Los docentes también denuncian la pobreza extrema de sus alumnos

Un grupo de docentes de distintas escuelas de Valle Viejo cortaron hasta poco antes de las doce el Camino de la Virgen a la altura del vado del Río del Valle. Reclamo salarial y denuncias de pobreza extrema a la que ellos deben asistir con su propio bolsillo.
El grupo de docentes se manifestaba con silbatos y panderetas para hacer sentir sus reclamos. En ese momento, al mismo tiempo, se cortaban rutas en Tres Puentes y el puente sobre ruta 1 (más conocido como "puente de Upa"). "Ya hay número para cortar tres o cuatro puentes, así que el sector docente se está uniendo", expresaba René Córdoba, docente y vocero de los manifestantes.

Otra docente, Ramonita, agregó que la gente acusa de "vagos" a los docentes que cortan rutas, pero no ve el servicio social que escuelas de la zona brindan diariamente a chicos carenciados. Sin zapatillas, a veces llorando de hambre y con los pocos útiles que pueden disponer, llegan a la escuela sólo para paliar sus miserias. Allí se les da de comer y se les procuran los elementos indispensables para poder estudiar; con la ausencia completa de Acción Social, que llega más para tomar notas que para ayudar de verdad a las familias que allí viven.

En la nota "Miseria indignante en el barrio La Costanera" describimos la paupérrima situación de los habitantes del barrio, situado a la vera del Río del Valle, (del lado de Valle Viejo), en condiciones de miseria extrema. Los chicos van como pueden y cuando pueden a las escuelas más cercanas. Los docentes, insisten, colaboran con su propio bolsillo para atender sus necesidades sociales, que en realidad deberían ser brindadas por el Estado.

"Uno no puede llegar a entender como para tres días de viáticos los Legisladores sacan treinta mil pesos y como la Cámara gasta diecisiete mil pesos en combustible", mientras no hay atisbos de mejoras salariales para los docentes, se lamentaba Córdoba.

Poco antes de las doce, los docentes decidieron abrir el paso y terminar con el corte, dando paso a una larga columna de coches que esperaban impacientes cruzar el seco lecho del río hacia la ciudad.

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