Discusión a fondo por el Código

Sesenta mil. Es el número mínimo de viviendas que harían falta para eliminar el déficit habitacional en el partido de La Plata. Eso, en base a las cifras del censo de 2001, uno de los tantos datos que surgió de una jornada de debate sobre un proyecto del cual se conocen diferentes versiones, pero que se aproxima con paso firme hacia el Concejo Deliberante.
Se trata del Código de Ordenamiento Urbano, una voluminosa ordenanza que, en muchos aspectos, sólo puede ser interpretada por especialistas como arquitectos o constructores, pero que afecta la vida de todos los platenses. Sencillamente porque establece el diagrama de crecimiento de la ciudad. Hacia dónde el Estado deberá llevar servicios: agua, asfalto, cloacas, centros de salud, escuelas. Que condiciona el desarrollo económico, ya que permite o prohíbe la instalación de industrias, comercios y explotaciones agropecuarias. De la sabiduría con que se plasme depende mucho el bienestar de los platenses. Por ejemplo, una mayor accesibilidad a la vivienda propia, con servicios adecuados.

Aunque también puede facilitar la especulación inmobiliaria: el negocio de bajo riesgo y alta ganancia para aquellos empresarios que tengan poder de lobby y que, gracias al "pase de magia" de un cambio de zonificación, vendan a 50 lo que compraron por 10. O construyan un edificio céntrico cuando no existen garantías de que las cloacas o el agua soporten la saturación de construcciones de altura. Claro que en este caso las ganancias serían para los privados, pero los problemas para el Estado, que deberá resolver con recursos propios las obras necesarias que demanden los vecinos.

Algún arquitecto se preguntó quién se hará cargo del costo de llevar los servicios a los clubes de campo y barrios cerrados cuya construcción se habilitaría

en la reforma que propone el Ejecutivo municipal, cuando en Altos de San Lorenzo y Villa Elvira -por citar tan sólo dos ejemplos- existen vecinos que no acceden al servicio de agua potable y cloacas.

Y la mención al "lote social" en los borradores del anteproyecto, si bien es un síntoma de realismo que toma en cuenta la problemática de unos 250.000 platenses, suena un poco escasa ante la retahíla de artículos destinados a "flexibilizar" la norma, que parecen escritos por el puño de los empresarios.

No es cuestión de sabotear las inversiones en la construcción, que multiplican empleos. Pero tampoco de entregarle a los zorros el control del gallinero. La vieja discusión: para quién legisla el Estado. A quién le cobra impuestos, y hacia dónde orienta sus gastos e inversiones. Decisiones políticas, pero en serio. Que poco tienen que ver con las minucias, mezquindades y codicias que usualmente se denominan "política" aun por muchos actores de la "cosa pública".

En los próximos días el intendente y los 24 concejales elegidos por el pueblo tendrán la oportunidad de demostrar si están a la altura del mandato que les fue conferido. Si la política predomina sobre los negocios, o los negocios sobre la política.

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