División Miami

Con la excusa de presentar su último libro, Duhalde viajó a la Florida en busca de respaldo. Un vicegobernador republicano, un asesor de Hillary, figuras polémicas como Varela Cid y hasta el papá de Martín Lousteau lo elogiaron.
El frío polar que azota a Miami no pudo con las cálidas palabras que recibió Eduardo Duhalde durante la presentación de su último libro. Como suele ocurrir en este tipo de eventos, hubo elogios para el invitado. Lo sorprendente es que el más empalagoso de los oradores haya sido Guillermo Lousteau Heguy, padre del ex ministro de Economía de Cristina Kirchner.

¿Qué hacía allí el progenitor de Martín Lousteau? La explicación es sencilla: además de vivir desde hace años en Norteamérica, este doctor en Derecho y licenciado en Filosofía, fue invitado por la propia Universidad de Miami, en su carácter de académico, para exponer sobre Argentina Aflame, la versión en inglés de Argentina en llamas, donde el ex mandatario relata los primeros 120 días de su gestión.

Lousteau evocó al Duhalde-piloto-de-tormentas que sacó al país de la crisis, resaltó su interés por retornar a la Casa Rosada en 2011 y también su "acertada" lectura de la realidad política.

El presidente del Interamerican Institute for Democracy fue tan generoso como su currículum y sus publicaciones, entre las que resaltan El pensamiento político hispanoamericano y Democracia y control de la constitucionalidad.

Lousteau suele hablar del Pacto de la Moncloa, acaso el principal caballito de batalla de Duhalde. El bonaerense insiste en que los partidos deben acordar un puñado de políticas de Estado, como en su momento hizo España. No por nada eligió a Felipe González para prologar su libro. Junto al ex presidente de PSOE escribió el ministro de Asuntos Estratégicos de Brasil, Roberto Mangabeira Unger, coronando la buena relación del bonaerense con Lula.

En la Universidad de Miami, Duhalde expuso desde un atril de madera, adornado con un cartel verde de letras blancas. Se leía, en prolijo inglés, "Instituto para el Estudio Cubano y Cubano-Americano". Banderas de ambos países ornamentaban el auditorio donde se congregaron numerosos latinos anticastristas.

El argentino no trepidó en quedar bien con aquel público tomando distancia de la política cubana. "El castrismo va a desaparecer cuando muera Castro", aseveró. También blasfemó contra el venezolano Hugo Chávez, uno de los preferidos del matrimonio Kirchner. "Me decepcionó", dijo.

En ese marco evaluó que muchas políticas de Juan Perón hoy resultarían impracticables. "Por su raíz hegemónica serían vistas como dictatoriales". Fue la antesala para castigar al actual titular del PJ, a quien de todos modos intentó entender. "Kirchner se mueve como si estuviera en su mejor momento en el poder porque sabe que si da un paso atrás se desmorona todo el gobierno de su esposa", consideró.

Sabiendo de la mayoritaria presencia "gusana", no dudó en dispensarle un respetuoso trato a Carlos Menem. Muchos recordaron que fue el presidente de las relaciones carnales y que lo único que podía compartir con Fidel eran los habanos Cohiba.

A modo de anecdotario explicó que antes de llegar al poder –y siendo compañero de fórmula del riojano– estaba preparando un libro sobre la revolución productiva e industrial. "Un día Menem se entera y me dice: ‘Che, Eduardo, ¿de qué estás escribiendo?’, y ahí nomás empezó a utilizar la revolución productiva como lema de campaña".

Nadie supo explicar si el buen talante de Duhalde respondía una encuesta que se preocupó en hacer conocer. Según el trabajo, su nivel de adhesión se había triplicado en apenas cuatro meses. Aunque en la sala estaba presente el consultor Enrique Zuleta Puceiro, el sondeo –dicen– pertenecía a su colega Carlos Fara.

Números aparte, el bonaerense llegó a la Universidad de Miami agrandado por los elogios que había recibido en la víspera, durante un agasajo en la mansión del ex alcalde de Coral Gable, Raúl Valdés Faulli, del que participó el vicegobernador de Florida, el republicano Jeff Kottkamp.

Muy cerca del precandidato a presidente del PJ se vio desfilar a Eduardo Varela Cid, aquel ex diputado menemista denunciado por coimas en la Argentina; al periodista Andrés Oppenheimer, autor del libro Ojos vendados. Estados Unidos y el negocio de la corrupción en América Latina; y a Luis Lauredo, el ex embajador norteamericano ante la OEA, asesor de la secretaria de Estado, Hillary Clinton, y hombre fuerte de la corporación española Codere, la mayor propietaria de bingos y tragamonedas en la provincia de Buenos Aires.

No estaba allí Hilda González, pese a que había viajado previamente con Duhalde a República Dominicana para tomar unos días de descanso. La senadora retornó a Buenos Aires a raíz de la crisis desatada por el DNU de Cristina que dio luz al Fondo del Bicentenario.

Mientras Chiche departía en el Congreso con sus pares de la UCR y el PJ anti-K, su esposo elogiaba en el sur de los EE.UU. a los hermanos Rodríguez Saá, poniendo a San Luis como un ejemplo de provincia productiva. Por eso los pasajeros del vuelo de Lan Chile con destino a Miami creyeron la última semana que "El Adolfo" iba al encuentro de Duhalde. Fue una falsa alarma: el puntano estaba con su pareja y sus hijos, apoltronado en los asientos de primera clase, iniciando sus vacaciones.

Comentá la nota