Una disputa en la que las mujeres pasaron al centro del escenario

Es otra muestra de la "occidentalización" de la campaña iraní; preocupación de los ayatollahs
TEHERAN.- Los ayatollahs están molestos con el estilo occidental que han adquirido las campañas de los candidatos presidenciales para las elecciones de mañana en Irán. Grandes mítines, movilización masiva de grupos de jóvenes, debates entre los aspirantes e, inevitablemente, acusaciones sin respaldo y mentiras.

Aunque el presidente Mahmoud Ahmadinejad, que aspira a la reelección, es el favorito del líder supremo, el ayatollah Khamenei, de todos modos recibió una advertencia por denunciar sin pruebas los supuestos negocios corruptos de un poderoso ex presidente, Ali Hashemi Rafsanjani. "Las campañas no deben perder el tono islámico", dijo Khamenei.

Pero no mencionó otro desliz de Ahmadinejad, el que provocó mayor molestia entre los partidarios del principal aspirante opositor, Mir Hossein Moussavi: durante un debate televisado entre ambos, el presidente sacó una foto de Zahra Rahnavard, la esposa de Moussavi, y preguntó a su rival: "¿Conoce usted a esta mujer?". Ahmadinejad afirmó que ella había adquirido sus títulos académicos con trampas.

"Uno puede tener un conflicto muy grave con otra persona", reclamó Arash, un informático de 23 años simpatizante de Moussavi que hace campaña por su cuenta junto a su amigo Behzad. "Pero es innoble meterse con el nomus ", añadió. ¿Qué es el nomus ? "Son tus amadas femeninas, tu madre, tu mujer, tu hija. En Irán, eso no se puede." En un cruce de avenidas, los dos chicos reparten volantes y practican danzas tradicionales, al grito de "Ahmadinejad, ¡con el nomus no!".

Aunque la mentira puede haber calado entre los votantes menos informados, los méritos de Rahnavard, una catedrática universitaria con 15 libros publicados y dos doctorados, se convirtieron rápidamente en información de dominio público. Y tuvo el inesperado efecto de incrementar la popularidad de esta profesora, quien tiene que insistir ante la prensa en que no es una Michelle Obama iraní.

"O él no puede tolerar a las mujeres con mucha educación o está tratando de evitar que tengamos un papel activo en la vida pública", fue la respuesta de Rahnavard a Ahmadinejad. Y no sólo él: diversos órganos del Estado, encargados de supervisar a quienes desean convertirse en candidatos, descalificaron a la totalidad de las 42 mujeres que se presentaron.

La dinámica social opera en su contra, sin embargo. Un aspecto en el que la Constitución no discrimina a las mujeres es el del voto: los suyos valen lo mismo que los de los hombres. Y cada vez están menos dispuestas a pedir la instrucción del padre o del marido para usarlos; de hecho, el nivel educativo femenino crece con mayor velocidad que el masculino.

Al principio, la participación de Rahnavard en la campaña de su marido era una rareza que provocaba alarma entre los conservadores y curiosidad entre los liberales.

En los últimos días, y en parte gracias a la descortesía de Ahmadinejad, se ha convertido en una importante muestra de la honestidad del candidato opositor. "Yo no le creería nada a Moussavi si tuviera a su esposa encerrada en casa", dijo Saadat, una chica de la Universidad de Teherán, de 19 años.

A ella no le importa que Rahnavard se presente en público debajo de un chador (una tela negra que cae de la cabeza hasta los pies), ya que "es una decisión personal". Tampoco que Moussavi, en caso de triunfar, se enfrentará a un Congreso, elegido en 2007, dominado completamente por conservadores que probablemente tratarán de bloquear sus propuestas de cambio. Los hechos, para ella, están en el ejemplo del candidato y su esposa: "Son una pareja moderna. Cada uno con su vida profesional y sus proyectos, y se apoyan uno al otro cuando es necesario".

"¡Rahnavard, Rahnavard, igualdad entre mujer y hombre!" (en farsi sí rima), gritan Saadat y decenas de jóvenes de ambos sexos que piden el voto por Moussavi en la calle Amir Kabir, en el sur de Teherán, y que se detuvieron frente a un negocio donde los televisores muestran la imagen de la mujer del candidato opositor. Junto con la sorprendente movilización juvenil, la participación femenina es otra novedad de esta campaña. No sólo entre las huestes de Moussavi; el ejemplo ha motivado a otros candidatos.

La esposa de otro de los candidatos, el también reformista Mehdi Karroubi, ha asumido la dirección de su campaña en la capital, mientras que Mohsen Rezai, nada menos que un conservador de línea dura, prometió nombrar a la primera mujer para el cargo de canciller.

Torpemente, Ahmadinejad ha tratado de cubrir el flanco con concesiones menores, como relajar el código de vestimenta femenino en sus eventos públicos. Pero más que las diferencias de clase social, una distinción clara entre los actos del presidente y los de Moussavi son precisamente las mujeres. Usan chador en los del presidente, y pañoletas de colores, maquillaje y camperas entalladas en los del candidato opositor.

Una vez convertidas en activo político, las mujeres brindan su apoyo. Pero no es incondicional. Moussavi tiene el de Rahnavard, que en su encuentro con la prensa utilizó el plural al describir el próximo gobierno: "Reconsideraremos los casos de las mujeres detenidas por causas políticas y les aseguro que la libertad de expresión será prioritaria".

Esto gustó a muchas mujeres, forzadas a sostener la lucha por la equidad en condiciones de clandestinidad. No sólo por la perspectiva de la liberación de sus compañeras. También porque no quedará sólo en manos de Moussavi. Al lado tendrá una mujer que le recuerde lo que tiene que hacer. "A veces a los hombres se les olvidan las cosas, o no saben, o no quieren, y entonces tenemos que estar ahí para que las hagan", dice Saadat. "Aunque siempre es mejor cuando las hacemos nosotras mismas."

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