Un duelo que forjó la mística en tiempos de batallas inolvidables.

Estudiantes y Nacional revivirán hoy un clásico pasional: jugaron las finales de 1969, ganada por los argentinos, y de 1971, por los uruguayos.
Se dan de narices en la vuelta de la esquina. Justo ellos, que casi ni recuerdan sus rasgos por el transcurso de los años: 38, para ser exactos, en eso de los partidos decisivos entre sí. Pero algo les dice que de algún lado se conocen. Sí, sí... Estudiantes y Nacional, encumbrados rivales de antaño, vuelven a encontrarse y, enseguida, surge ese respeto que enaltece a los grandes contrincantes. Como en aquellas finales de 1969 y 1971, la Copa Libertadores vuelve a reunirlos en la época moderna, en un tramo decisivo de la competencia. Tratan de volver a concentrarse en su marcha, pero se siguen por el rabillo del ojo. Si parece que aún hoy se leen aquellas páginas ya amarillentas de las crónicas deportivas?

Estudiantes, impetuoso, avasalló en el primer mano a mano. Con la ventaja que le había otorgado la vuelta olímpica en 1968, en la que disputó 18 partidos para consagrarse campeón, el conjunto argentino entró directamente en las semifinales del torneo continental al año siguiente. El Pincha seguía con el espíritu solidario, la disciplina táctica, la combatividad, el laboratorio de jugadas de Osvaldo Zubeldía y el emblema en el que se transformó Juan Ramón Verón. Los platenses despacharon a Universidad Católica, de Chile, con dos victorias por 3-1, en Santiago y en La Plata.

Nacional se frotó las manos por la inminente final. Primero, por el Grupo 4, salió adelante frente a rivales como Peñarol, su tradicional adversario, Deportivo Quito y Barcelona, ambos de Ecuador. En la rueda siguiente, Deportivo Cali, de Colombia, y Santiago Wanderers, de Chile, sucumbieron ante el poderío uruguayo, que tenía sus cartas fuertes en Montero Castillo, el Peta Ubiña, el brasileño Manga y Luis Cubilla. La formación de Estudiantes casi se recitaba de memoria: Poletti; Togneri, Aguirre Suárez, Madero y Malbernat; Bilardo, Pachamé y Flores; Rudzky, Conigliaro y Verón.

"En el primer partido hice el gol del triunfo en una jugada preparada. En La Plata no fue fácil porque ellos tenían tipos como Cubilla, Montero Castillo... Pero los fulminamos con goles en el primer tiempo." El recuerdo que más tarde tuvo Eduardo "Bocha" Flores vale más que nunca. Como visitante, Estudiantes se impuso por 1-0. En el ardoroso desquite, el equipo argentino se impuso por 2-0, con tantos de Flores y Conigliaro.

La historia se modificó en 1971. Ya sin la tutela de Osvaldo Zubeldía, con Miguel Ignomiriello como entrenador, Estudiantes afrontó la cuarta final consecutiva en la Copa Libertadores. Esta vez, una modificación reglamentaria hizo que Estudiantes, campeón en 1970, comenzara la competencia en la segunda etapa, en la que sorteó a Barcelona, de Ecuador, y a Unión Española, de Chile. Otra vez en la final. Otra vez Nacional, que dejó atrás en su derrotero a Peñarol, Chaco Petrolero y The Strongest (ambos de Bolivia), en la primera parte, y a Palmeiras, de Brasil, y Universitario, de Perú, en la segunda rueda.

La base pincharrata sufrió dos modificaciones sustanciales porque ya no estaban Carlos Bilardo ni el arquero Alberto Poletti, pero sí contaban con Oscar Pezzano y Daniel Romeo. Intentó mantenerse la filosofía de juego, pero los resultados no fueron los mismos.

Todo parecía encaminarse hacia el rincón platense con la primera victoria como local por 1-0, gracias a una palomita de Daniel Romeo. Pero Nacional no se dio por vencido así porque sí y, en Montevideo, equiparó la serie con un tanto de Juan Carlos Masnik. ¿Qué quedó? Un tercer partido en Lima, Perú, ante 41.000 espectadores, en el que los uruguayos lograron imponerse por 2-0, con las conquistas de Néstor Togneri, en contra, y el argentino Luis Artime (marcó 61 goles en 56 partidos, entre 1969 y 1972). Fue el primero de los tres éxitos en la Copa Libertadores, que se repitió en 1980 y 1988. Para Estudiantes marcó el fin de una era dorada, de gritos y conquistas alrededor del mundo.

Todos los recuerdan como enfrentamientos feroces, cerrados y enredados, con más de una picardía, en los que cualquier mínima ventaja bastaba para quedarse con el triunfo, con esa pimienta que caracterizó a la Copa durante las décadas del 60 y del 70, en los que jugar como visitante era toda una afrenta.

Se miran de reojo en la Libertadores, tan cara para sus sentimientos. Se estudian y, en el fondo, se respetan; acaso se admiran. Estudiantes vs. Nacional. El Río de la Plata es la imaginaria línea divisoria de un asunto de guapos, con ese estrujamiento que las grandes ocasiones provocan en el pecho.

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