Doscientos cincuenta millones en el aire

Por: Susana Viau.

Kirchner está solo, pierde iniciativa, pero mientras se copia a sí mismo, en España, el presidente José Luis Rodríguez Zapatero brama contra la administración K. Se pregunta adónde fue a parar el dinero que le otorgó a la Casa Rosada para comprar trece Airbus destinados a la flota de Aerolíneas Argentinas.

La incapacidad de prever la derrota ahorra desasosiegos en lo inmediato, pero suele ser partera de grandes males posteriores. Hitler no pudo imaginar que la invasión a la Unión Soviética le demandara más de tres meses de campaña. Desechó los vientos helados y la despiadada nieve de Rusia. El Ejército Rojo lo fijó al terreno hasta el arribo del supremo verdugo, el general invierno. Néstor Kirchner es víctima de la misma inhabilidad. Cree que lleva el triunfo escrito en las líneas de la mano. Esa certeza le hizo pensar que, en la ruleta de la suerte, el 28 de junio podía estar señalado con cualquier color, menos con el de la adversidad. Por lo tanto no tomó recaudos ni redujo los riesgos que acechan a un gobierno hasta el fin del mandato. En la Argentina, dos años son un tiempo considerable, incluso para un triunfador; para un perdedor, se hacen interminables.

Kirchner se ha quedado solo, comienza a perder la iniciativa y se copia a sí mismo. El asado ofrecido en Olivos a la cúpula sindical fue una réplica de la comida que unos días antes reunió allí a la plana mayor de las asociaciones patronales. La misma ubicación de las mesas, la misma distribución de los ministros que las presidieron y la misma diversidad en el estado de ánimo de los comensales. Más aún, igual que en el caso de los empresarios, la asistencia perfecta del gremialismo no debe ser computada como una prueba de amor: todo indica que los Kirchner han comenzado a necesitar más de las corporaciones que éstas del matrimonio que gobierna.

Esa brecha es la que Eduardo Duhalde entrevió al apresurarse a clavar una pica en Flandes. Su decisión, meditada en la más estricta intimidad, generó malestar en la propia tropa. Se teme que la anticipación de la candidatura distorsione la actividad parlamentaria del peronismo disidente, un entramado que hospeda a varios presidenciables, y produzca innecesarias fricciones con la oposición.

No obstante, en otros reductos ya barajan fórmulas para el dream team, un peronismo cuasi unificado para dar pelea al de momento imbatible Julio Cobos: Duhalde aspira a la presidencia o a una senaduría, pretensión que también guarda in péctore Felipe Solá. Entonces, se preguntan, ¿qué chances tendría un diagrama con Duhalde en la presidencia, Solá en la senaduría, Sergio Massa en la provincia de Buenos Aires y De Narváez en la Capital? La martingala electoral reserva a Mauricio Macri un casillero inesperado. El jefe de Gobierno se desgasta en la gestión de manera acelerada, parece haber perdido el tren presidencial de 2011 y está en riesgo su performance para un segundo mandato en la Ciudad. Así las cosas, especulan, la vicepresidencia no sería una oferta descabellada para el empresario xeneize, quien, superado el primer disgusto, podría mirarse en el espejo de Cobos y reflexionar que, a su edad, el segundo lugar en la línea sucesoria es una opción nada desdeñable.

