Los disidentes, disconformes con la visita a Cuba

Las Damas de Blanco, que piden por los presos políticos, cuestionaron a la Presidenta
LA HABANA.- En un rincón de esta ciudad, hay una nota que espera aún a Cristina Kirchner. Es de Héctor Fernando Maseda Gutiérrez. La escribió desde la cárcel de Matanzas y la adosó a su libro Enterrados vivos, para que alguna vez la lea la Presidenta.

Sólo quería que Cristina se enterara de su dolor, el mismo de su mujer, Laura Pollán, una de las integrantes de las Damas de Blanco, la agrupación de mujeres que reclama con sus marchas silenciosas por las calles cubanas la libertad de los más de 200 presos políticos de esta isla.

No es sólo la médica Hilda Molina la que tiene algo para decir del paso de la Presidenta por esta ciudad. También ellas tienen sus reclamos.

"Nosotras no queríamos reunirnos con la Presidenta. Queríamos reunirnos con la mujer, con esa abogada que siempre se destacó por defender los derechos humanos", dice Pollán, que llega apurada a la entrevista con LA NACION.

Horas antes, la mujer había recorrido tres embajadas con sus colegas de los pueblos del interior. El cometido de la agrupación a la que pertenece es claro: sus miembros buscan por todos lados un gobierno que las ayude.

El marido de Laura es uno de los 75 hombres detenidos entre el 18 y el 20 de marzo de 2003 por supuesta conspiración contra el gobierno cubano. Maseda Gutiérrez era presidente del Partido Liberal de Cuba y un periodista independiente que publicaba sus artículos en sitios como Periodistas sin Fronteras. Lo acusaron de recibir dinero por esos trabajos del gobierno de los Estados Unidos: suficiente cargo para una pena de 20 años de prisión.

Junto con el resto de las damas, Laura dejó en la embajada argentina en esta ciudad una carta dirigida a Cristina Kirchner. No obtuvo respuesta.

"Yo creo que, al ser la presidenta, le ha resultado más difícil exponer sus verdaderos sentimientos. Cuando era primera dama, en dos ocasiones planteó que, si venía a Cuba, en su agenda debía aparecer una reunión con las Damas de Blanco y con la doctora Hilda Molina", rememora Laura, en alusión a las dos veces que como senadora Cristina Kirchner intentó viajar a la isla. Esas visitas se frustraron por su insistencia en reunirse con las agrupaciones disidentes.

Laura habla pausadamente y con una calma difícil de entender cuando narra su situación. Sus ojos claros lagrimean. "Para nosotras, que tanto sufrimos el dolor y lo que es la separación familiar, hubiera sido de mucho aliento una conversación con la Presidenta", insiste.

Hace una semana, ella y sus damas caminaron a metros de donde estaba hospedada Cristina Kirchner, sin saberlo. Salieron del punto habitual de reunión, la iglesia de Santa Rita, y caminaron, como de costumbre, por la quinta avenida.

Las mujeres iban vestidas de blanco, con crisantemos en las manos, en dos columnas de no más de diez mujeres de cada lado. Pasaron a pocas cuadras de la residencia oficial El Laguito en el mismo momento en que la Presidenta salía rumbo a un almuerzo distendido y fuera de agenda en La Habana Vieja.

Reclamo de comprensión

"No podemos obligar a nadie a que nos reciba. Pero Cristina, en lo más profundo de su corazón, sabrá que hay mujeres que sufren y que ella pudo habernos dado un poquito del amor y la comprensión que tanto necesitamos", refuerza.

Las Damas de Blanco son las únicas que entre los grupos disidentes salen a marchar por las calles de esta ciudad. La más traumática de esas manifestaciones fue en abril del año pasado, cuando un batallón de mujeres de la policía cubana las sacó arrastrando de la Plaza de la Revolución. "Este es un gobierno mudo, sordo y ciego", dice, sobre Fidel y Raúl Castro.

Su casa en el centro de La Habana, sobre la calle Neptuno, comienza a llenarse de mujeres. Es el lugar habitual de reuniones. Apaga su computadora portátil, sin Internet, regalo de un argentino, y se va a escucharlas.

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