La duda de los mercados: ¿es Dubai la punta del iceberg?

En el mundo financiero crece el temor de que haya más quiebras como las del emirato
NUEVA YORK.- Al igual que los norteamericanos que se convirtieron en propietarios de casas con un valor muy superior al de sus verdaderos recursos, los gobiernos y las empresas de todo el mundo están agobiados por el peso de deudas que, según temen algunos, tal vez no terminen de pagarse nunca.

Mientras Dubai, hasta ahora un país de las maravillas en medio del desierto, se debate cómo pagar sus deudas, una perturbadora pregunta se cierne sobre el mundo financiero: ¿es esta última crisis financiera un acontecimiento aislado, o un anticipo de lo que se viene?

Los grandes bancos, que apenas han empezado a recobrarse de los shocks financieros del año pasado, ahora consideran con nerviosismo su potencial vulnerabilidad ante las corporaciones y los gobiernos profundamente endeudados.

Desde los países bálticos hasta los mediterráneos, empiezan a cumplirse los plazos para el pago de una orgía de préstamos sin precedente.

En Rusia y en el ex bloque soviético, donde los altos precios del petróleo contribuyeron a alimentar el crecimiento de una burbuja, una montaña de deudas deben refinanciarse con pagarés de corto plazo.

Incluso en naciones ricas como Estados Unidos y Japón, que han aumentado el gasto público para apuntalar sus tambaleantes economías, los crecientes déficits fiscales suscitan preocupación sobre la capacidad del gobierno de hacer frente a sus deudas, especialmente una vez que las tasas de interés empiecen a subir nuevamente.

Las cifras son alarmantes. En Alemania, tradicionalmente el bastión de la rectitud fiscal en Europa, la deuda del gobierno está en ascenso. Allí se espera que esa deuda pendiente aumente el año próximo en una cifra equivalente al 77% de la producción económica del país, del 60% que insumía en 2002. En Gran Bretaña, se prevé que esa cifra se duplicará en el mismo período, hasta superar el 80% de la producción.

Las deudas son aún mayores en Irlanda y en Letonia, donde los booms económicos impulsados por el crédito fácil y el enorme aumento del valor de la propiedad han provocado una caída en picada.

Pocos economistas creen que una nación importante vaya a entrar en default en el futuro inmediato. De hecho, muchos expertos sostienen que las naciones ricas y el FMI intervendrían en caso de que algún gobierno necesite un rescate. Pero no hay garantías de que las empresas de esas naciones, que, al igual que los gobiernos, se llenaron de deudas en los buenos tiempos, también vayan a ser rescatadas.

Sin respaldo público

La negativa de Dubai a garantizar las deudas de su sector de inversiones, Dubai World, podría sentar un precedente para otros gobiernos endeudados, que abandonarían las empresas cuyos inversores, en el pasado, suponían que gozaban de pleno respaldo estatal.

Una característica de la crisis financiera es que algunos gobiernos han contraído deudas a plazos más cortos. En Estados Unidos, por ejemplo, la deuda del Tesoro se ha elevado en apenas un año de alrededor del 33% de la deuda total hace dos años a alrededor del 44% este verano, aunque la cifra bajó un poco desde entonces, según Wrightson ICAP. Estados Unidos pronto tendrá sus propios problemas de deuda.

"Dentro de un par de años, cuando las propias deudas de los países industrializados -en lugares como Alemania, Japón y Estados Unidos- se agraven, éstos serán mas reticentes a abrir sus arcas a los mercados emergentes despilfarradores, o al menos a los países a los que catalogan de ese modo", dijo Kenneth Rogoff, economista de Harvard.

Esto podría anticipar problemas para las naciones en apuros. Al enfrentarse a la necesidad de refinanciar sus deudas vencidas, los mercados emergentes podrían tener que pedir préstamos de alrededor de 65.000 millones de dólares tan sólo en 2010, según Gary N. Kleiman, de Kleiman International.

Pero mientras que la deuda gubernamental puede ser un problema, las deudas corporativas podrían desencadenar una crisis que, en cierto modo, ya está en curso.

Los préstamos corporativos crecieron desmedidamente durante los últimos cinco años. Según Kleiman, 200.000 millones en deudas corporativas se vencen este año o el año próximo. "Ese es el talón de Aquiles", añadió Kleiman.

En el pasado, si las empresas no podían cumplir con sus obligaciones, los gobiernos intervenían. Pero ahora algunas empresas han entrado en default de pagos después de que las supuestas garantías públicas no se materializaron.

En Rusia, por ejemplo, la deuda externa totaliza más de 470.000 millones de dólares. Pero sólo una diminuta fracción de esa cifra corresponde a la deuda pública. El resto corresponde a empresas rusas. Una subsidiaria de una empresa estatal rusa productora de aviones entró en default de sus bonos el otoño pasado, pese a una supuesta garantía pública.

"Esta es una actitud que se generalizó en esta parte del mundo", dijo Rory MacFarquhar, economista de Goldman Sachs en Moscú, al refirirse a la retirada emprendida por los gobiernos que implícitamente garantizaban la deuda de empresas como en el caso de Dubai World.

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