El drama de los Ocampo, golpeados por la tragedia y la indiferencia del Estado

"Fuimos felices. Hasta que ese animal mató a mi hija", dice Máxima Sayago para reconstruir la tragedia de la familia Ocampo que empezó, dicen, el 16 de noviembre de 2007 cuando el militar Diego Orlando Alvarez mató de diez puñaladas a Luciana Ocampo en el comedor de la casa familiar y con el hijo de ambos en los brazos de la madre.
Desde el 28 de enero de 2009, Alvarez estaba prófugo (se escapó de la Alcaldía) y pesaba sobre la familia la amenaza de una agresión contra el pequeño. El pasado 3 de enero murió Rubén Ocampo (el padre de la chica asesinada) de un infarto cansado pedir ayuda (por ejemplo para un nieto de 1 año y medio que murió hace un mes en una operación del corazón) y justicia al Gobierno provincial .

Máxima Sayago está con sus hijas, María, Lucrecia y Mariana. "No aguantó más. El se encargaba de todo, pero no pudo más", dice María. La bronca es contra el Gobierno provincial, y más puntualmente contra el gobernador Oscar Jorge que nunca recibió al jefe de la familia.

Rubén Ocampo tenía 53 años y era portero de colegio Fernando Araoz. Después de la muerte de su hija, brutal y trágica, se dedicó a buscar Justicia. Llamó a los medios para contar su historia.

Luciana Ocampo tenía 23 años. Era soldado y pareja del militar Diego Orlando Alvarez. Este sospechaba que el hijo de ambos, de casi 2 años (en el 2007) no era de él. La mató de diez puñaladas en la casa de la calle Gentile. Sus dos hermanas, Lucrecia y Mariana (embarazadas de dos meses) la vieron tirada en el piso, agonizando y con el hijo ensangrentado en sus brazos. Ocampo (padre) decía que "creyó (Alvarez) que el chico estaba muerto. Por eso es el temor nuestro". Decía una y otra vez a la prensa.

Alvarez fue uno de los cinco prófugos del 28 de enero de 2009, de la sorprendente fuga la Alcaldía. Los otros cuatro fueron recapturados. De Alvarez la Policía decía que lo grabaron en Neuquén durante un asalto. "Nos decían lo tenemos cercado, pero no lo agarraban", recuerda Sayago.

También surge la bronca contra "los de los Derechos Humanos". Dice que Ocampo le pidió a Rubén Funes, el secretario de Derechos Humanos, que pusiera una recompensa para que alguien aporte datos del militar prófugo. "No quiso venir acá (Funes). Nos citó en mayo en la Secretaría. Y allí mi esposo le pidió que pusiera una recompensa para que aporte datos la gente. Ni nos contestó. Todavía estamos esperando el llamado", dice la mujer.

Tampoco fue posible que lo atendiera el gobernador Jorge. "Le pidió una audiencia. Se escapaba del trabajo para llegar al gobernador pero no lo logró", dice.

Otro golpe

Hace poco más de un mes los Ocampo recibieron otro golpe, la muerte de Luciano, de un año y medio. "Tenía un problema del corazón. Lo operaron en La Plata fue una odisea. El viajó, le dieron dos días en el trabajo y volvió con su nieto muerto", dice Máxima Sayago.

La operación fue en el Hospital Italiano. "Tenía poco dinero, porque no consiguió mucha ayuda. Lucianito nació con un problema del corazón. Los dejaron en el hospital hasta las3 de la tarde. No se conseguía ambulancia, porque de acá no la mandaban", dice.

El traslado fue en una ambulancia de Ramos Mejía, que apareció por una gestión del senador nacional Juan Carlos Marino. Pero el viaje de Rubén Ocampo y su hija Lucrecia fue con el cuerpo del pequeño en un féretro. "Sufrió mucho eso. Porque me dijo que si iba yo no volvía", dijo Máxima Sayago.

Rubén Ocampo vivía angustiado por la fuga del asesinado de su hija. Creía que volvería a matar a su nieto. El 26 de diciembre de 2009 Rubén Ocampo sufrió un infarto. No se recuperó más. Falleció el 3 de enero de 2010.

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