La dirigencia ultra K, los peores enemigos de Alberto F.

La dirigencia ultra K, los peores enemigos de Alberto F.

Este miércoles fue noticia Raúl Rizzo con su polémica declaración: “Si gana Mauricio Macri hay una guerra civil”. 

Aníbal Fernández no quiso ser menos, y en una entrevista radiofónica afirmó: "Se acuerdan de que tenía una publicidad que decía '¿Con quién dejarías a tus hijos: con María Eugenia Vidal o conAníbal Fernández?'. Yo sabés a quién no se los confío: A ella. Después veo con el resto, por ahí se lo dejó a Barreda, a ella no. Tiene un corazón más fascista que Mussolini”.

Para que no quedaran dudas sobre su evaluación de la gestión de María Eugenia Vidal, quien lo derrotó en las elecciones de 2015, aseguró que "la gestión es impresentable, es vergonzante, lo que estamos viendo es una catástrofe atrás de otra, todo provocada por ella". 

A contrapelo de la opinión de más del 45 por ciento de los argentinos, ansiosos por respaldar a una alternativa de centro que permita dejar en el pasado la grieta que apuesta a la reproducción de la fractura dentro de nuestra sociedad, Aníbal Fernández tampoco se privó de calificar al presidente Mauricio Macri: “Es un farsante y un impresentable que nunca trabajó y vivió de la que hizo su padre. Franco Macri era un vivo, no era un boludo, de él se podía esperar algo. De su hijo no se puede esperar que saque un conejo de la galera, solo más dolor para el pueblo". Y a continuación pronosticó que ya sea que "termine ahora o en cuatro años, el macrismo va a terminar muy mal". 

Luego le llegó el turno al candidato presidencial del Frente por Todos: "Alberto Fernández gana en primera vuelta. Yo no tengo pálpitos, ni leo encuestas, lo que hago y me jacto de saber, es leer la política. No le he pifiado nunca, ni aún cuando me tocó perder, soy altamente optimista porque el pueblo argentino se pegó un tiro en el pie creyendo en el cambio, que fue un invento, creyendo en el 'se robaron todo', que otro fue un invento". 

Las declaraciones de Rizzo y Aníbal Fernández vinieron a sumarse a las ya realizadas por Mempo Giardinelli, Dady Brieva, Hugo Moyano, Eugenio Zaffaroni, entre otros, y como aquellas merecieron un repudio mayoritario en los medios y en la mayor parte de la dirigencia política.

El interrogante que subyace a estas afirmaciones radica en interpretar cuál es su finalidad última. Sabido es que Cristina Fernández de Kirchner cuenta con un caudal electoral significativo, pero insuficiente para imponerse en una elección presidencial. La convocatoria de Alberto Fernándezfue entendida como una ingeniosa movida para tratar de presentar un nuevo rostro, más apaciguado, para captar los votos de independientes y desencantados del macrismo. Un corrimiento hacia el centro. Sin embargo, a partir de ese mismo momento las andanadas de los segmentos y referentes públicos del segmento ultra K no cesaron de producirse. 

¿A qué responden estas declaraciones, cuya finalidad no parece ser otra que la de espantar al electorado independiente? ¿Se trata de una campaña orquestada, o simplemente de expresiones aisladas de actores desencantados con una coalición política que pretende superar el exclusivismo? 

Hay, además, otra cuestión que preocupa, y mucho, dentro del campamento de Alberto Fernándezy del Frente Renovador. Se trata de decodificar la verdadera intencionalidad de estas declaraciones extemporáneas, que parecen más bien orientadas a allanar el camino a la derrota electoral del Frente por Todos, que a expresar puntos de vista críticos sobre las gestiones de Mauricio Macri y María Eugenia Vidal. En este punto, las sospechas difundidas desde el oficialismo y sus medios “amigos” sobre la capacidad de liderazgo real que podría desarrollar Alberto Fernández en caso de una eventual victoria se complementan a la perfección con los exabruptos de los desencantados ultra K. 

¿Responde esta combinación a una simple coincidencia? Más allá de las suposiciones, el efecto logrado termina siendo el mismo: sacar a la luz las divergencias y cortocircuitos existentes al interior de la coalición electoral Frente por Todos, y obligar a su candidato presidencial a orientar su campaña en un sentido defensivo, obligándolo a dar explicaciones sobre las acciones de veto que se impulsan desde el interior de su propio espacio.

Pese a todo, Alberto Fernández continúa con su raid incansable contra viento y marea. Este calvario tendrá un punto de quiebre dentro de tres domingos, cuando las PASO lo consagren como un actor con votos propios, y no sólo derivados. Las urnas, como es propio de las democracias, determinarán el grado de convencimiento que habrá podido generar en la sociedad argentina. Según cuál sea el resultado, los ultraístas deberán llamarse a silencio, en caso de una victoria contundente, o retomarán su enjundia, para convertirlo en el pato de la boda, en caso de que las urnas le den la espalda. 

A pesar de las buenas intenciones, sólo tres domingos son los que restan para definir el futuro de Alberto Fernández y el de toda la sociedad argentina.

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