Dramático pedido de las automotrices

General Motors, Chrysler y Ford quieren 25.000 millones de dólares para sobrevivir; objeciones en el Congreso y en la Casa Blanca.Por: Hugo Alconada Mon - Corresponsal en EE.UU.
WASHINGTON.- Desesperados por un panorama financiero que podría resultar letal para su supervivencia, los tres gigantes de la industria automotriz norteamericana imploraron ayer el desembolso urgente de 25.000 millones dólares que les permitan evitar su colapso.

Pero la respuesta que obtuvieron no fue la esperada: la Casa Blanca, los legisladores republicanos y algunos demócratas se resisten, a pesar del guiño favorable del presidente electo, Barack Obama.

El secretario del Tesoro, Henry Paulson, volvió ayer a negarse al pedido, al sostener en su informe al Congreso que el salvataje distorsionaría los objetivos del plan de rescate financiero de 700.000 millones. Además, según él, el otorgamiento de los fondos estatales sólo retrasaría la renovación a la que considera que deben someterse esas automotrices para ser nuevamente competitivas frente a sus rivales europeas y asiáticas.

Paulson admitió que la caída de alguno de los tres colosos en problemas -en particular, General Motors, seguido de Ford y luego Chrysler- "no sería buena, es algo que debe ser evitado".

Pero reiteró su visión restrictiva del uso de la chequera estatal: "Cualquier solución debe ser la que conduzca a una viabilidad de largo plazo, una viabilidad sustentable".

Según este ex mandamás de Goldman Sachs, el banco de inversión de Wall Street, "hay otras maneras" de ayudar a las automotrices. No obstante, la mayoría de los legisladores demócratas que controlan ambas cámaras del Congreso piensan distinto.

En rigor, los referentes demócratas se encuentran divididos. Algunos consideran que la administración Bush podría aportar una partida menor de esos 700.000 millones de dólares y enviarla a Detroit, antes de que resulte demasiado tarde.

General Motors podría declarar su quiebra dentro de dos o tres semanas más, cuando se quedaría sin financiamiento y sin capital propio para operar, mientras que Ford anunció ayer que venderá un paquete del 20% de sus acciones en el fabricante japonés Mazda para conseguir liquidez de corto plazo. Obtendrá cerca de 538 millones de dólares, pero, a cambio, su participación en esa firma se reducirá al 13%.

Para los demócratas, que ayer escucharon a los directivos de las automotrices, entregarles un cheque tampoco resulta una decisión sencilla. "Ninguno de nosotros celebra estar aquí, hoy [por ayer]", dijo el presidente del Comité de Bancos, Vivienda y Asuntos Urbanos del Senado, Christopher Dodd, al recibir a los ejecutivos de las tres compañías. Para que no quedaran dudas, les reprochó la "célebre falta de visión" de sus directorios, los actuales y los anteriores.

Su par demócrata y referente legislativo del plan de rescate, el senador Carl Levin, tampoco los recibió con alegría: "Van a tener que enfrentar la percepción de algunos de nuestros colegas aquí: que los «tres grandes» tienen algunos problemas de calidad y que no han empezado a hacer la reestructuración necesaria".

De manera notable, el ejecutivo máximo de Chrysler, Robert Nardelli, pareció moverse en otra sintonía que los legisladores.

Centró la causa de lo que definió como la "devastadora recesión de la industria automotriz" en factores externos: el "derrumbe financiero" de Wall Street y "la ausencia actual de créditos al consumidor", lo que a su vez vinculó a "la decisiva falta de liquidez".

En tanto, los republicanos consideran que las automotrices deberían solicitar su concurso de acreedores, y quizás hasta su quiebra, como lo hicieron últimamente algunas aerolíneas para reorganizarse y adaptarse a las nuevas circunstancias.

No obstante, esa opción resulta inviable para la mayoría de los demócratas. "La supervivencia de las automotrices es imperiosa para que Estados Unidos siga como líder global de la innovación tecnológica", dijo el senador Charles Schumer.

"No deberíamos bajarnos de la carrera antes de tener una chance de competir", argumentó.

Final abierto

La misma división de aguas dentro del bloque demócrata se produce entre los estudiosos independientes.

Algunos creen que el colapso de General Motors podría asestarle un golpe muy duro a la economía real norteamericana -ya al borde de la recesión-, al afectar a proveedores, decenas de miles de empleados y concesionarias. Pero otros consideran que los 25.000 millones de dólares demorarían un final anunciado.

"El problema es que se intenta lograr en unos pocos días algo que nadie fue capaz de lograr que hagan las automotrices durante décadas", planteó Mickey Kantor, representante comercial de Estados Unidos (USTR, por sus siglas en inglés) durante la administración Clinton.

Sabe de lo que habla: en 1992 participó en negociaciones que permitieron a los tres colosos esquivar reformas a cambio de preservar empleos. Esta vez, estimó, "no se podrá proteger a todos, encontrar nuevos líderes para las compañías, forzar su innovación y lograrlo para el Día de Acción de Gracias". Es decir, para la semana próxima.

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