Droga y juego, una mezcla letal

Por Joaquín Morales Solá

Néstor Kirchner salió de excursiones para enfurecer a la política y eclipsar a su esposa. Sin embargo, debajo de esas apariencias nada novedosas se mueven otras luchas, potencialmente más peligrosas para el país y para los argentinos.

El propio ex presidente está militando detrás de la expansión del juego y entre los funcionarios hay opiniones y actitudes muy distintas con respecto al imparable flagelo de la droga. Juego y droga son una mezcla letal para un país que está metiendo los pies en el desierto de la economía. Hace un año, poco antes del cambio de gobierno, Néstor Kirchner, entonces presidente, se reunió por primera vez en mucho tiempo, y por última también, con el ex jefe de gobierno de la capital, Aníbal Ibarra, entonces legislador electo, para pedirle que apoyara explícitamente un acuerdo nacional con Jorge Telerman para extender por 16 años la explotación del juego porteño, en manos de Cristóbal López. Ese hecho fue relatado hace poco en una reunión de dirigentes políticos de la Capital. Ibarra estuvo en esa reunión. La conclusión que sacaron fue que la ruptura de Kirchner con Ibarra no se debió a la crisis del campo, sino a la respuesta que éste le dio al entonces presidente: no .

Telerman había sido urgido a elaborar ese convenio entre la Nación y la Capital para darles seguridad jurídica a los dueños del juego. A diferencia de las provincias, la Capital no tiene potestad sobre el juego. El gobierno nacional maneja el juego en el distrito federal. Pero todos los gobiernos capitalinos vienen reclamando el control (y los impuestos) del juego, como reclaman por la policía y por la administración del puerto. Kirchner no les dio nunca nada.

No obstante, los empresarios del juego (o el empresario, en este caso) necesitan ese convenio para no quedar sometidos a eventuales cambios en el actual sistema de competencias. Hace un año, Telerman le reclamó a Kirchner no sólo el silencio de Ibarra, sino también su apoyo para avanzar en ese convenio. Cuando Ibarra se negó ante Kirchner, Telerman desistió del convenio.

Aquella conversación entre Kirchner e Ibarra es la primera noticia de una gestión personal del ex presidente por su amigo Cristóbal López. Hasta ahora, se sabía de la relación personal de Kirchner y López. El ex intendente de Córdoba, Luis Juez, contó sobre una gestión del influyente secretario presidencial Carlos Zannini en nombre de López. Kirchner era hasta ahí una razonable deducción.

Existió también otra conversación de Kirchner por el juego. Fue con Felipe Solá, cuando éste era gobernador bonaerense, a quien le dijo, en un tono confusamente paternal, que no se metiera con el juego porque éste es peligroso. Te vas a encontrar con acusaciones falsas o con amenazas a tu familia , le deslizó. Solá siguió con su proyecto: puso en Internet todo el negocio del juego preexistente y no autorizó más bocas de expendio. Ahora bien, si el juego es tan peligroso, ¿por qué el entonces presidente hizo gestiones en representación de empresas del juego?

Las gestiones volvieron frente a Mauricio Macri. Macri se desesperó cuando vio que nada le resolvería el gobierno nacional y cuando, al mismo tiempo, la recaudación comenzaba a caer verticalmente. Persiguiendo una mayor recaudación, terminó firmando un convenio con el gobierno nacional por el juego de López. Hay que ser claros: el gobierno capitalino no negoció con Cristóbal López, sino con la administración kirchnerista por la distribución de los impuestos al juego. Lo que hacía ese convenio era, sin duda, legitimar negocios oscuros, como luego lo aceptó el propio Macri.

Kirchner no le cedió a Macri el control del juego en ese convenio. El Hipódromo de Palermo es una isla y los barcos están sobre el agua. Nada es de la Capital. Incluso, la apertura de futuros casinos y máquinas tragamonedas seguía siendo facultad del gobierno nacional. Hay que reconocer que Macri se dio cuenta a tiempo de que chocaría de frente con la clase media porteña y dio un paso atrás. No es un gesto menor en tiempos cuando la política se mide por el grado de terquedad.

