Dudas por la influencia del corte de boleta.

Un 22,9% elegirá esa forma de votar.
Una de las principales incógnitas en las elecciones del domingo 28 será cómo influirá el corte de boleta, en una disputa política que tendrá un ingrediente inédito: las candidaturas testimoniales, en todos los niveles, pero sobre todo en los distritos, con 45 intendentes en las papeletas kirchneristas y otra decena de jefes territoriales en las nóminas del Acuerdo Cívico y Social.

Según el estudio de Poliarquía, el 22,9 por ciento de los votantes ya anunció que cortará boleta. Es decir, votará a un partido a nivel local y otro a nivel provincial.

Pero ese número, según los especialistas, no es suficiente para explicar cuál será la incidencia real de las postulaciones testimoniales y del corte en los resultados.

"La encuesta no recoge ese posible efecto de arrastre de las candidaturas testimoniales, que habría que medirlo distrito por distrito. Pero, en este contexto de paridad, puede ser definitorio, sobre todo en favor de Kirchner", aclaró uno de los directores de Poliarquía, Fabián Perechodnik.

Esa particularidad dificulta los pronósticos. Lo saben en el Gobierno. Y creen que la presión sobre los jefes comunales -que en las últimas semanas antes del cierre de listas encabezó personalmente el gobernador Daniel Scioli- inclinará la balanza electoral en su favor, sobre todo en la región donde se concentra el 80 por ciento de los votos de la provincia más grande de la Argentina: el conurbano.

En la oposición, en cambio, dicen exactamente lo contrario. Y alientan en reserva el corte de boleta. Aseguran que puede transformarse en uno de los factores que empujen a un eventual revés al oficialismo a nivel provincial, sobre todo si continúa la paridad: ningún jefe territorial se arriesgará a ceder un ápice del dominio local.

En algunos casos, incluso, algunos caciques ya hablan de la posibilidad del corte. "Es que yo soy muy fuerte en mi distrito", se ufanan varios. Una manera sutil de salir fortalecidos en su tierra, mantener el poderío y desentenderse de la suerte del jefe político, Néstor Kirchner. Otros, por las dudas, ya colaron hombres propios en filas disidentes, con el guiño de la cúpula de Unión Pro.

En el oficialismo repiten el argumento de siempre: obligar a los jefes territoriales a que encabecen las nóminas redujo al máximo las posibilidades de corte o de traición. "Serían evidentes las especulaciones", sostienen los operadores.

Pero ¿qué pasaría si Kirchner finalmente no ganara? Una eventual derrota arrastraría a varios caciques a un revés propio que pondría en jaque su continuidad, sobre todo en el primer cordón, donde el voto opositor empieza a fortalecerse. El corte, entonces, parece como una opción viable o, incluso, inevitable.

Pero aún hay más preguntas que respuestas. En el sondeo de Poliarquía aparece un 29,6 por ciento de los votantes que no sabe si elegirá cortar. Y un 47,5 por ciento que ya está seguro de que votará la papeleta completa. En un contexto tan complejo, la influencia definitiva será una incógnita hasta el último día.

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