Divide y reinarás

Esta vez no hubo sobresaltos. Todo ocurrió tal cual lo previsto por el Gobierno. No hubo necesidad de emisarios de Néstor Kirchner ofreciendo la cajita de la felicidad a diputados que, a la pesca de algo, pasaron del no al sí.

Por Nelson Castro

Esta vez no hubo sobresaltos. Todo ocurrió tal cual lo previsto por el Gobierno. No hubo necesidad de emisarios de Néstor Kirchner ofreciendo la cajita de la felicidad a diputados que, a la pesca de algo, pasaron del no al sí. No hubo la guerra de las carpas en la plaza del Congreso. Tampoco oleadas de gente haciendo vigilia a la espera de la votación.

Todo sucedió con el ritmo propio de lo inexorable y, finalmente, el matrimonio presidencial obtuvo la media sanción del proyecto de nacionalización de las AFJP por parte de la Cámara de Diputados.

“Los Kirchner han sabido dividir a la oposición”, se vanagloriaba un funcionario K que vivía la victoria de la madrugada del jueves con cierto aire de revancha.

“En realidad esta división que tenemos los opositores no es mérito del Gobierno sino defecto nuestro”, se sinceraba, amargamente, un diputado que votó en contra del proyecto y que vivió las alternativas de la sesión de Diputado a la manera de crónica de una derrota anunciada.

En su excelente artículo titulado “Sobra indignación y falta coincidencia” que publicó La Nación el miércoles pasado, Santiago Kovadloff resumió magistralmente la situación que vive la oposición la cual, con sus atomización y falta de capacidad para generar un proyecto político que constituya una alternativa factible, es corresponsable del miasma que hoy afecta a la vida política e institucional de nuestro país. Es una realidad que hoy preocupa a la sociedad argentina. Como bien escribió Kovadloff, “¿Oirán ese rumor las voces actuales que se dicen voceras de la disconformidad con el Gobierno? Porque si oyesen ese rumor sabrían que la salida de la vida espectral que llevamos exige convergencia, diálogo, tanta humildad como firmeza, derrota de la fragmentación empecinada que ellos mismos contribuyen a crear”.

La Cámara de Diputados es un ejemplo de esta fragmentación. Por su universo discurren, entre otros, los siguientes bloques:

*Radicales, radicales K y, después del voto “no positivo” de Julio Cesar Cleto Cobos, radicales cobistas.

*Justicialistas disidentes.

*Ex integrantes del ARI que se distanciaron de Elisa Carrió y que formaron el bloque SI (Solidaridad e Igualdad).

*La Coalición Cívica.

*Socialistas que están con la Coalición Cívica.

*Socialistas que no están con la Coalición Cívica.

*Socialistas que no están con ninguno pero que están peleados entre si.

*El PRO…

Y sigue la nómina.

La elección presidencial de octubre de 2007 es un buen ejemplo del efecto político e institucional que produce esta división que, al día de hoy, parece insuperable. En efecto, si tenemos en cuenta el resultado electoral observaremos que, sumada, la oposición sacó más votos que Cristina Fernández de Kirchner. Sin embargo, esa disgregación de la oposición les permitió a los Kirchner no sólo ganar la elección por más de 20 puntos sino también obtener un mayor número de bancas en el Congreso y, por ende, acrecentar su poder.

Las consecuencias de la brutal crisis de 2001 todavía se sienten sobre las estructuras partidarias. La experiencia del rejunte y la contradicción de la Alianza aún pega muy fuerte en la oposición. “Ese es un problema que en el justicialismo no tenemos”, reconocía un hombre K, quien agregaba: “por eso pueden sobrevivir, políticamente, quienes ayer votaron por las AFJP y defendieron el modelo neoliberal de Menem y compañía hoy dicen y hacen exactamente lo contrario sin inmutarse. Todo eso, en general, se tolera. Acá lo que importa es el poder. En cambio, para la oposición el tema ético pesa. Imagine a Macri y a Carrió juntos. Eso da suma 0. ¿Además, se imagina el pic-nic que sería para nosotros enfrentar algo así?”.

Por todo esto es que la oposición no tendrá salida ni posibilidad de constituir una alternativa de poder hasta que no cambie el eje de la construcción política. Si todo se hace comenzando por las personas y no por las ideas y las propuestas el resultado seguirá siendo el fracaso.

Dentro del oficialismo la situación más tensa es la que protagonizan Felipe Solá y el grupo de diputados que lo acompañan. “Felipe se va a ir porque dentro del bloque se hace imposible disentir o alcanzar propuestas diferentes. Los K se transformaron en un bando que impone mayorías. Imagine que si no escuchan a sus propios ministros menos van a escuchar a los diputados. A Felipe no sólo no lo escuchan sino que, encima, lo maltratan y cuando se arma la lista de oradores para debates trascendentes como este de la nacionalización de las AFJP, lo mandan a las 4 de la mañana”, confiesan quienes están en las cercanías del ex gobernador de la Provincia de Buenos Aires.

En los planes de Néstor Kirchner ya está delineado el accionar político futuro. El objetivo será reconquistar el capital político perdido por el matrimonio presidencial en este primer año con aires de cumbres borrascosas de la administración de Cristina Fernández de Kirchner. Para ello se dedicará una parte importante de los fondos transferidos de las AFJP a obra pública. Parte de esos fondos irán, pues, a las manos de De Vido y sus “buenos muchachos”.

