La droga dejó de ser algo lejano

Por: Osvaldo Pepe

La gente ya no vislumbra la droga como una cuestión lejana que afecta a "los otros". Un sondeo que hoy compartimos con los lectores indica que es muy extendida la percepción de que el propio barrio es el lugar donde más fácil se la puede conseguir. Lo dice 47% de los consultados, que tienen esa incómoda sensación de estar "durmiendo con el enemigo".

La droga, en particular la más consumida por los pobres, el paco, está sembrando de a poco, casi cotidianamente, una nueva generación de desaparecidos en la Argentina. Chicos que se esfuman del paisaje diario, percutidos en cuerpo y alma. Trastos humanos que desprecian la vida propia y la de los demás, porque salen a matar o morir para hacerse de una dosis más.

Ya no se trata del horror sistemático que sembró la dictadura hace tres décadas, pero no es casual que a aquellas Madres de Plaza de Mayo las sucedan ahora las Madres del paco. Clamores desoídos por la inacción oficial o por la fatiga social de comprobar que "en la esquina", sea en los pasillos de la pobreza de la villa o en la plaza de barrios de clase media, los traficantes siembran veneno y muerte a la luz del día. Nadie ve, nadie escucha, nadie sabe. Como si fuera la nueva versión del nefasto "por algo será".

Claro que hay quienes se benefician con tanta desgracia ajena. Se estima que el tráfico del paco mueve unos $ 1.300 millones cada año y que en el país tenemos unos 170 mil adictos, de los cuales más de la mitad termina delinquiendo. Ya fue dicho y escrito. Todos lo sabemos. Como que todo empezó con el estallido de 2001, cuando más de la mitad del país se volvió pobre, y el paco se metió en barrios y casas, con la prepotencia de una muerte civil anunciada, cuando las cacerolas sólo sonaban por los depósitos confiscados.

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