Una duda que el canje no despeja: ¿mejorará el cuadro económico?

Por: Alcadio Oña.

De las tres fichas que tenía para jugar, el Gobierno ha movido una sola: la reapertura del canje para los bonistas que no entraron en 2005. El acercamiento formal al Fondo Monetario y la renegociación de la deuda con el Club de París quedaron para un después difuso; sencillamente, porque son imposibles en los términos que pretende Néstor Kirchner.

Por una razón que salta a la vista, es muy probable que un considerable porcentaje de bonistas acepten la oferta. Fue diseñada por bancos que los representan, y eso ya parece un seguro de buena rentabilidad.

Es toda una rareza que el país negocie una deuda de 20.000 millones de dólares en base a la propuesta de otros y no de una propia. Así el Gobierno alegue que hubo negociaciones con Barclays, Citibank y Deutsche, lo cierto es que la matriz salió de estas tres entidades. Y también que no hubo un concurso de oferentes previo.

La cara de Amado Boudou, durante la conferencia de prensa del jueves, fue la de un hombre feliz. Es previsible la de los banqueros, siempre dispuestos a hacer buenos negocios.

Los tiempos cambian, tanto que hasta los fondos buitre dejaron de ser los horribles de la película de Kirchner. Si la oferta les conviene, nada les impide entrar al canje. Aunque deberían renunciar a los juicios contra el Estado, pues no es posible aspirar a las dos cosas juntas.

En la esencia de la operación está un Gobierno urgido de fondos que alivien las cuentas fiscales y robustezcan la caja K. Pronto, para aprovechar la sobreoferta de dinero y las tasas baratas que predominan en el mercado externo. Ya habría 1.000 millones de dólares cash en la propia oferta de los bancos, no los 2.000 millones que el ex presidente quería.

El financiamiento que se consiga liberará recursos para inversiones públicas. Y permitirá a las provincias ahogadas salir al mercado. Toda deuda forzada por la necesidad.

Otra cosa es que la Argentina pueda obtener fondos al 5 % que paga Brasil. Se sabe, el trabajo de los financistas consiste en prestar plata y también cobrarla según la cara de quien la pide.

El canje mismo puede despejar un escollo que bloquea el crédito internacional. Esto es, que los fondos sean embargados en las demandas judiciales: los abogados del país pueden alegar que ahora existe una oferta y que encima es razonable para los querellantes.

Boudou dio por hecho que el Congreso aprobará rápido la suspensión de la ley cerrojo que traba la operación. Es posible, aunque sería otra rareza que apruebe el paquete a libro cerrado.

Como si todo hubiese cambiado de un día para el otro, por la magia de un arreglo con los bonistas, el ministro de Economía también dijo que ahora se reabrirá el financiamiento al sector privado.

Tal vez sacar esa piedra mejore en algo las expectativas. Pero aunque faltaba el broche final, el canje ya venía descontado. Y sin embargo, no se advertían empresarios dispuestos a arriesgar dinero en inversiones: ¿vale tanto la movida como para remover las incertidumbres que el propio Gobierno genera?

Si la adhesión es grande, bajarán las tasa de interés, pero en el mercado interno ya sobraba liquidez y nadie tomaba créditos. Simplemente, por las dudas que crea un gobierno para los empresarios imprevisible. Así, los niveles de retorno que las multinacionales exigen a sus gerentes locales antes de autorizar cualquier inversión son equivalentes al riesgo: hasta un imposible 30 %, en ciertos casos.

La inversión productiva promueve trabajo presente y futuro, estira el horizonte económico y alienta otras inversiones. También necesita certezas. Esta claro que si falta lo uno no existe lo otro.

Estos meses los bonos y las acciones escalaron a cimas impensables, el dólar siguió planchado y amainó la salida de capitales. Un clima si se quiere propicio que no tuvo ningún coletado en la economía real. Pura fiesta financiera.

Según buena parte de los economistas, el canje es "un paso en la dirección correcta". Hablan desde luego de un trato más amigable con el mundo. Y algunos hasta fantasean con la idea de que aflojarán las críticas machaconas a los dibujos del INDEC.

Nuevamente, el mundo exterior. Convendría saber que el interior también existe. Aquí un organismo del Estado que no debiera ser un apéndice del poder central manipula la inflación, el crecimiento real de la economía, el desempleo y las tasas de pobreza al gusto del Gobierno. Nada indica que esto vaya a desaparecer, sino todo lo contrario.

Estas son algunas de las cosas por las que Kirchner rechaza un monitoreo de rutina del FMI sobre las estadísticas argentinas, igual al que hace con todos los países miembros. La variable ciega es si el canje resulta toda la oferta que el Gobierno le hará al mundo. Y que, así, sigan cajoneados el chequeo y la renegociación con el Club de París.

La Argentina pagará una tasa diferencial por sus cuentas pendientes. Pero si está dispuesta a aceptarla, habrá quienes le presten plata.

Comentá la nota