En sus discursos, los gobernadores reparten culpas.

En sus discursos, los gobernadores reparten culpas.
En una semana, José Alperovich abrirá formalmente el 104º período de sesiones ordinarias de la Cámara con una alocución en la que hará mención a la crisis económica. El acto supone una rendición de cuentas.
No existe sistema de gobierno en el que las instituciones que lo conforman puedan prescindir de gestos o de símbolos. Pueden variar las formas y hasta los contenidos, pero son las ceremonias las ocasiones que los gobernantes aprovechan para legitimar el ejercicio del poder. En una semana el gobernador, José Alperovich, protagonizará una de las expresiones más solemnes que permite el sistema republicano. Por sexta vez consecutiva, abrirá el año legislativo en su condición de titular del Poder Ejecutivo.

Los especialistas dividen sus opiniones al hablar del significado del acto de apertura de sesiones ordinarias de un Poder Legislativo. Un sector de la doctrina constitucional considera que se trata de una práctica heredada de las estructuras monárquicas, que ponían en cabeza del conductor del Estado la posibilidad de habilitar el funcionamiento del resto de los poderes. En este esquema, se sostiene que los cuerpos deliberativos se encuentran en inferior jerarquía respecto del Poder Ejecutivo y necesitan de su venia para comenzar sus tareas. Otros consideran que se trata de una verdadera rendición de cuentas y una asunción de compromisos por parte de un poder con relación a otro.

La solemnidad de la ceremonia también genera divergencias, ya que los legisladores no pueden hacer uso de la palabra durante el acto. Algunos constitucionalistas justifican que ese derecho se vea circunstancialmente limitado por las características del evento; otros, en tanto, consideran que los parlamentarios no pueden ser considerados convidados de piedra, y que la presencia de la máxima autoridad del Estado en el recinto debe ser tomada como una muestra de acatamiento a los representantes del pueblo. Pero más allá de las controversias, se trata de una tradición solemne consagrada en la Constitución nacional. De hecho, la Carta Magna local establece, en el artículo sobre sus atribuciones y deberes, que el gobernador debe dar cuenta de sus actos administrativos, exponer la situación de la Provincia, las necesidades urgentes, y recomendar atención a los asuntos que reclamen cuidado preferente.

Los antecedentes indican que el contexto en el que se desarrolla la apertura de sesiones es un elemento que condiciona el tono del discurso del gobernador. Como si se tratara de una práctica también obligada por el protocolo y por las pautas constitucionales, desde el retorno de la democracia los gobernadores efectuaron similares diagnósticos sobre la realidad tucumana. Y, con excepción de Ramón Ortega y de Julio Miranda, los demás (Fernando Riera, José Domato, Antonio Bussi y el propio Alperovich) pusieron énfasis en la responsabilidad que tuvieron sus antecesores en el complicado escenario económico y social que les tocó enfrentar. De hecho, la palabra “crisis” se repitió en cada una de las rendiciones de cuentas de los mandatarios provinciales.

También es cierto que cada gobernador impone su estilo dentro de las posibilidades que le brinda el estricto protocolo. En abril de 1992, por ejemplo, “Palito” Ortega se dio el gusto de ingresar a la Cámara acompañado con una banda de música tocando “La sonrisa de mamá”. El gobernador Alperovich, en tanto, acostumbra recorrer las cuadras que separan la Casa de Gobierno del Palacio Legislativo acompañado por su esposa y sus hijos. Sin embargo, esa tradición se rompió en 2007, ya que Beatriz Rojkés, por su rol de diputada nacional, debió presenciar en Capital Federal el discurso de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner ante el Congreso.

Con Alperovich, además, se dio otro hecho significativo. Por cuestiones de salud, el discurso del año pasado rompió con la tradición de las alocuciones extensas. En el recinto, el gobernador pronunció un discurso breve, de unos 20 minutos. Y, según confiaron fuentes del Gobierno, la intención es mantener esa línea de alocuciones sintéticas.

