Discurso de izquierda, actitudes de derecha

Por Fernando Laborda

Pocas veces el discurso de tinte progresista de los Kirchner ha exhibido tantas contradicciones como desde que se instaló, merced al mensaje papal, el debate sobre la pobreza. Es raro que el matrimonio presidencial no haya advertido que, de acuerdo con las estadísticas del Indec, con una eficiente reasignación de los recursos públicos el Gobierno podría borrar la indigencia de un plumazo.

Según datos del último semestre de 2008 del organismo oficial de estadísticas, el 4,4 por ciento de la población es indigente; esto es, alrededor de 1.600.000 personas, aunque, de acuerdo con estudios privados, podrían llegar al doble. Una familia tipo requiere un ingreso de 444 pesos mensuales para acceder a la canasta básica alimentaria, según el Indec.

Siguiendo estos números, si el Gobierno destinara los casi 10 millones de pesos que pierde Aerolíneas Argentinas por día a la compra de la canasta de alimentos del Indec, podría darles de comer a unas 675.000 familias de cuatro integrantes. Ergo, terminaría con la indigencia y hasta le sobrarían unos 4 millones de pesos diarios que podría emplear en planes de capacitación laboral para que muchas de esas personas no dependan en el futuro de la limosna estatal.

Y si el Gobierno resignara los 700 millones de pesos de costos anuales que tendrá la transmisión del fútbol, podría alimentar a 129.500 familias, siempre según el Indec. Sólo con eso reduciría un tercio de la indigencia.

Algo no está bien. O las estadísticas oficiales son muy disparatadas o a los Kirchner no les importa terminar con la indigencia. O ambas cosas.

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A diferencia de una oposición que sufre los ataques de vanidad de sus dirigentes, Néstor y Cristina Kirchner parecen saber adónde quieren llegar, al menos hasta el 10 de diciembre, cuando se renueve el Congreso y se profundicen sus padecimientos.

Sus últimas señales indican que no dudarán en vetar cualquier ley que no sea de su agrado y que buscarán aprobar cualquier proyecto polémico, como el de los medios audiovisuales, antes del recambio legislativo.

Pese a su caída en la imagen positiva y a su derrota electoral, los Kirchner están convencidos de que reteniendo el apoyo del 30 por ciento del electorado podrán presentar batalla para la renovación presidencial de 2011. Eso será factible ?especulan? mientras el peronismo no halle un liderazgo alternativo, objetivo kirchnerista que avanzó un casillero en los últimos días, con el desgaste que sufrió Carlos Reutemann tras su entredicho con su ex compañera de bancada Roxana Latorre y sus insólitos exabruptos radiales. No cae bien que un dirigente enigmático al que casi no se le conoce la voz incurra en expresiones soeces una vez que se decide a hablar públicamente.

La estrategia kirchnerista es clara: seguir dividiendo a sus contrincantes, incluyendo mecanismos de cooptación como los que atrajeron al Gobierno a María del Carmen Alarcón; seguir planteando antinomias y tratando de llevar al campo a una confrontación desgastante para sus dirigentes, y continuar hablando de la redistribución de la riqueza, aunque los indigentes no coman fútbol ni vuelen en Aerolíneas.

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