"Hay que discutir una nueva alternativa política"

El diputado nacional y referente de la CTA, Claudio Lozano, afirmó que es necesario "replantear la situación social y depurar las instituciones" del país.

"Hay que debatir cómo se construye una nueva alternativa política que desaloje a quienes gobiernan articulados con el crimen", afirmó.

Construir un nueva experiencia política con estructura a nivel nacional. Ese es el objetivo de las organizaciones que integran la CTA, quienes protagonizaron en esta ciudad la Constituyente Social, un encuentro que prevé trazar un plan de acción para los próximos años.

Entre los cientos de representantes que llegaron de todas partes del país, se encuentra Claudio Lozano, diputado nacional y economista, y una de las voces más representativas de la Central. Con la inquietud de construir una herramienta electoral a nivel nacional, el legislador de Buenos Aires para todos conversó con La Mañana de Neuquén sobre la actual coyuntura política y económica en Argentina.

¿Cuál es el objetivo de la Constituyente Social, encuentro que van llevando por distintos puntos del país?

Esta es una iniciativa que la CTA planteó hace ya dos años y se trata de un proceso con el que efectivamente vamos recorriendo el país en una suerte de convocatoria dirigida a la construcción de una nueva experiencia política en la República Argentina.

Este camino generó ya algunos hechos importantes. El primero más relevante fue en Jujuy, en octubre del año pasado, cuando se dieron cita 700 participaciones de 700 localidades distintas del país y desde ese momento hemos desarrollado otros tantos encuentros y aquí, en Neuquén, llegaron el viernes 4.000 delegados de diferentes organizaciones con el objetivo de debatir y de hacer explícita una propuesta de construcción política nacional, que es en todo caso lo que saldrá de aquí seguramente.

Entrando en los temas de coyuntura, ¿cómo ve el panorama económico del país?

Es cierto que en términos de actividad económica es posible esperar, en el curso de 2010, cierta recomposición económica respecto a los niveles de caída que tuviera en el año 2009. Lo que puede esperarse es recuperar lo que se había perdido.

Igualmente, considerando el impacto que la crisis mundial tuvo durante este año en la economía argentina y por más que se produzca este rebote, esto no significa que los problemas de agotamiento que se venían evidenciando con antelación al efecto generado hayan desaparecido.

En Argentina, los problemas no tienen que ver solamente con este punto sino que ya desde antes, para comienzos de 2007, el modelo oficial estaba mostrando signos notorios de agotamiento que se habían expresado, por ejemplo, en el proceso de elevación de los precios.

En este sentido, yo considero que nuestro país ha caído en una nueva coyuntura en donde las opciones que se le presentan, como resultado de no haber asumido los desafíos y las transformaciones que corresponden, es volver a adoptar entre ajustar o endeudarse. En la práctica concreta, en lugar de rechazar esta falsa opción y de encarar una estrategia de desarrollo recuperando en manos públicas aquellas rentas extraordinarias que nos permitirían financiar ésta, lo que se observa con preocupación es que claramente el Gobierno ha tomado el camino de volver al endeudamiento.

Se refiere a la nueva negociación con los holdouts…

En esa dirección es que se inscribe la lógica de abrir el canje con los holdouts. En el mismo nivel está la discusión de tomar el compromiso de pagarle al Club de París e incluso, luego de esto, permitir la revisión de la economía argentina por parte del Fondo Monetario Internacional (FMI). Son todas definiciones que están inscriptas en una estrategia cuyo objetivo es hacerle volver a tropezar a la Argentina, otra vez con la misma piedra. De esta forma, se sigue tratando de hacer funcionar un modelo concentrador y desigual que ciertamente no tiene la capacidad de resolver los problemas sociales que tiene una Argentina con 14 millones de pobres ni tampoco para solucionar los conflictos de desestructuración regional o los problemas productivos.

Hablando de problemas sociales, ¿Cuál es su postura con respecto al tema de la inseguridad, que por estos días volvió al tapete con declaraciones de varios personajes televisivos?

Nuestro país tiene un problema brutal y profundísimo de seguridad social, en el marco del cual se inscriben los problemas de seguridad individual.

Es muy difícil pensar que uno puede resolver los problemas de este tipo si en la práctica no se resuelve la desigualdad y el empobrecimiento de la Argentina.

Más allá de este punto, que sería una reflexión general, hay una serie de puntos que hacen a la problemática institucional y que ciertamente no están encarados en ninguna agenda oficial para poder resolver los problemas del crimen. A decir verdad, la idea de seguridad es tramposa. Es un discurso fuertemente inscripto en la lógica de cierta visión de derecha que piensa los problemas sociales desde la perspectiva de disciplinarlos y de reprimirlos. El conflicto es de criminalidad.

¿Qué se debe hacer con el crimen?

El crimen, sobre todo aquel que está extendido en Argentina y que tiene hoy un elevado nivel de planificación y de organización, el que está vinculado al narcotráfico, al secuestro y/o a la trata de personas y al robo de automotores, supone bandas delictivas que no sólo producen los hechos de inseguridad individual de los que tanto se habla sino que existen cosas peores atrás de cada crimen.

El hecho que esta semana causó horror en la sociedad fue el de la maestra y arquitecta que fue asesinada en la zona sur del conurbano bonaerense para que los delincuentes se roben el auto pero lo grave es que ese auto va a generar dinero en un desarmadero, que opera a la luz pública con la complicidad de las intendencias y de la propia Policía que conocen dónde se encuentran estos lugares.

Una política de seguridad seria no termina ni comienza en aquellas personas que cometen un crimen sino que ciertamente en Argentina hay un conjunto de instituciones, de carácter político y policial, que están absolutamente inficionadas e involucradas en esta problemática.

Más allá de los intercambios de epítetos, lo que necesitamos son dos cosas: replantear su situación social en pos de solucionar los problemas de desigualdad y empobrecimiento y también depurar sus instituciones.

¿Es posible cambiar esta realidad, sabiendo que la Policía y las intendencias conocen este cuadro e incluso son cómplices, como usted afirma? ¿Quién sanciona a quién?

Justamente plantear este conflicto en los términos que menciono, implica que una de las medidas fundamentales para revertirlo sea el crear experiencias políticas nuevas.

Está claro que si nosotros tenemos una realidad de inseguridad creciente en el conurbano bonaerense -que viene siendo gobernado por los mismos intendentes hace más de 20 años- hay una relación directa entre lo que es ese tipo de gestiones gubernamentales y la situación de inseguridad de dicha región del país. Por lo tanto, no es independiente discutir cómo se construye una nueva alternativa política que sea capaz de desalojar a quienes viven gobernando articulados con los procesos criminales y de inseguridad vigentes y resolver el problema. No hay que tener un discurso mentiroso en este sentido.

Retomando el tema político ¿Cree que la renovación del Parlamento traerá un cambio al escenario actual?

Sí. La expectativa que tengo es que frente a un Parlamento que va a tener simplemente una constelación de minorías, no va a haber mayorías. Esto, por un lado, facilita y es una invitación a que existan discusiones mucho más sensatas y profundas dentro del Congreso Nacional.

En segundo lugar creo que este cambio también permitirá que el Parlamento sea un ámbito mucho más permeable para las reivindicaciones de las diferentes organizaciones sociales.

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