Con distintos matices, la crisis ya se siente en el sur de la provincia

Despido de contratados, reducción de horas extras, adelanto de vacaciones, una retracción en el consumo de algunos bienes y servicios, pero sobre todo una gran desconfianza son hasta ahora las principales consecuencias de la crisis internacional en la región. Con distintos matices e intensidad, las localidades que rodean a Rosario empiezan a acusar recibo de esta situación recesiva que, en rigor, es más lo que genera a nivel de incertidumbre que lo que hasta ahora ha repercutido en lo concreto.
En las zonas más industrializadas el principal fantasma pasa por los despidos. Es que algunas empresas ya comenzaron a rescindir contrato con su personal no permanente o con las firmas con las que tercerizan trabajo. Otras lanzaron planes de ajuste interno que influyen en las condiciones laborales del personal, y algunas congelaron las negociaciones salariales.

En este marco, y de acuerdo a cada ciudad, se redujo cuantitativamente el consumo de algunos artículos, como muebles, electrodomésticos e indumentaria, mientras que en la alimentación la merma es cualitativa: la gente compara más los precios.

Aunque de manera desigual, también cayó en la región el ritmo y nivel de la construcción, gran movilizadora de la economía. Sólo en la entrerriana Victoria, que vive un presente muy particular con el puente y los nuevos desarrollos turísticos, el boom de los ladrillos no se detuvo.

La situación también caló en las arcas municipales y comunales, que ven disminuida la capacidad de recaudación.

Lo que sigue en las próximas páginas es un completo informe, zona por zona, de cómo se vive esta nueva instancia.

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