El doble agente

John Connolly pertenecía al escuadrón de elite antimafia de la agencia estadounidense. Y al mismo tiempo trabajaba para la mafia y cobraba fabulosos sobornos. Su caso inspiró una película de Scorsese. Ahora, está siendo juzgado por uno de sus asesinatos.
Sentado en un automóvil sin patente en el sur de Boston, John Connolly tenía sus binoculares enfocados sobre una escena a una cuadra de distancia. Era un espectáculo truculento: un hombre que acababa de entregar un embarque de armas y municiones al IRA estaba siendo torturado a muerte por el gangster más famoso de Boston por ser sospechoso de ser un buchón del FBI. Mientras se desarrollaba el asesinato, se dice que Connolly, un importante agente de la FBI, se comunicaba por walkie-talkie con el torturador, James “Whitey” Bulger, mientras éste le arrancaba la lengua y los dientes a la víctima y después trataba de estrangular al traficante John McIntyre con una soga.

La complicidad del hombre del FBI en este asesinato en particular nunca llegó a probarse, pero la traición a su institución –que se comprobó en otros dos casos– es uno de los episodios más vergonzosos de la historia de la agencia. El incidente macabro, que merecía pertenecer a una escena de Los Soprano, llamó la atención sobre el extraordinario doble discurso por el cual el FBI permitía que una banda famosa irlandesa estadounidense asesinara y produjera el caos en Boston durante más de una década a cambio de información que eventualmente quebraría a la mafia.

La carrera de Connolly inspiraría la película de Martín Scorsese de 2006 Los infiltrados, en la que las lealtades de un agente secreto quedan irremediablemente comprometidas. La película, como su carrera, está situada en el sur de Boston, donde la agencia lleva a cabo una guerra con el crimen organizado irlandés-estadounidense. El personaje de Connolly lo actúa Matt Damon.

El largo brazo de la ley alcanzó finalmente a Connolly, ahora de 68 años. Fue condenado el mes pasado por un asesinato en 1982 y fue llamado a los tribunales para leerle la condena. Se espera una decisión en estas semanas. En escenas dramáticas en la sala del tribunal gritó su inocencia. Sus muchos partidarios sostienen que es la culpa del FBI por alentarlo a cerrar los ojos ante los crímenes durante toda la década de 1980.

Nadie sabe exactamente cuándo decidió Connolly su traición, pero se presume que fue en los años ’70 y los sobornos tuvieron mucho que ver. Como un hombre condecorado del FBI, Connolly tenía acceso a la información más clasificada. Supo que un traficante del IRA, John McIntyre, planeaba testificar en contra de sus compañeros traficantes. Se dice que Connolly le pasó la información a Whitey Bulger, el infame jefe de la banda Winter Hill de Boston que estaba detrás de los embarques de armas del IRA.

McIntyre y un amigo fueron llevados a un lugar secreto donde comenzó la truculenta tortura. En un momento, Bulger le preguntó a su víctima si quería una bala en la cabeza, a lo que McIntyre contestó “sí, por favor”. Recibió múltiples disparos y su cuerpo fue arrojado más tarde a un basural.

La banda ahora se dispersó, Bulger todavía sigue prófugo y es el fugitivo más buscado en Estados Unidos (después de Osama bin Laden), pero algunos de los miembros de la banda han evitado el juicio al testimoniar. También han hecho pequeñas fortunas convirtiendo sus hazañas como gangsters en libros y guiones de cine. Pero si Bulger y su segundo Stephen Flemmi eran los temidos en las calles de Boston (Bulger era un traficante de droga, un cerdo según Eddie Mackenzie, uno de sus ex cómplices), Connolly actuaba como la figura de hermano mayor.

En la década de los ’80, el agente especial Connolly era un gigante en la unidad antimafia del FBI. Había pasado dos décadas cultivando informantes entre los jefes de las bandas de Nueva Inglaterra. Como un joven agente secreto caminó las calles de Nueva York con el agente del FBI Joseph Pistone, que documentó su propia vida como agente secreto de la mafia en el libro Donnie Brasco, del que luego se hizo la película en la que Johnny Depp hacía el papel de Pistone.

Pistone, sin embargo, no está ahora ahí para apoyar a Connolly en el momento en que lo necesita. Cuando se llevó a cabo la audiencia del ex héroe del FBI, Pistone se negó a subirse al estrado porque el juez rechazó su pedido de testificar en forma anónima.

Los jurados de Estados Unidos concluyeron recientemente que, por pescar un pez aún más grande, los agentes del FBI eran alentados a dejar que los gangsters rivales de la mafia se volvieran locos. Esta política llevó a éxitos serios contra la mafia pero también a incontables asesinatos y desventurados embarques de armas al IRA. Pero los ex agentes del FBI también testificaron a favor de Connolly y hasta hay un sofisticado sitio en Internet proclamando su inocencia.