Nota al pie: En su desesperado intento por no perder el negocio, las AFJP presentaron un proyecto alternativo que, entre otras cosas, contemplaba la eliminación de las comisiones en el caso de que la rentabilidad de las colocaciones de los fondos de sus afiliados fuera negativa. Esa era una verdadera vergüenza que le significaba a la administradora un riesgo 0. Es decir que a la AFJP no le preocupaba mucho si la inversión que había decidido era buena o mala, ya que el riesgo lo corría el aportante. ¡Un escándalo!

En el medio de todo esto está la crisis económica, cuyos efectos adversos se van sintiendo con mayor fuerza en la Argentina. Hay situaciones que ejemplifican muy bien la señal de alarma que se ha encendido en muchos sectores. Rosario y sus alrededores constituyen un ejemplo a tener muy en cuenta. Esa es una zona testigo de la Argentina. En momentos de bonanza la economía allí se reactiva rápida y sostenidamente del mismo modo que cuando la actividad económica se desacelera sus efectos negativos se sienten inmediatamente.

“La situación no es como en el 2001 pero ha comenzado una ola de despidos y suspensiones que ha quebrado la tendencia de disminución del desempleo. Esto nos preocupa”, reconocía una fuente sindical en la ciudad de Rosario.

A ello hay que agregar el “parate” que, como consecuencia de las secuelas del conflicto con el campo del cual el Gobierno sigue decidido a vengarse implacablemente, se observa en forma extendida en muchas provincias.

El ex presidente en funciones, en su rol de ministro de Economía, estuvo en la semana preocupado por el tema del dólar. Ante el costo cada vez mayor que tenía para el Banco Central la pulseada que estaba llevando adelante con “el mercado”, Néstor Kirchner cortó por lo sano y llamó a escena a su gendarme favorito, Guillermo Moreno, quien puso en práctica su metodología de siempre: el apriete. Hay que reconocer que fue efectivo para bajar la fiebre. El dólar retrocedió 7 centavos y el Central pudo recomprar 120 millones de dólares. El problema de fondo, en cambio, persiste. Ese problema se llama desconfianza. Y ese es un asunto político que no pueden arreglar ni este Moreno ni ningún otro Moreno. Un ejemplo de esto es lo que está pasando en el sector bancario. En octubre salieron de los bancos unos 2.500 millones de pesos que estaban en plazos fijos. Fue imposible retenerlos a pesar del aumento de las tasas de interés en un promedio de un 5% por sobre lo que se estaba pagando en septiembre. La consecuencia de esto es que hoy casi no hay crédito.

La desconfianza económica tiene su raíz en el centro del poder político, es decir, en el matrimonio Kirchner, que ha hecho del poder una isla.

A este poder los temas le van llegando como oleadas. En estas horas, uno de ellos tiene que ver con la inseguridad. En el Gobierno entonces ya no se habla más ni de sensación ni de invento de los medios. Ahora se habla de policías que actúan bien. Se dice que hay que dejar la teoría y actuar con apego a la realidad. Se acusa a jueces garantistas de hacer que los delincuentes (“chorros” en el lenguaje que en estos días vienen utilizando varios funcionarios del Poder Ejecutivo) entren por una puerta y salgan por la otra. “Y pensar que después lo criticaban a Blumberg”, reconocía, con desencanto, alguien que supo ser un kirchnerista de la primera hora.

A este poder le preocupa y le molesta el accionar de jueces y fiscales que actúan con independencia. Lo que ha ocurrido con el fiscal nacional de Investigaciones Administrativas, Manuel Garrido, es grave. El Dr. Garrido venía llevando adelante una tarea muy importante en la investigación de causas que comprometían seriamente a funcionarios y ex funcionarios del gobierno de los Kirchner. Las causas más relevantes eran –son– el caso del INDEK, el caso Skanska, el supuesto enriquecimiento ilícito de Néstor Kirchner y la bolsa de Felisa Miceli. Estos casos, que están literalmente “planchados” en la Justicia –excepto este último, en el que fue procesada la ex ministra de Economía–, tuvieron en Garrido un investigador perseverante y severo. Los elementos de prueba que logró fueron de una contundencia indiscutible.

Está claro que esto disgustó al Gobierno que, además, se sintió en peligro. Por lo tanto, hubo represalia y por orden del procurador general de la Nación, Dr. Esteban Righi, se dispuso la reducción de las facultades investigativas del Dr. Garrido. Esto significa, concretamente, que los funcionarios políticos quedarán al margen de su órbita de investigaciones.

El hecho es ominoso por el mensaje que conlleva para todos aquellos fiscales que pretendan investigar a funcionarios políticos. Los Kirchner, en esto como en otras cosas, son implacables. Ya habían hecho algo similar con el Dr. Eduardo Emilio Sosa cuando era procurador general de la provincia de Santa Cruz. Sosa investigó hechos que comprometieron al poder político que encabezaba el hoy matrimonio presidencial.

Ante este hecho, mi memoria acude a la contundencia inexorable de la historia. Y aparece el episodio de la limitación primero y el despido después del fiscal Archibald Cox, quien, en su célebre mensaje de despedida, dijo: “Dependerá del Congreso y del pueblo de los Estados Unidos si en nuestro país continuará habiendo un gobierno de la ley”. Esto ocurrió hacia fines de 1973. La orden de echar a Cox la dio el entonces presidente Richard Nixon, a quien el fiscal estaba investigando por su participación en el caso Watergate.

Producción periodística: Guido Baistrocchi con la contribución de Santiago Serra

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