Macri, Daniel Scioli y Juan Schiaretti, gobernador de Córdoba, tienen, además, un problema común: Kirchner controla casi todos los recursos nacionales, y los gobernadores están previendo la ruina. Fue necesaria la dura intervención de la Iglesia para frenar un proyecto de Scioli para extender el juego; Scioli sí tiene potestad sobre el juego en su provincia. Cristóbal López aspira a expandir sus negocios por el amplio territorio bonaerense, donde siempre han reinado dos empresas extranjeras del juego.

El obispo Jorge Casaretto ya se lo había advertido a Scioli en una reunión del gobernador con todos los obispos bonaerenses. El obispo no se quedaría callado ante la proliferación del juego, porque considera que envicia a la sociedad, degrada la vida de los sectores más pobres y corrompe a los jóvenes. Una pregunta inútil se ha hecho en los últimos días: ¿ésa es la posición de Casaretto o es la de la Iglesia? En verdad, si le preguntaran al Papa sobre el juego, respondería lo mismo que Casaretto y que la Iglesia argentina.

Aníbal Fernández, Carlos Stornelli, ministro de Seguridad bonaerense, y José Granero, secretario nacional de la lucha contra el narcotráfico, no piensan igual sobre cómo enfrentar la epidemia de la droga. En primer lugar, disienten sobre la penalización, o no, del consumo de drogas. Fernández cree en la despenalización como una necesidad de modernizar la Justicia. Stornelli y Granero saben que nadie es penalizado ahora por consumir drogas, pero el consumidor le permite al Estado llegar hasta el comerciante y éste a los traficantes o a los fabricantes. La despenalización aislará al Estado del mundo de las drogas , ha dicho uno de ellos.

Stornelli y Granero están seguros de que el futuro estará en manos de las drogas sintéticas, si no se hace algo antes, y que para alcanzar ese futuro se necesitan sólo 15 años. Cualquier país podrá ser Bolivia , afirmó también uno de ellos. Fernández cree, en cambio, que él está haciendo lo necesario para controlar el transporte ilegal de precursores químicos.

La lucha interna es muy dura. Una camioneta de la secretaría de Granero apareció en una tapicería con ocho kilos de cocaína. Nadie manda el auto al tapicero con tanta cocaína en el tapizado. Se trató de una clara operación política para eyectar a Granero del Gobierno. ¿Operación de quién? Nadie lo sabe. El propio Aníbal Fernández despegó a Granero del hecho. Dijo que su secretaría no había escaneado bien una camioneta sustraída a narcotraficantes. Fue elegante: lo trató de inútil, pero no de cómplice.

Fernández fue menos convincente cuando se enfrentó con Stornelli por las duras advertencias de éste sobre el narcotráfico y las drogas en la Argentina. Carteles mexicanos y colombianos se han cruzado aquí en los últimos tiempos a través del crimen. Tres personas fueron asesinadas en General Rodríguez por narcotraficantes mexicanos. Hubo dos muertos en Unicenter y otros dos en la porteña Constitución, todos acribillados por sicarios de carteles colombianos.

En el último decomiso importante de cocaína, 750 kilos en la provincia de Buenos Aires, se cruzaron fuerzas de seguridad nacional y provincial con órdenes de allanamientos de dos jueces distintos. Pero lo más novedoso de ese procedimiento fue que se encontraron con narcotraficantes mexicanos trasegando cocaína. Hasta ahora sólo se sabía que los carteles mexicanos venían por la efedrina. También vienen con cocaína.

El nivel de decomiso es un síntoma importante de la droga que anda suelta y no sólo de la acción de las fuerzas de seguridad. En la provincia de Buenos Aires, se secuestraron este año 2304 kilos de cocaína frente a los 529 del año pasado. Hallaron 73.709 unidades de "paco" contra 13.505 del año pasado y encontraron más de 200.000 unidades de metanfetamina contra 2500 en 2007. El decomiso de marihuana creció un 310 por ciento.

Granero está cercado , dijo un amigo suyo. Fernández y Stornelli se llevan bien, pero no se ponen de acuerdo. El juego y el blanqueo de capitales crearán, mientras tanto, un universo lóbrego y hermético, donde la frontera entre lo legal y lo ilegal ya no existirá. Hace bien Kirchner en entretener a la platea con el petardeo de sus discursos. Construye poderosos adversarios (Cobos y Carrió, por ejemplo), pero también desvía la mirada social de una Argentina profunda y desoladora.

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