Doblemente indefensos

Por: Ricardo Roa

La inseguridad tiene mil caras. Muchas conocidas y repetidas. Como el asesinato en Mar del Plata de un chico de 17 años a manos de otro de su misma edad, según la Policía, que tiene más de veinte entradas en comisarías y habría participado en otros dos homicidios. Ley de la selva: fue en un robo que ni siquiera llegó a concretarse. Lo notable no es sólo eso sino que un delincuente con semejante prontuario pueda estar libre

Pasan otras cosas no menos inconcebibles. Como que una persona herida gravemente en un robo no sea socorrida porque gendarmes y policías no se pongan de acuerdo acerca de a quién correspondía atenderlo. Al final tuvo que ser ayudado por un automovilista que pasó por el lugar. Todo ocurrió en una subida a la autopista Ricchieri. Un ciclista fue atacado por dos ladrones que le pegaron con una barra de hierro en la cabeza y le fracturaron el cráneo. Lo denunció su hermana en una carta de lectores a Clarín.

Bien parecido es el caso que también relató a este diario el periodista cordobés secuestrado en su propio auto en San Telmo. Quedó libre de casualidad en Avellaneda después de que los delincuentes chocaran y no pudieran volver a arrancar el vehículo. Lo primero que hizo fue presentarse en la comisaría más próxima. Inútil: no le tomaron la denuncia. Le dijeron que debía hacerla en San Telmo donde había sido raptado. Otra vez, eso a mí no me corresponde.

Más dramático todavía fue con el abogado baleado a quemarropa en Vicente López. Aún con vida y tendido en la calle, pidieron un médico y una ambulancia en una clínica que está a dos cuadras. Ni una cosa ni la otra: dijeron que no les correspondía. Murió camino al hospital. A veces la falta de solidaridad también tiene mil caras.

Comentá la nota