Dólar versus acciones: la paciencia paga más

Mantener la calma cuando todo a tu alrededor se hunde. Está bien para una máxima, pero ¿para un inversor? En el último post dije que el dólar está bien para refugio, pero ni un poquito como inversión. Además señalé que teniendo en cuenta las multimillonarias emisiones de dólares que se están haciendo, lo mejor era ir pensando en cómo invertir el dinero.
Más allá de las graciosas acotaciones de algunos lectores –me hacen reir mucho y lo agradezco- lo cierto es que para el inversor no son tiempos fáciles pero probablemente para un ahorrista afincado en monedas los tiempos difíciles sean los que están por venir después de 2009.

Ponerse en lugar de alguien que tiene acciones y que debe resistir el mal momento no es sencillo. En mi caso, la cosa está zanjada de antemano: sé todo lo que hay que saber de tener acciones, perder con la crisis y mirar a mediano plazo con los papeles en la mano.

De todas maneras existe un recurso que no falla. Eso sí: hay que alejarse un poco de la volatilidad intradiaria, mirar los gráficos históricos, ir hasta 2004 y aún antes. ¿A cuánto cotizaba el papel? Si está arriba, bueno hay que aceptar alguna baja adicional antes de la recuperación. Si está abajo, el piso está cerca.

Cuando uno habla de finanzas en la radio, es difícil que alguien pida explicaciones. Cuando se lo escribe, la dinámica del mercado puede dejarlo mal parado. Lo dijo con excelente literatura Marguerite Yourcenar: si la palabra traiciona, la palabra escrita traiciona mil veces más.

Sin embargo, me arriesgo a decir que aquél que conserve sus acciones, tendrá oportunidad de venderlas a un mejor precio en algunos meses. ¿Cuántos? Si quiere certidumbre lo suyo son los bonos ¡pero no los bonos argentinos!

Para los que tienen “espalda” para algo más de riesgo, aquellos que están dispuestos a prescindir del dinero invertido por un buen rato, para esos el consuelo y el aliciente es pensarse en tanto inversores de mediano plazo, seguros de la inversión realizada.

Esto implica revisar lo que se hizo hasta ahora. El mundo no es el mismo que hace algunos meses y es probable que no sea el mismo en el futuro. Habrá que evaluar si la cartera de inversión está bien diversificada, si comulga con los sectores que se verán beneficiados de aquí en más. También deberá examinar si se está dispuesto a asumir algo más de riesgo. En caso contrario, conviene no abrir demasiado la elección.

A la hora de distinguir las acciones, la recomendación general es que las empresas sean confiables desde sus fundamentales, poca deuda, mucho potencial, con operaciones globales que las protejan de riesgos domésticos y sectores que no vayan a ser golpeados en demasía. Aquí en Argentina uno puede comprar papeles locales, pero poco del exterior. Tenaris, Petrobrás y alguna exportadora, nada más.

Si usted es un inversor intradiario, de esos que se despierta y mientras se afeita ya está relojeando los precios, bueno, esta columna no es para usted. Pero si usted ha devenido inversor de mediano plazo, un poco a la fuerza y otro poco por una mini-convicción, sepa que somos muchos los que invertimos por fundamentales, y todavía conservamos la peregrina esperanza de que las empresas vuelvan a un valor racional. No hay apuro, esa es la clave. Paciencia. Es tan difícil conseguirla como el cash. Pero a diferencia del cash, paga con creces.

Créese un plan. Busque papeles buenos y baratos. Después, ignórelos por un buen tiempo. Piense en otra cosa o léase un libro. “El mundo según Garp”, de John Irving es una joyita.

Un inversor, una persona que tiene dinero y la invierte, no debería estar preocupado. Alguien que ha comprado acciones con la perspectiva de que el negocio progresará, no debería verse amedrentado por los nervios que produce la volatilidad de precios. Pienso que más que nunca, debería tener un plan ordenado, una cartera diversificada (pero no tanto) y un plazo (más mediano que corto) para recibir una recompensa por su inversión.

La tentación de vender es más grande cuando el mercado no ha encontrado piso. Después, viene la tentación de comprar. Aquí también conviene sentarse a analizar qué se hace. Lo dejamos para otra columna.

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