Cuando se presentó en la Corte para ser sentenciado por su papel para facilitar otro crimen tortuoso de James “Whitey” Bulger días atrás, derramó lágrimas por la familia de la víctima, John Callahan. El cuerpo acribillado de Callahan fue encontrado en el baúl de un auto estacionado en el Aeropuerto Internacional de Miami en 1982. “Es desgarrante escuchar lo que sucedió con su padre y su marido”, le dijo Connolly a la familia.

En una entrevista en la cárcel con The Boston Globe, Connolly siguió proclamando su inocencia. “Nunca traicioné a la agencia. Nunca tomé dinero de nadie. Nunca lastimé a nadie por lo menos a sabiendas, y no lo haría nunca.” Como miembro del escuadrón de elite antimafia durante más de 20 años, la especialidad de Connolly era cultivar informantes contra las bandas de Nueva Inglaterra. Connolly mismo se convirtió en una figura legendaria por su rol en la grabación secreta de una ceremonia de iniciación de la mafia completa con juramentos de sangre y oraciones y la incineración de una imagen de la Virgen María en las palmas de los nuevos miembros. Fue el primero de afuera que penetró en lo más sacrosanto de la banda y su golpe llevó a juicio a numerosos miembros importantes. Pero en algún momento comenzó a tomar otro rumbo. Con total conocimiento y aprobación de sus jefes del FBI, comenzó a ofrecer protección a miembros de la banda Winter Hill a cambio de pistas.

El FBI enfáticamente niega cerrar los ojos deliberadamente a años de locura sangrienta, asesinatos y tráfico y sostiene que Connolly era meramente un agente crápula. Pero, hace dos meses, un juez federal golpeó al FBI y le ordenó que le pagara 2,7 millones de dólares como compensación a la madre de John McIntyre, de 80 años. El veredicto condenatorio decía: “La actitud del FBI refleja que la conducta extrema de Connolly podía ser tolerada por el bien mayor de derrocar a la Cosa Nostra”.

Los éxitos del FBI contra la mafia era igualados a sus fracasos contra la banda de Whitey Bulger. Cuando los federales finalmente llegaron en 1995 a arrestar a Bulger, éste fue advertido por Connolly por teléfono. Bulger tiene ahora un precio por su cabeza de más de un millón de dólares, su rostro está en carteles en todos los aeropuertos de Estados Unidos, pero lo más probable es que este hombre de 71 años esté oculto en un pueblo de Irlanda.

Ahora parece que Connolly finalmente fue un miembro de la banda de Bulger, un socio bien pagado en el crimen, muy al comienzo de su relación, a fines de los ’70. Fue miembro a tiempo completo de los Goodfellas irlandeses. Todo comenzó en el sur de Boston o Southie, un lugar de desembarco para generaciones de inmigrantes irlandeses de la clase trabajadora. Es un lugar de trabajadores de la construcción y de jubilados republicanos irlandeses donde en el punto culminante de los problemas de Irlanda del Norte cada bar parecía tener una caja para recolectar dinero para los “prisioneros de guerra” del IRA.

Connolly y Bulger crecieron juntos en la misma cuadra de monoblocks en la década de 1940, cuando las pocas opciones de carreras incluían convertirse en policía, bombero o gangster. En su reinado de 25 años como jefe de la banda de Winter Hill, Bulger cometió la friolera de 90 asesinatos. Estaba conectado con otra gente de poder sin embargo. Billy Bulger, su hermano menor, fue durante años el jefe del Senado de Massachusetts antes de convertirse en presidente de la Universidad de Massachusetts, de la que recientemente fue obligado a retirarse. Billy también fue un amigo de la infancia y un mentor para Connolly, creando un nudo de alianzas que iban de la casa estatal de Massachusetts al FBI y un número infinito de tortura callejera y escenas de asesinatos a las que Connolly siempre les hizo la vista gorda.

Por supuesto, Connolly fue bien recompensado. “Nos estamos ocupando bien de ese tipo”, dijo Bulger una vez de Connolly. Por proteger las extorsiones, el agente era generosamente recompensado con miles de dólares y anillos de brillantes como soborno.

Cuando la unidad de asuntos internos del FBI finalmente entregó a Connolly después de la desaparición de Bulger, encontraron docenas de cheques sin cobrar y pruebas de que era propietario de una elegante casa en los suburbios. También tenía una casa de veraneo entre los habitantes del jet set de Cape Cod y un barco de pesca por valor de 44.000 dólares.

Connolly se enfrenta ahora a 33 años de cárcel por el asesinato de Callahan en 1982. Pero su carrera en el FBI es algo que la agencia preferiría que el público olvidara. Promete perseguir a la agencia durante muchos años, a medida que aparezcan más víctimas en busca de compensación por los asesinatos que se llevaron a cabo mientras Connolly y otros agentes del FBI deliberadamente miraban otro canal.

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