Dividir para reinar

Por Mariano Grondona

La táctica que está empleando Néstor Kirchner para reafirmar su poder pese a la derrota electoral del 28 de junio obliga a responder a esta pregunta: cuando un Gobierno pierde el apoyo del pueblo, ¿puede reemplazarlo por otra vía?

¿Es posible, en una democracia, mandar en minoría? Según el pensador nada democrático Gaetano Mosca, la democracia es ilusoria porque, ya se pronuncie el pueblo o no, siempre una minoría organizada se impone a una mayoría desorganizada. De acuerdo con él un gobierno, aún siendo minoritario, puede acudir a dos recursos alternativos para conservar el poder: consolidar el dominio sobre sus propias huestes y dividir a las huestes de sus adversarios.

¿Es esto lo que está tratando de hacer el ex presidente? Es notable, en este sentido, que en la votación de la Cámara de Diputados sobre los poderes delegados al Ejecutivo, el número de los disidentes kirchneristas haya disminuido drásticamente si se lo compara con la votación del Senado del año pasado sobre la resolución 125, en la que Kirchner terminó derrotado. Habrá que ver si mañana el kirchnerismo ratifica en el Senado la mano de hierro que acaba de mostrar en Diputados.

A esta reunificación de sus seguidores en el Congreso, Kirchner acaba de sumar el intento de dividir a sus opositores cuando su esposa los convocó a un supuesto "diálogo", separando a aquellos que aceptaron la invitación de aquellos que la rechazaron. Esta maniobra divisoria se volvió a intentar cuando, a propósito del proyecto kirchnerista de estatizar la televisación del fútbol, no faltaron aquellos comentaristas presuntamente independientes que dejaron ver que, más aún que a Kirchner, detestan a "Clarín".

¿Está tratando Kirchner de conseguir que su "minoría organizada" prevalezca sobre una mayoría opositora todavía "desorganizada"? ¿Sigue el ex presidente la vieja consigna monárquica de "dividir para reinar"? Cabe preguntarse si su táctica es democrática o no. Esta pregunta es válida a partir de la distinción entre los verbos "competir" y "combatir". Cuando están animadas por un espíritu democrático, las fuerzas políticas "compiten" entre ellas. Pero, al igual que en el deporte, los adversarios quieren "ganar" pero no por eso quieren "destruir" a sus contrincantes. Si bien Boca y River compiten, ninguno de ellos desea destruir al otro porque lo necesitará para seguir jugando. Cuando un espíritu ya no "competitivo" sino "combativo" se infiltra en cambio dentro de la democracia, al adversario se lo empieza a percibir como un "enemigo" al que hay que destruir. ¿No es éste el espíritu que aún anima a Kirchner en su "combate" contra el campo? ¿Será este mismo espíritu el que ahora lo impulsa a confrontar y a dividir a la oposición? ¿Es congruente en todo caso su actitud con el espíritu de la democracia?

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