Doce meses fundamentales para oficialismo y oposición

Tanto para el Gobierno como para la oposición 2010 será un año decisivo. Será un punto de inflexión y en función de ello serán fundamentales las acciones que articulen, cada uno desde su posición, proyectando hacia 2011.
Lejos de sosegar ánimos, la crisis económica que afecta a la Provincia despertó los impulsos electoralistas de los principales partidos y referentes de la política fueguina. Algunos menos cautos que otros, ya comenzaron a recorrer el largo camino que los puede depositar en 2011 en la Casa de Gobierno.

El primer adelantado fue el ex intendente de Ushuaia, Jorge Garramuño, cuyo anuncio sobre el inicio de conversaciones multisectoriales para analizar la crisis y buscar soluciones a la coyuntura, fue interpretado por muchos como un virtual anuncio de candidatura, lo que a su vez obró como efecto dominó.

Quizás conciente de las marcadas expectativas que disparó su retorno a la vida pública, y de que el entusiasmo que hoy puede mostrar algunos sectores de la sociedad se puede diluir con el correr de los meses en forma irreversible, rápidamente puso paños fríos las especulaciones sobre un anuncio oficial.

Pero el primer paso está dado. Garramuño instaló su figura como potencial candidato y confirmó su intención de concretar un proyecto provincial, por ahora sin connotaciones electoralistas, aclaró.

Lo cierto es que la vuelta al ruedo del ex intendente de Ushuaia, cada vez más distanciado del MPF y en la búsqueda de una estructura política que le dé soporte a sus aspiraciones, apuró la toma de posicionamientos en otras fuerzas.

El ejemplo más claro es el PJ, donde la danza de nombres predomina sobre cualquier tipo de propuesta de cara al futuro, cuando aún faltan dos años para los comicios.

El ex gobernador Carlos Manfredotti es el hombre que los históricos siguen manteniendo en alto, pese a su prolongada y cuestionada ausencia de la provincia. Los emergentes parecen decididos a encolumnarse detrás del legislador Adrián Fernández, quien aspira a concretar el viejo sueño de ser gobernador. Pero al igual que sucede con Manfredotti, su nombre genera resistencias fuera de su sector. Y no hay que olvidar a la por ahora tercera en discordia, la diputada ultrakirchnerista Rosana Bertone, quien cuenta con el sustento de una autodenominada "junta promotora" que busca consolidarla como la "tercera posición" dentro del peronismo fueguino.

En tanto, el radicalismo comenzó a desandar el camino para la conformación de una plataforma programática ambiciosa que trasciende 2011 y es pensada para el decenio 2010-2020.

En coincidencia con Garramuño, el radicalismo entiende que es necesario elaborar políticas de Estado que sean aplicables por quien tenga en suerte gobernar a partir de 2011 -más allá de colores políticos-. Por eso, una de las premisas es sumar al debate al resto de las fuerzas políticas a fin de que aporten su punto de vista.

Mientras tanto, para la UCR las candidaturas no se avizoran por ahora como tema central de la agenda interna, y de acuerdo a los dichos de algunos de sus principales dirigentes se irían perfilando a partir del segundo semestre del año. Aunque alguno puede llegar a dar alguna sorpresa y lanzarse.

Punto de inflexión

Tanto para el Gobierno como para la oposición 2010 será un año decisivo. Será un punto de inflexión y en función de ello serán fundamentales las acciones que articulen, cada uno desde su posición, proyectando hacia 2011.

En ese marco, la mayor presión es sin dudas para el oficialismo. Su principal desafío y obligación es revertir la coyuntura en los dos años que le quedan de gestión.

Pero en la mochila tendrá pesos extra, sobre todo el de los tiempos electorales que, más tarde o más temprano, empezarán a correr.

Como ya se ha dicho alguna vez en esta columna, hoy por hoy, al menos públicamente, las candidaturas es un tema del cual la gobernadora Fabiana Ríos y sus principales funcionarios no se permiten hablar. Seguramente las aspiraciones de la mandataria o de algún ex referente del ARI están, pero no es el momento político de anunciar aspiraciones propias o de conjunto.

Además, el desmembramiento del ARI y las internas dentro del Ejecutivo dificultan avizorar que emerja algún espacio alternativo y con posibilidades ciertas. Y menos que menos una figura alternativa a la de la propia Ríos, si es que la gobernadora eventualmente decide no ir por un segundo mandato. Además, no hay que olvidar que el desastre de las elecciones legislativas de junio pasado fue un golpe del cual el oficialismo nunca se recuperó.

Y a todo esto se debe agregar que Ríos deberá enfrentar, si es que no logra estabilizar el rumbo de su gestión, el embate de una oposición que redoblará la apuesta a medida que se acerque 2011, y de gremios que especularán con la posibilidad -como siempre sucede en tiempos electorales-, de obtener buenos acuerdos a costa de la necesidad del gobierno de turno.

La oposición no debe confiarse por este complicado panorama del oficialismo. Deberá ejercer su rol con ecuanimidad, sin desbordes, y aportando propuestas y eventuales soluciones. El momento histórico que atraviesa la provincia requiere de instancias de diálogo que allanen consensos.

Y si bien uno de los principales pedidos al oficialismo es que el Gobierno retome el contacto con la oposición, las fuerzas opositoras no pueden obviar que entre sus filas hay dirigentes con altos niveles de soberbia y poco dispuestos al diálogo (más allá de sus públicas declamaciones), y que esperan que el Gobierno desbarranque para poder encumbrar sus propias apetencias personales. Pero así como la sociedad castigó al ARI en las urnas, puede llegar a castigar a muchos que hoy hacen apuestan a que la crisis se prolongue para potenciar sus posibilidades en 2011.

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