2004: énfasis en materia económica y fiscal

Previsibilidad fue el concepto que el gobernador, José Alperovich, resaltó durante la apertura del 99º período de sesiones ordinarias de la Legislatura. En su primera presentación frente a los parlamentarios, el titular del Poder Ejecutivo aseguró que, en materia económica, 2004 se resolvería sobre la base de una administración responsable, manteniendo la lucha contra la evasión, del aumento de la recaudación y del equilibrio fiscal.

“La gente no aceptará que tengamos problemas con los sueldos”, dijo, sentado al lado del por entonces vicegobernador, Fernando Arturo Juri. Sin embargo, Alperovich alertó que se estaba frente a una luz amarilla en materia económica: el vencimiento de $ 300 millones de la deuda pública provincial en 2005.

2005: entre lo político y la situación social

En un hecho inédito en materia institucional, aunque justificado por tratarse del comienzo del centésimo año de deliberaciones del Poder Legislativo, los legisladores escucharon dos discursos desde sus bancas. Primero habló Fernando Juri, y luego lo hizo Alperovich. Coincidieron en rescatar la convivencia política que reinaba en Tucumán. Sin embargo, en el informe realizado por el titular del Poder Ejecutivo se advirtió que la situación social en la provincia seguía siendo dramática, a pesar de los cambios que se evidenciaban.

“En el Gran San Miguel de Tucumán la pobreza descendió del 62 al 52 %. Esto significa que todavía tenemos 220.000 tucumanos que enfrentan condiciones durísimas de vida. Estas cifras son dolorosas y nadie puede mirar para otro lado”, dijo.

2006: signado por la muerte de Paulina

Fue una de las presentaciones más duras para el gobernador. El 1 de abril de 2006, Alperovich reconoció frente a los legisladores que se había visto obligado a replantear su política de seguridad pública. “Cuando uno gobierna, comete errores. El asesinato de Paulina (Lebbos) nos dolió y nos estremeció a todos. Murió la hija de un compañero. El Gobierno no podía ser soberbio ante esta situación”, dijo. Alperovich habló durante una hora y 40 minutos. Sostuvo que 2006 sería el año más importante de su gestión y anticipó que, en marzo de 2007, se produciría el despegue definitivo de Tucumán.

Sin embargo, el mandatario reconoció en esa oportunidad que la pobreza continuaba siendo el principal problema por resolver en la provincia.

2007: el momento de la ruptura con Juri

Las semanas previas al discurso del gobernador estuvieron marcadas por la tensión interna entre alperovishistas y dirigentes del jurismo, producto de los comicios partidarios que se realizarían el 1 de abril. Se trató, además, de la primera oportunidad en la que el acto se concretó el 1 de marzo, según lo dispuesto tras la reforma de la Constitución.

Alperovich llegó al recinto legislativo acompañado por una fuerte custodia y, en la última alocución de su primera gestión, reivindicó los avances conseguidos en salud, en educación y en obras públicas. Reconoció como una deuda la lucha contra la inseguridad y reclamó tiempo para profundizar los cambios impulsados por su Gobierno. Pese a los temores, no hubo enfrentamientos entre dirigentes del PJ.

2008: prometió combatir la venta de drogas

En 2008, primer discurso en carácter de gobernador reelecto, José Alperovich remarcó los logros de su primera gestión, al mencionar la reducción de indicadores sociales, como mortalidad infantil, desempleo y pobreza. En el recinto, habló de la necesidad de incluir en la sociedad a los miles de jóvenes que habían sido marginados por las “políticas antipopulares que azotaron el país”, sacándolos de problemáticas como la droga. Paradójicamente, en 2009 el gobernador llegará al recinto de sesiones luego de que el flagelo del consumo de drogas en sectores marginales de la sociedad estallara con crudeza.

“Hoy nuestra economía provincial es la más dinámica de la región y crece por encima de la media nacional”, ponderó en aquella ocasión el titular del Ejecutivo.

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