Domingo de Resurrección.

Cuando hoy el pontífice teólogo Benedicto XVI cargó el cirio pascual y presidió la liturgia de la fiesta máxima de la cristiandad, lo hizo sobre una Iglesia romana que se parece poco a esa imagen conservadora y como a la defensiva que él proyecta. Menos aún, a la institución reencauzada que en los términos que al ex cardenal alemán Joseph Ratzinger le gustaría ver al fin de un papado que por fuerza ya no podrá prolongarse demasiados años. Sin embargo, en una era global la más universal de las religiones tiene más fieles que nunca: hay tantos católicos como ciudadanos chinos. Y es notablemente diferente a los estereotipos de buena o mala fe que se propagan sobre ella.
MORAL SEXUAL. El más famoso de los conversos recientes al catolicismo, el ex premier laborista británico Tony Blair, se hizo notar estas semanas por sus observaciones acerca del retardo histórico de la Iglesia sobre la homosexualidad en especial y la moral sexual en general. El uso de la contracepción y la prevención del contagio del virus del VIH, aunque reservados a la conciencia de los creyentes, se encuentran entre las mayores deudas de la jerarquía católica. Sin embargo, en la misma Inglaterra no dejaron de señalar otros datos, menos conocidos pero significativamente más abarcadores sobre la Iglesia.

UNA Y ETERNA. La Iglesia católica es el mayor proveedor de servicios de salud en todo el mundo. Y el mayor proveedor de educación. Es el principal cemento de la sociedad civil en África (aunque algunos de sus miembros hayan sido activos en el genocidio de Ruanda). Es cada vez menos una religión de blancos privilegiados, y cada vez más una religión de negros y asiáticos (en la foto, celebraciones pascuales en el Mont Calvaire de Haití). Más todavía que los comunistas, la Iglesia es el principal baluarte de la lucha contra el sistema de castas en la India: todos somos iguales es una doctrina básica de una religión que se difundió entre esclavos y mujeres. Es uno de los mayores defensores de las economías sustentables. Aunque la interpretación mayoritaria del Evangelio veda el sacerdocio a las mujeres, la Iglesia es uno de los mayores proveedores de educación femenina. Y es la única presencia humanitaria en Chechenia y en otros puntos olvidados del planeta.

GRAN TOUR. Si todavía no hay un papa negro, tocó al primer hijo de africano en la Casa Blanca repetir esta semana un gesto que Benedicto XVI había cumplido con buen éxito en Estambul. Después de su primera visita a Turquía, un país islámico occidentalizado, Barack Hussein Obama visitó por sorpresa su segundo país islámico y occidentalizado. Como clásico aliado norteamericano, activo miembro de la OTAN y oportunista aliado de los israelíes, Turquía era un plato fijo para el gran tour presidencial. Pero el fondo fotográfico de mezquitas sirvió al presidente norteamericano, cuyo padrastro era musulmán, como calibrada escenografía para declarar que "Estados Unidos nunca estará en guerra con el islam". Pudo reafirmarlo en el mismísimo suelo de Irak, un país en el que las tropas del Pentágono sí están en guerra. En Bagdad pudo proclamar la que ya es su doctrina personal: los iraquíes deben tomar en sus manos su seguridad. Lo hizo en un instante poco propicio para repetir la imprudencia de su antecesor George W. Bush y proclamar "misión cumplida". Como si la visita sorpresa no hubiera sido tal para los combatientes de la resistencia, la llegada se vio marcada por un récord de atentados, muertos y heridos. Explotaron seis coches bomba, y las mezquitas locales no pudieron servir aquí de escenografía a los fotógrafos de la Casa Blanca.

¿UNA, ETERNA? Cada quinientos años, la Iglesia sufre un gran cisma. Los más recordados son la Reforma protestante, y la separación de las Iglesias griega y rusa. Pero el primero ocurrió en Oriente, y hoy los caldeos viven su Pascua con temor en Irak. Muchos han debido abandonar el país por el aumento de la violencia interreligiosa con los musulmanes. El futuro de la cristiandad iraquí está en peligro. Esta percepción la comparten, desde otro ángulo, la mayoría de los dirigentes en Bagdad. La estrategia de Obama de dar poder a los iraquíes, no sólo más poder, sino también más responsabilidad, les gusta tan poco como la tempestad de arena que en el neblinoso día de la estadía presidencial destrozó todos los planes del que era, aunque parezca contradictorio, el programa oficial de la visita secreta.

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