Que se doble pero que no se rompa

Por: RICARDO KIRSCHBAUM

Que se doble pero que no se rompa. Esa es la táctica que siguieron los actores de esta nueva pulseada dentro de la CGT. No se trató de una pelea más entre sindicalistas, veteranos en el arte de sacar de la crisis ventajas políticas y económicas.

Primero fue Moyano el que mejor interpretó el momento de debilidad del oficialismo e intentó tomar la delantera. No obtuvo el control del Ministerio de Salud, como se propuso en el largo asedio a Ocaña, asedio que contó con la decisiva ayuda de Néstor Kirchner. Pero consiguió, luego de un brevísimo malentendido, seguir controlando el manejo del dinero de las obras sociales. Moyano es una pieza clave en la mermada base política del kirchnerismo. La oposición al camionero embistió entonces al olfatear que era el momento para modificar la relación de fuerzas en la CGT. Se montó la escenografía de ruptura: el Gobierno salió disparado a yugular la crisis. Ayudó Moyano suavizando su discurso e invitando, en un acto donde había más militantes que gremios, a sus objetores que no lo abandonaran. La CGT puede doblarse pero no romperse: quizá los rebeldes antimoyanistas hayan obtenido ventajas importantes que los convenciera. Por ejemplo, que un "rebelde" vaya a ocupar el lugar estratégico en el Ministerio de Salud que Moyano controla. Toda una lucha de principios. Para el Gobierno, que la sangre no haya llegado al río fue importante. Con el peronismo en asamblea y los empresarios alzando la voz y marcando límites, el sostenimiento de la alianza con la CGT de Moyano es vital. Ya está claro que no habrá cambios sino simulación en los problemas que se tendrían que haber corregido antes. El INDEC es el testimonio vivo de la obstinación en el error.

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