Un discurso y un escenario que no disimularon el desgaste de Cristina

Por: Eduardo van der Kooy

Podría hablarse de un envejecimiento político prematuro. No habría otra forma de explicar las diferentes dimensiones entre la Presidenta que asumió el 10 de diciembre del 2007, la que el primer sábado de marzo del 2008 habló por primera vez ante el Congreso y la que fue posible observar ayer, visiblemente más moderada y menos enjundiosa. El tiempo en el poder parece haber corrido demasiado rápido para Cristina Fernández.

Aquel día de la asunción fue recordado por varios motivos, entre otros la severa referencia que tuvo hacia Tabaré Vázquez, el mandatario uruguayo, invitado especial, por el conflicto irresuelto a raíz de la instalación de la pastera Botnia en Fray Bentos. Su bautismo en el Parlamento había estado jalonado por un mensaje plagado de anuncios (más de diez) y optimismo, reflejado en el lanzamiento del tren bala a Rosario que la realidad pareciera devorarse. Ayer no tuvo más remedio que merodear diferentes perfiles de la crisis. Optó, además, por enumerar algunos aspectos de su gestión y careció de margen para alguna promesa. Simplemente, como definición general, advirtió que su Gobierno no resignará la intervención del Estado para intentar encarrilar una economía que está sufriendo los efectos del descalabro mundial, de la herencia recibida y de los errores de su administración.

Aquella definición general, sin embargo, apuntaría al conflicto agrario que la tiene en jaque desde marzo del año pasado. El Gobierno está tanteando alguna salida al encierro con la implementación de un nuevo sistema de comercialización de granos que, a la vez, implique el fin de las retenciones que desataron la pelea.

No hubo ayer anuncio concreto en el Congreso porque el sistema es de difícil instrumentación. Y porque el tironeo continúa en el Gobierno: hay ministros involucrados en las negociaciones --Florencio Randazzo-- y otros que asesoran --Sergio Massa-- proclives a darle apuntalamiento político a la nueva medida.

La ausencia del anuncio dejaría las puertas abiertas para que el tema se converse en la segunda reunión entre el Gobierno y el campo prevista para mañana. Pero el rumor fuerte de que llegaría la eliminación de las retenciones podría servir, tal vez, para abortar una maniobra de la oposición que venía creciendo. ¿Cuál?. La Coalición Cívica, el PRO y el peronismo disidente se aprestaban para conseguir quórum el miércoles próximo con el fin de tratar la eliminación de las retenciones.

El marco político descubierto ayer en el Congreso tampoco fue similar al del par de ocasiones anteriores que tuvo como protagonista a Cristina. Faltaron las ovaciones y la lluvia de papelitos. Sobraron algunos aplausos de circunstancias que siempre se iniciaron en algunos palcos o en las bancadas del oficialismo. Las palmas sonaron con algo de mayor entusiasmo cuando la Presidenta aludió a Mauricio Macri, por el paro de los docentes, o cuando reivindicó su política previsional.

Hace un año se lo vio al diputado Felipe Solá, entre varios, aplaudir con énfasis. Ayer siguió el discurso de la Presidenta con gesto adusto y su mano apoyada en el mentón.

El oficialismo parlamentario sufre de fatiga, como lo demuestran las escisiones repetidas que se vienen produciendo en el Senado y Diputados. Por esa razón la oposición y el campo resolvieron desde hace una semana trasladar su pelea al Congreso, donde lograron la máxima victoria cuando fue tumbada la resolución 125.

El kirchnerismo está alertado de esa maniobra y vacila. ¿Por qué razón?. No conoce cómo alumbrará en el Gobierno el nuevo sistema de comercialización de granos. Según como alumbre podrían aprobarlo o quizás sufrir otra derrota.

Afuera del Congreso las cosas también resultaron diferentes. Hubo una módica movilización popular apuntalada por algunos intendentes bonaerenses y por los camioneros de Hugo Moyano. Pero la gente del jefe cegetista llegó bien tarde, como había sucedido en aquel último acto que encabezó Kirchner en Plaza Congreso, antes de la votación en el Senado de la 125.

Para los manifestantes hubo obligación y paseo. Muchos demoraron su regreso para recorrer un centro que les queda lejano.

Tampoco existió un saludo efusivo, como en 2007 y 2008, con Julio Cobos. Apenas un apretón formal de manos. Demasiadas cosas cambiaron en un año. Son, por lo visto, otros tiempos.

Un discurso y un escenario que no disimularon el desgaste de Cristina

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