Aunque junto al mar los veraneantes se preparan para un estío de aguaceros y lloviznas, las nubes más oscuras ponen rumbo a El Calafate. Las incursiones en las reservas del Banco Central y en los fondos del PAMI y el cierre rojo del ejercicio en la mayoría de las provincias muestran las grietas del "modelo" y la cada vez más clara tendencia a desvestir un santo para ataviar otro. El patagónico supuso que para controlar las riendas de la economía nacional bastaba con la traslación mecánica del estilo de administración que había impuesto a Santa Cruz. Un manejo opaco de los números públicos, chapuzas exhibidas como sólida ingeniería financiera. Sin embargo, la arbitrariedad ha comenzado a encontrar límites en los cuestionamientos de la oposición parlamentaria y en el reciente requerimiento de la Corte Suprema –tan poco afecta a pronunciamientos políticos–, a la que la UCR, el PRO y la Coalición Cívica invitan a saltar a la arena y asumir un rol protagónico. Sólo que quizá sea demasiado tarde para evitar que los coletazos del desquicio desemboquen en un mal trago internacional. El presidente José Luis Rodríguez Zapatero vuela de ira con el gobierno K . La razón: no sabe adónde fueron a parar los 250 millones de dólares que le otorgó a la Casa Rosada para la compra de trece Airbus destinados a la flota de Aerolíneas. El pedido de asistencia lo había hecho la Presidenta, en febrero de 2009, durante un viaje a Madrid. La propuesta consistía en que el ICO –Instituto de Crédito Oficial español– aportara ese dinero para una operación con varias aristas. Marsans, con el aval del Norbank, había encargado a Airbus setenta aviones para vuelos de cabotaje e intercontinentales y entregó para ello una seña de 150 millones de dólares. La expropiación de Aerolíneas abortó la adquisición y el dueño de Marsans, Gerardo Díaz Ferrán, llevó el litigio con la Argentina al CIADI.

De concretarse la compra de los trece aparatos, Airbus devolvería sus 150 millones a Marsans, que dejaría sin efecto la demanda en el CIADI. A Zapatero le costó un riñón obtener la aprobación de semejante plan. España estaba (y está) en una grave crisis y no le resultaría sencillo explicar que el ICO –que negaba créditos a sus pymes en bancarrota– concediera graciosamente 250 millones de dólares al Estado que había confiscado una de sus compañías. Por fin, al terminar junio, el Consejo de Ministros, con ZP a la cabeza, bendijo el trato. En realidad, no era una transferencia de dinero fresco sino un asiento contable: el ICO aplazaba por un término más que interesante el cobro de una deuda contraída por Domingo Cavallo en 2001. Ese mecanismo indirecto permitía a la Argentina sortear las objeciones del Club de París (con el que está en default), la protesta de los españoles y la captura de fondos de los holdouts. La de Zapatero no era pura caballerosidad hispánica: al facilitar la liberación de los 150 millones de Marsans, el presidente español Rodríguez Zapatero aceitaba bajo cuerda la (mala) relación con Díaz Ferrán, cercano al Partido Popular y, por sobre todo, titular de la CEOE, la poderosa asociación patronal. En el ínterin se produjo en Buenos Aires la renuncia del secretario de Transporte, Ricardo Jaime, y con él salió de escena su álter ego, Manuel Vázquez, el hombre que mantenía el día a día de la compleja transacción. Jaime reconocería luego a solas que el actual embrollo no es imputable a su autoría y deriva la responsabilidad a su antiguo jefe, Julio de Vido. Lo cierto es que la Casa Rosada, incumpliendo su parte del acuerdo, recibió el dinero, pero no compró los trece Airbus; Airbus, por lo tanto, no devolvió a Marsans los 150 millones de la seña y acentuó su ahogo financiero; el Norbank perdió la paciencia y ejecutó la deuda que Marsans mantenía con la entidad, y Air Comet, la perla de la corona del grupo, dejó de volar porque admitió no tener "ni para la gasolina". A la bronca de Zapatero, que clama por saber a qué fines derivó el gobierno argentino el dinero del ICO, se suma ahora la de Díaz Ferrán, que ha anunciado que retomará con toda la fuerza la denuncia contra la Argentina en el CIADI. Está seguro de que en un plazo no superior a cuatro años puede ganar el litigio entablado por 1.000 millones de dólares. Esa certeza le permitiría vender el juicio a una entidad bancaria y recuperar parte de lo perdido.

Napoleón, otro vencido por el general invierno, afirmaba que "sólo se puede gobernar un pueblo ofreciéndole un porvenir. Un jefe es un vendedor de esperanzas". Claro que Napoleón hablaba de esperanzas, no de humo.

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