Del duelo a la acción y con la pelota al piso para el 2011

Apenas un mes y medio de duelo. No necesitó más Néstor Kirchner para desaparecer temporariamente de escena, respirar hondo, recuperar fuerzas íntimas y ensayar un relanzamiento del gobierno de su esposa Cristina. Y, con él, de sus planes para que el 2011 pueda volver a ser su 2003.
En rigor, se trató de un supuesto duelo. Kirchner nunca percibió que la derrota electoral de junio haya sido estratégica. Está convencido de su primera y forzada interpretación pública del traspié ("perdimos apenas por un punto", dijo la noche del 28 de junio), tanto como de su obstinación y capacidad para reducirla a un revés táctico: "Por un resultado, uno no va a cambiar", se reveló esta semana.

El ex Presidente ha sabido también hacer una segunda lectura del último domingo de junio. Es la misma que hace el desterrado Alberto Fernández. Las elecciones dejaron en claro quién perdió, pero no quién ganó, ha dicho el ex jefe de Gabinete. Sobre ese difuso campo de "ganadores", en busca de profundizar contradicciones, acciona Kirchner.

Tema excluyente

En ese sentido, el diálogo político es el ejemplo más acabado. Desde la convocatoria misma, hecha con un tema excluyente –la reforma electoral-, las contradicciones dentro de la oposición quedaron al desnudo.

Primero aparecieron, a grandes trazos, las grietas entre quienes aceptaron participar del diálogo que habían reclamado, aunque para ampliarlo a problemas de mayor urgencia social (la pobreza, la desaceleración de la economía), y los que de plano desconfiaron de la voluntad de diálogo del Gobierno, desde Carlos Reutemann y Elisa Carrió hasta Fernando "Pino" Solanas.

Después surgieron las diferencias entre propios aliados. El jefe radical Gerardo Morales y la bonaerense Margarita Stolbizer accedieron al llamado del ministro del Interior, Florencio Randazzo, a contragusto de su aliada Elisa Carrió.

Hasta que un mes más tarde, los hechos probaron que el diálogo era inconducente. Y una vez más fue el propio Kirchner quien desnudó la naturaleza del diálogo: "No significa conceder ni ponerse de rodillas". Si no es para consensuar, ¿entonces para qué dialogar?

Política y planes

La semana ha sido pródiga en hechos que prueban una recuperación de la iniciativa política del Gobierno y, con ello, de los planes de Kirchner. Salvo por la marcha atrás que tuvo que dar con el aumento de las tarifas del gas y la electricidad, ante una protesta popular que encontraba amplificación en el Congreso y que amenazaba incluso con quiebres en los bloques del oficialismo.

Habrá que observar qué hará el Gobierno a fines de setiembre, cuando terminará la suspensión del decreto y las resoluciones que autorizaron los incrementos.

Pero lo cierto es que en el plano legislativo, el Gobierno avanzó en sus planes. Supo tejer con circunstanciales aliados en Diputados una mayoría impensada que le permitió aprobar la prórroga por un año de las facultades delegadas al Ejecutivo, entre ellas la polémica de fijar las retenciones a las exportaciones de granos. Nada indica que en el Senado la cuestión pueda transformarse en una repetición de lo sucedido el año pasado con la resolución 125.

Metiendo la cola en la AFA

Zorro patagónico, al fin, Kirchner supo también meter algo más que la cola en otro asunto caro a la sensibilidad popular. Rápido de reflejos, cuando percibió la contradicción que se abría entre la AFA y la empresa concesionaria de los derechos de televisación, apareció para profundizarla; sumar un aliado, sin importar su catadura (¿acaso le importó la de los intendentes del Gran Buenos Aires, ex aliados, prontamente de nuevo aliados?), y abonar el terreno para el golpe siguiente: la reforma de la ley de radiodifusión parece tener destino legislativo, sobre todo después del "fusilamiento mediático" al que Cristina dijo que es sometido su gobierno.

Programas contra la pobreza

A la reconversión de los ex aliados postelectorales de la mayoría de los intendentes del Gran Buenos Aires, apunta precisamente el "Programa de abordaje integral" de la pobreza que anunció el viernes la Presidenta.

Presentado para crear 100 mil puestos de trabajo en todo el país a partir de una inversión estatal de 9.000 millones de pesos, el plan, sin embargo, tendrá una primera etapa de 1.500 millones para el Gran Buenos Aires. La decisión resulta lógica porque es el conglomerado urbano más populoso del país.

Pero por eso, precisamente, el de mayor peso electoral, pensando hacia 2011, donde Kirchner busca restañar heridas que se abrieron con los intendentes el último domingo de junio. "Sin los barones del conurbano, el kirchnerismo sería el Frepaso", observó con agudeza esta semana el sociólogo "transversal moderado", según propia definición, Torcuato Di Tella.

Junto a Lula y Chávez

A esta recuperación de la iniciativa política interna se agregó otra de carácter externo, que tuvo a Cristina Fernández como protagonista. Junto al brasileño Lula, calmó los "aires de guerra" a los que hizo referencia el venezolano Hugo Chávez y logró convocar a la cumbre del viernes 28 en Bariloche para discutir sobre las bases militares cuyo uso Colombia cederá a Estados Unidos.

Aun cuando el colombiano Alvaro Uribe no está dispuesto a retroceder en ese acuerdo con Washington, es todo un logro presidencial en el marco de la Unasur, el organismo sudamericano al que Néstor Kirchner no ha renunciado a conducir; sólo ha aplazado el objetivo a la espera de los resultados de la elección presidencial en Uruguay, el 25 de octubre.

Kirchner concibe la secretaría general de la Unasur como un sitial de proyección regional que no le supondría desatender la reconstrucción de una fuerza política con la que arrimar al 2011. Después de todo, una encuesta que estos días le llegó a sus manos lo ubica tercero como potencial candidato presidencial, con 13 por ciento de intención de voto, detrás de Reutemann con 17 y de Julio César Cobos con 19.

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