Duda empresarial: ¿qué harán los Kirchner si no les va bien el 28?

Por: Alcadio Oña

Atizada por el sesgo que el comando central del oficialismo le impuso a la campaña, la duda, que jamás será ventilada en público, alimenta el microclima empresarial y financiero. "¿Qué hará Néstor Kirchner después del 28 de junio?". Se entiende: ¿qué hará si pierde o si logra un triunfo confuso que lo deja muy debilitado?

Todo el mundo sabe, allí, que "nosotros o el caos" es una consigna para meter miedo en los electores y contener la fuga de votos. El punto es que flamea en un universo de incertidumbres y, por la carga difusa que agrega, pesa en las decisiones.

Uno de los candidatos de la oposición con chances de pelearle al kirchnerismo la provincia de Buenos Aires, acaba de meterles más presión. "La noche del 28 será larga, larguísima", dijo durante un desayuno que reunió a cerca de treinta directivos de primera línea. Tal vez, una elípsis también interesada.

Está dentro de la lógica de cualquier elección de medio mandato que el oficialismo pueda perder mayorías parlamentarias, como muchos analistas ya dan por descontado que ocurrirá a fines de junio. Pero sostener que eso equivale a ingobernabilidad habla de la capacidad de gobernar del propio Gobierno o implica que lo que se construyó estos años está agarrado con piolines. Mucho en ambos casos.

Ninguna de las dificultades que hoy atraviesan a la economía es semejante a las gravísimas que existían en 2001, cuando la convertibilidad se caía a pedazos. Y el modelo que ahora se agita nació, en verdad, con las primeras medidas de 2002. O más aún: que ese mismo modelo empezó a perder aire en 2007, por las acciones e inacciones del kirchnerismo, sus políticas cortoplacistas y espasmódicas, tal cual señalan economistas cercanos al ideario oficial.

De todos modos, los fantasmas que se menean desde el vértice del poder político pegan en circunstancias que no son las más propicias. Tienen el peso de sus actores y el sello de una apuesta a todo o nada, aun si esto sólo significase jugar en los límites de la bandeja redonda.

Hace tiempo que las inversiones están paradas. Que nadie toma créditos o contadísimos de los que se ofrecen, con plata de la ANSeS, a las mejores tasas del mercado. El paulatino crecimiento de la morosidad puede ser efecto de los altos intereses, pero se han reforzado las estrategias empresariales destinadas a defender las posiciones conseguidas o a cubrirse de eventualidades: nada al fin que no se conozca.

Obviamente, las estadísticas del INDEC hacen otro relato del cuadro económico. Pero el increíble boom de la producción de alimentos que cuentan, acaba de ser rebatido implícitamente por una consultora especializada en el seguimiento de los canales de venta masivos.

Según un informe de CCR, el consumo de alimentos y bebidas cayó 1,6 % en marzo, respecto del mismo mes del año pasado. Y apenas subió 2,1 % en el primer trimestre.

Para el INDEC, la producción de alimentos y bebidas aumentó 21,9 % en marzo, contra marzo de 2008. Y 13,8 % en el primer trimestre. Parece raro que las empresas sigan fabricando mucho de algo cuyas ventas comienzan a enfriarse. Pues implicaría acumular stocks de bienes perecederos y correr el riesgo de perder plata.

Así, los datos privados empiezan a revelar que también el consumo entró en el declive; justo el componente que estos años traccionó más que ninguno la actividad económica. Y nada menos que el consumo de alimentos, lo último que se resigna en tiempos de crisis.

Apoyado en la caja de la ANSeS, el Gobierno insistió con el esquema de empujar la demanda para sostener una economía declinante. El problema fue que las líneas de crédito apuntaron a los sectores de ingresos medios, más conservadores y poco propensos a endeudarse en estos tiempos. Los resultados están a la vista.

Economistas heterodoxos, como el diputado Claudio Lozano, sostienen que habría sido mucho más productivo "aumentar en serio las jubilaciones". Con escasas posibilidades de ahorro, dados sus magros ingresos, se sabe que en esta franja las mejoras van directo al consumo.

Aun cuando nada se parezca al dramático 2001, lo cierto es que las cuentas fiscales están en apuros, la presión cambiaria es recurrente y sigue la salida de capitales. El punto, entonces, es cómo será gestionada la transición hasta 2011; si se quiere, admitir las dificultades y acertar con las decisiones.

Tal vez el kirchnerismo no tenga las manos libres para imponer sus leyes en el Congreso y deba negociar con la oposición: esto también se llama aptitud para gobernar. Según palabras de un economista del palo oficial, será clave dar vuelta las expectativas y crear previsibilidad, aunque no sea la previsibilidad que pretenden algunos empresarios. Según otro: "Tal cual están hoy las cosas, lo mejor es llegar como sea al 28 de junio. Y después ver qué se abre".

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