Doce heridos en un violento desalojo de una fábrica tomada

Doce heridos en un violento desalojo de una fábrica tomada
La Bonaerense informó que 8 de sus agentes recibieron lesiones. De los 65 manifestantes detenidos, 4 tuvieron que ser hospitalizados. Hubo gases, piedras y balas de goma. La planta estaba ocupada hacía 38 días por empleados despedidos.
Una represión de proporciones inéditas en los últimos años, a cargo de unos 300 efectivos de la policía de la provincia de Buenos Aires, fue la que ayer al anochecer terminó de desalojar a los operarios despedidos que permanecían en la planta de Kraft Foods, la ex Terrabusi, en la localidad de Pacheco.

A última hora seguían detenidas unas 65 personas, según aseguró el jefe del operativo policial, de las cuales cuatro debieron ser hospitalizadas. La policía informó que hubo además ocho agentes heridos.

Hasta cerca de las 23, los detenidos permanecían dentro de la propia fábrica y no habían podido ver a sus abogados. El operativo policial que los redujo había finalizado cuatro horas antes.

Todo comenzó a las 17.30. A esa hora, desde el portón de la avenida Henry Ford, donde había unos 500 manifestantes, se escucharon disparos y se divisaron nubes de gases lacrimógenos en el edificio central de la planta, ubicado unos 200 metros más adentro.

Desde afuera, los manifestantes comenzaron a arrojar piedras y cascotes al grueso cordón policial apostado frente al portón y a lo largo de toda la reja perimetral. En menos de cinco minutos llegó la respuesta policial: una andanada de gases lacrimógenos y balas de goma (este diario verificó a un herido con más de diez perdigonadas en su espalda) dispersó en cuestión de minutos al piquete más concentrado.

El aire se había tornado irrespirable, a pesar de la brisa. Pero a los diez minutos, cuando cesaron los efectos de los gases, los manifestantes volvieron a la carga.

Hubo una segunda andanada de piedras y cascotazos. Para entonces, grupos de tres a cuatro muchachos, en su mayoría de veintipico, iban quitando pedazos enteros del cordón de la vereda de la Volkswagen (situada enfrente) y los partían golpeándolos con su propio peso contra el piso, para fabricar nuevos cascotes.

Había muchas mujeres, entre las que sobresalían madres y esposas de los despedidos. Entre los manifestantes más combativos era clara la presencia de militantes de organizaciones de base y partidos de izquierda.

Una nueva tanda de gases impidió acercarse al portón y los cascotazos comenzaron a caer del lado izquierdo de la fábrica, donde está el edificio administrativo.

Allí estaban los móviles de televisión y varios enardecidos la emprendieron contra el móvil de C5N, medio al que habían acusado durante una asamblea de encabezar una campaña contra los despedidos. Pero el incidente finalizó cuando se abrió el portón central y comenzó a avanzar la infantería. Todos se replegaron unos metros.

En ese momento, desde el otro extremo de la planta, avanzó por la avenida Ford un escuadrón de la policía montada. Unos 50 policías a caballo cargaron contra los manifestantes: a un centenar los fueron encerrando a topetazos contra el alambrado de la Volkswagen, mientras que otros se defendían con cañas.

Uno de los efectivos fue derribado con esa particular arma, mientras su caballo salía al galope. Recibió unas cuantas patadas de un grupo de manifestantes, antes de que otros dos policías a caballo pudieran acercarse y dispersar al grupo. A la vez, a uno de los manifestantes un caballo lo pasó por encima y terminó arrastrado por efectivos de infantería dentro de la fábrica.

Las refriegas duraron una media hora. En ese lapso, la Policía tomó el control de la avenida Henry Ford y a partir de entonces acordonó todo el ancho de la calle y comenzó a avanzar.

Hubo además una estrategia astuta para despejar la calle de periodistas: el jefe del operativo, un oficial de apellido Naskala, encabezó la avanzada de la infantería: comenzó a hacer declaraciones mientras caminaba y daba órdenes de avanzar. Rodeado de micrófonos, respondía pacientemente todas las preguntas, hasta que avanzó unos 100 metros. La avenida quedó completamente acordonada, sin manifestantes ni periodistas a menos de 300 metros del portón.

Hacia las 21, la empresa emitió un comunicado de prensa en el que calificó de "normalizada" la situación de la planta y anunció que retomará la actividad lo antes posible. La planta de la ex Terrabusi había quedado tomada el lunes 7 de setiembre, pero en los hechos, ya venía funcionando a media máquina desde el 18 de agosto, día en que la empresa había enviado 155 telegramas de despido, con lo cual la producción está parada desde hace 38 días.

Kraft acusó a los 155 despedidos de haber privado de la libertad a empleados que quedaron encerrados dentro del edificio administrativo, durante una manifestación dentro del predio ocurrida el 3 de julio. Ese día había habido una asamblea para reclamar mejoras en las condiciones sanitarias de los operarios, a raíz de la epidemia de Gripe A.

Según la empresa, la asamblea terminó con una manifestación que obligó a los administrativos a permanecer dentro del edificio contra su voluntad. La causa fue presentada ante el juzgado en lo Penal de San Isidro, a cargo del juez Acosta.

El mismo magistrado fue el que ayer dio la orden de desalojo, luego de que una reunión en el Ministerio de Trabajo entre representantes de la empresa y del Sindicato de la Alimentación (fuertemente enfrentados a la Comisión Interna de la ex Terrabusi) acordaran que no habrá nuevos despidos. En ese acuerdo no hay ninguna mención a los 155 despedidos (que llegarían a 164 si se suman algunos despidos previos y posteriores al 18 de agosto).

Un dato: a las 17.15, en Volkswagen, el personal recibió orden de abandonar la planta antes de las 17.30. A esa hora, exactamente, comenzaba el operativo de desalojo justo enfrente.

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