Dólar y colchonismo, el imbatible combo de ahorro argentino del que Keynes renegaba

Por Julián Guarino

Tan argentino como Maradona, el tango o el tristemente célebre "¿qué te pasa Clarín" (Néstor trade-mark), el colchonismo divide aguas y surte de amores y odios por igual. Sensiblero y pragmático, el ciudadano de a pie ha entablado un romance inagotable con ese crepitante cielo de certidumbre verdiazulada (dollar, por sus siglas en inglés) que ya lleva cuatro décadas

Del otro lado del mostrador, el que acusó recibo fue J.M. Keynes, quien no dudó en echar a rodar la frase "maten al ahorrista", por los efectos nocivos de desfinanciación que esto le deparaba a cualquier economía.

En las últimas décadas, el ahorro en moneda local fue una quimera. Tanto es así, que si un día cualquiera de 1975 alguien se hubiera ido a dormir con u$s 1.000 en el equivalente a moneda local de entonces (pesos Ley 18.188) y se hubiera despertado ayer mismo, al mirar debajo del colchón habría hallado hoy unos $ 0,0000027.

Desde las estampillas y los chanchitos con ranura, una pesada carga histórica de hiperinflaciones y confiscaciones devinieron efectivos disuasores del ahorro sistémico, pero han introducido en la cultura esa variante –que algunos llaman enfermedad– de pensar siempre en verde.

Hoy, en la Argentina, existen u$s 21.900 millones en billetes físicos debajo de los colchones. Son una parte de los u$s 41.000 millones que han liquidado los exportadores de la soja en los últimos dos años y que, sin solución de continuidad, han transitado la ruta exportador-Redradus-ahorrista-colchón, aunque el último destino pueda ofrecer variantes tan disímiles como una lata de dulce de batata o un frasco de gomina (candidato de 90 años), una alcancía de chanchito amurada en la pared (75 años), la caja de un Rolex presidente en la bóveda de un banco (60 años), una cuenta bancaria en Uruguay (50 años) o la combinatoria de las últimas dos. En rigor, hasta el mes pasado, los dólares que guardaron los argentinos en estos dos años provinieron del comercio exterior y no de las reservas del BCRA.

Esos u$s 21.900 millones son prácticamente el equivalente al 50% de lo que Martín Redrado tiene en el Banco Central. Para dimensionarlo en clave federal geográfica, poniendo sobre el suelo un billetito de u$s 100 al lado del otro, hay suficiente billete para hacer 3 veces el viaje ida y vuelta de Ushuaia a La Quiaca. Pero a no ilusionarse con viajes: como dijimos, los ahorristas estamos todos condenados.

Con la certidumbre de que ningún país –ni siquiera Estados Unidos– ha hecho tanto por el ahorro en dólares como la Argentina, y que con ese ahorro los argentinos siguen financiando los desvaríos de Wall Street, el debate que queda pendiente debería plantear si el movimiento colchonista, o la práctica de acopiar dólares, podría aportarle recursos a una economía (¡la nuestra!) y estimular así la actividad en algo más que acrecentar la matanza de gansos (literal) para la promtedora ingeniería colchonera.

Muchas veces, aquellos que denuncian la falta de crédito o la baja productividad, son los mismos que acopian los dólares debajo del colchón. De esto hablaba Keynes, welcome back, para quien el colchonismo representaba un enorme monto de liquidez estéril en manos de los particulares (individuos o empresas). Así, y pasando por alto que pararse en dólares no genera renta y sí, en cambio, se expone a la fuerte volatilidad a la que siempre está atada una moneda, una masa de dinero cautivo no le sirve a la economía porque permanece fuera del sistema (bancos o mercado de capitales), e incluso los mismos bancos tampoco tienen permitido demasiadas transacciones con dólares.

El monstruo blanquiceleste

Siendo generoso, como mínimo el mapa dibuja varias anomalías. La pata que falta –el pobre monstruo blanquiceleste tiene infinitas–, es que los bancos puedan volver a captar depósitos y otorgar préstamos en dólares, y no sólo para financiar exportaciones.

Otra idea –casi border– podría ser que los "tenedólares" decidan confiar de nuevo en los números de la economía: venderían sus billetes verdes para colocarse en pesos. Algo de eso ha ocurrido esta semana, pero desde lo numérico, ni siquiera puede hacerle cosquillas al escenario de fondo (no FMI).

Por ahora, a pesar de que hay signos de mayor confianza, nadie cree que esté cercana la posibilidad de recrear el ahorro de mediano y largo plazo en pesos. Para los que gustan de ver el vaso medio lleno, queda el insólito consuelo de pensar que, si bien la Argentina participa en forma marginal del comercio mundial, en lo que hace a importaciones de billetes de dólar, tráfico con el que EE.UU. ejerce, si no su dominación, al menos sí su referato, nuestro país sí es uno de los jugadores a tener en cuenta. Ni siquiera Keynes, en su cruzada contra los ahorristas, podría lanzar crítica alguna: él, como tantos, coincidía en que por algún lugar hay que empezar.

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