El dólar quieto, un capital político que se gana al costo de tasas altas

Por: Daniel Fernández Canedo

En el Gobierno creen que terminó otro de los cíclicos capítulos de tensión con el dólar.

El Banco Central pudo comprar este mes cerca de US$ 300 millones y volvió a dejar en claro que todavía tienen margen de maniobra para mantener el dólar en torno a los $ 3,32 que cerró ayer.

Para la Casa Rosada, ese resultado no es sólo económico: consideran que el dólar tranquilo es un capital político esencial para los tiempos que corren.

Con tensión alcista sobre el tipo de cambio, el trámite parlamentario de la reforma jubilatoria seguramente tendría otro clima.

Un dólar brioso no es buen compañero para ningún gobierno en tiempo de operaciones políticas, y menos cuando la crisis financiera externa no da tregua.

El petroleo y los granos siguen con precios en baja, y lejos quedaron los tiempos del viento de cola, gracias al cual a comienzos de año la soja coqueteba cerca de los 600 dólares la tonelada.

Hoy, y pese a ser un buen precio, 333 dólares la tonelada con una retención de 35%, y el dólar en 3,32, no deja mucho margen para que los productores puedan festejar el próximo año.

Así, una de las principales vías para conseguir dólares que tiene la Argentina aparece limitada y con un horizonte incierto.

Sólo hay que tener en cuenta que en octubre el Banco Central tuvo que desprenderse de US$ 3.500 millones en el intento de serenar las aguas cambiarias.

Este mes, el Central no vende sino que compra algunos dólares, pero enfrenta un costo alto: por primera vez en muchos años las tasas de interés superan a la inflación.

Hasta hace unos meses, las tasas de depósitos oscilaban en 12-13% anual cuando la inflación crecía a un ritmo anual de 25 a 30%.

En ese momento un depositante perdía frente a la inflación pero, al creer que el Central controlaba al dólar, obtenía una renta en dólar muy interesante.

Ahora el panorama cambió. Por un lado hay menos convicción de que el Central tenga el manejo pleno del dólar.

Por otro, y como consecuencia de lo anterior, la tasa de interés para depósitos grandes supera el 25% anual.

Obtener un rendimiento del 25% es una gran tentación para quien crea que el Gobierno se jugará todo por mantener quieto al dólar.

Pero además, el premio gana significado porque la inflación estaría hoy en un ritmo del 15%.

Obtener una tasa real positiva de 10 puntos o de 25% en dólares es un premio alto para quien quiera ahorrar, pero también es el reflejo de la elevada incertidumbre que domina las decisiones económicas en estos días.

También quedaron lejos los tiempos en que una tasa de interés menor a la inflación favorecía el consumo.

Las tasas altas son el freno más duro para la actividad económica pero, en este momento, es poca la mejora que se puede esperar.

Si bien no está escrito, en el Gobierno creen que sería un éxito si las tasas llegasen a estabilizarse y bajar al 20% anual.

La modestia de ese objetivo (que bajen de 25/26% a 20%) habla claro sobre cómo se acotaron los márgenes para volver a los tiempos de gloria cambiaria en los que el Central compraba dólares para evitar que cayese.

En la lógica oficial la apuesta de estos días es clara: que el dólar quede quieto para no enturbiar el paso de la estatización jubilatoria por el Senado.

Después, como el proyecto seguramente será ley, el Gobierno podrá esgrimir una fortaleza fiscal importante.

En ese momento, recién podrá volver a medirse si billetera mata a incertidumbre y el dólar sigue quieto.

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