

Desde el gobierno provincial observan desde lejos la pelea, pero aunque Hermes Binner nunca fue muy apreciado entre los hombres de los negocios de granos, el socialismo prefiere que se mantenga la línea más ortodoxa, que mantiene una convivencia discreta con la actual administración. En cambio, a Padoán, quizá por su estilo más frontal, lo miran con recelo. Recuerdan que el Consejo Regional Económico del Norte Santafesino (Corenosa) fue uno de los foros que más resistencia pública puso a la reforma tributaria que lanzó el gobierno provincial el año pasado.

Detrás de la pelea electoral hay intereses económicos muy palpables. Los corredores de granos, a los que representa Amuchástegui, argumentan que la Bolsa de Comercio de Rosario está perdiendo influencia en la formación de precios. El Centro de Corredores de Cereales presentó esta semana, en la cumbre de Aapresid, un informe que elaboró el economista Ricardo Delgado, de la consultora Analítica. El documento señala que el 87% de la soja comercializada no pasa por las pizarras de la Bolsa sino que se negocia de manera directa entre el productor y el exportador, algo que atenta contra la transparencia en la formación de precios, interpretan.

Amuchástegui dijo que “esta distorsión se agudizó en los últimos tiempos”. “El que pierde es el productor, porque el precio que se fija no es transparente, no surge del mercado sino del precio que le impone el exportador”, agregó. El socio fundador de Roagro interpretó que la pretensión de Padoán, un representante del sector exportador, de presidir la Bolsa, “está relacionada con esta coyuntura del mercado”.

Si pierden el timón de la Bolsa en manos de un referente de las cerealeras, los corredores de granos consideran que esta mecánica se va a agudizar y que el organismo pasará a tener un papel simbólico en la formación de los precios.

El frente para evitar que Padoán quede al frente de la Bolsa se abrió a otros sectores políticos. No fue una casualidad que el jueves por la noche participaran del festejo por los 125 años de la entidad los titulares de la Sociedad Rural Argentina, Hugo Biolcatti, y de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), Mario Llambías. Estos dos dirigentes arribaron a Rosario para dar un apoyo explícito a Amuchástegui, y remarcar la “preocupación” que existe en el sector agropecuario si un exportador empieza a fraccionar el bacalao en la Bolsa. La lista del oficialismo les encargó una importante misión a los dos dirigentes de la Mesa de Enlace: negociar ante la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (Ciara) que Padoán baje su postulación. Si el hombre de Vicentín desiste de presentarse en los comicios de octubre próximo, Amuchástegui podría tomar el mismo camino para dejar lugar a la confección de una lista de consenso para que vuelva la armonía y la paz. Pero hasta ahora esto está muy lejos del horizonte del empresario de tupida cabellera y bigote. “¿Por qué no quieren que presida la Bolsa de Comercio? No hay nada que pueda impedírmelo. Soy socio del organismo hace más de 20 años y conozco muy bien toda la cadena de comercialización”, señala el hombre fuerte de la familia Vicentín.

Durante los últimos meses, el grupo exportador oriundo de Avellaneda, provincia de Santa Fe, ha hecho pie en el Gran Rosario con mucha fuerza. Además de las plantas aceiteras que posee en San Lorenzo y Ricardone, Vicentín se quedará con el manejo definitivo de las terminales I y II del puerto rosarino después del concurso de acreedores de Terminal Puerto Rosario. Y este es un ingrediente que no está ajeno cuando se analiza la posibilidad de que Padoán quede a cargo del manejo de la Bolsa.

Del almacén al emporio exportador

Los Vicentín son la familia más tradicional y poderosa de Avellaneda. Es un clan que en los últimos 80 años pasó de manejar un almacén de ramos generales a transformarse en uno de los diez exportadores más importantes del país, con una facturación de 1.409 millones de dólares. La empresa se creó en 1929 en esa localidad pegada a Reconquista. En sus orígenes, la firma se dedicó al acopio de algodón –una producción muy fuerte en aquella época en el norte santafesino– y a un almacén de ramos generales. Catorce años después, los Vicentín levantaron la primera fábrica de aceites de lino, maní y algodón. La soja casi no existía por esas pampas en aquella época.

Los Vicentín dieron el salto en 1979, cuando erigieron una planta procesadora de granos en Ricardone. Y ocho años más tarde ya contaban con la primera terminal de embarque propia en San Lorenzo. A partir de 1997, el emporio familiar comenzó a producir a gran escala al procesar 10 mil toneladas diarias de aceites y derivados. Hace tres años incursionaron en el biodiesel, donde montaron una fábrica en el predio que poseen en San Lorenzo, y ahora hicieron pie en el puerto rosarino, poco antes de que Terminal Puerto Rosario pidiera entrar en convocatoria de acreedores.

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