La dirigencia es aún reticente a la ciberpolítica

El uso de las herramientas que proporciona internet para entablar una relación con los votantes complica la tarea de los políticos locales. OPUESTOS. En Argentina se mantienen las prácticas clientelares para captar votos; en Estados Unidos, Obama impuso una moda online para hacer política.
El paso a paso a lo largo de 100 años

1- Bernardo de Irigoyen fue el primer político en utilizar el ferrocarril como medio de comunicación electoral en 1890, según el historiador Félix Luna.

2- “Con cheques a beneficio del tesoro del Partido Radical”, se leía en un aviso publicitario de cigarrillos en 1916. La estrategia era usada para recaudar fondos.

3- En 1928 apareció en escena la radio. Fue en los comicios electorales del segundo período de Hipólito Yrigoyen. “Marcha triunfal, para canto y piano”, se leía en los avisos.

4- El 17 de octubre de 1945, Perón llenó la plaza de Mayo, hecho que se convirtió luego en un recurso de campaña durante varias décadas.

5- Raúl Alfonsín, en 1983, comienza con un uso más planificado de la TV como herramienta de comunicación. Graba números spots publicitarios.

6- En 1997, candidatos a legisladores porteños de la Alianza son los primeros en usar páginas de internet. Diez años después, es un recurso masivo a nivel nacional. Acepta el cambio, pero se queda con la vieja usanza

Muro cultural vs. globalización

Recelo y resistencia

Si las encuestas previas se confirman, Barack Obama se convertirá, dentro de ocho días, en el nuevo presidente de Estados Unidos. El virtual éxito del candidato demócrata radica, según los especialistas, en haber terminado con esa lógica histórica de la política vertical y unidireccional. Por el contrario, optó por una estrategia insurgente: un estilo online para hacer política. Pero el boom cibernético logrado por Obama contrasta con el poco aprovechamiento que hacen los referentes políticos argentinos de las nuevas herramientas informáticas y de comunicación. El mundo avanza, la tecnología también, pero los dirigentes políticos locales parecen ir a contramano de la tendencia mundial.

La tecnología está tan al alcance de la dirigencia política como de los 18 millones de usuarios que navegan por internet en el país. Pero son pocos los políticos que en Tucumán tienen blogs y páginas personales actualizadas fuera de las épocas de campaña electoral. De hecho, ni siquiera el gobernador, José Alperovich, o el intendente, Domingo Amaya, cuentan con un sitio oficial bajo su nombre. En el ámbito nacional, muchos referentes lanzaron sus sitios web durante los meses previos a la campaña proselitista de 2007. Luego las desactivaron. Incluso, el link www.cristina.com.ar, de la presidenta Cristina Fernández, advierte mediante un cartel que se redireccionará al navegante hacia el portal oficial de la Nación. Algunos esbozos oficialistas fueron pergeñados por las fundaciones Generación Libre -entre los que sobresale el secretario Grandes Comunas de Tucumán, Javier Noguera- y Generación K. Ambas consisten en un grupo de “cibermilitantes” que se diferencia de las demás agrupaciones por haber surgido desde una página web, sin abrir siquiera una sede partidaria.

En la actualidad, los jóvenes encuentran poco atractiva la participación política territorial o el consumo de los medios masivos en los formatos tradicionales. De hecho, internet y los teléfonos celulares sobresalen como los canales más elegidos a la hora de comunicarse por ellos. Incluso, parte de la dirigencia civil ya encontró la brecha: a partir del conflicto entre la Nación y el campo la tecnología se convirtió en uno de los pilares en los que sustenta la espontaneidad del reclamo social. Las marchas cívicas fueron convocadas mediante mensajes de texto y el sitio de videos www.youtube.com “colgó” una innumerable cantidad de imágenes.

Sin embargo, ¿por qué los políticos de entrecasa aún escapan al uso de las nuevas tecnologías? Su aplicación, ¿cambiaría por completo la relación entre elector y candidato? Para algunos politólogos, habría que indagar acerca del temor a la pérdida de la territorialidad para encontrar la clave.

De hecho, la poca utilización de internet por parte de los referentes políticos se limita a un espacio para difundir sus mensajes, como un boletín, sin comprender el sentido de la interactividad. En la mayoría de las páginas, el destinatario no tiene la posibilidad de preguntar o de comentar las propuestas de un candidato. En realidad, la nueva esfera comunicacional permite un esquema horizontal y de doble mano. En tiempos donde la transparencia es un bien preciado por la ciudadanía, la red de redes también serviría para rendir cuentas o como una herramienta de control. En definitiva, bien utilizada proporcionaría una sensación de cercanía entre votante y político.

El principal obstáculo, entonces, radica en la cultura política más que en una cuestión generacional: internet podría romper con viejas prácticas establecidas, como las redes clientelares. Pero otro elemento que no puede obviarse es el contexto social y económico. Si bien el número de usuarios va en ascenso, aún no llega a ser el 40% de la población. Por ello, en la red de redes se reproduce un aspecto negativo de la política tradicional: la hace quien puede y no quien quiere. 

El diario “El Cronista” reprodujo dichos de Eric Schmidt. El presidente y director ejecutivo de Google dijo que muchos políticos no entienden muy bien la realidad de internet. “Si la televisión creó la actual generación de políticos, ¿qué hará internet con la siguiente generación?”, se preguntó el CEO.

¿Llegará el momento de los candidatos digitales, marginados de cualquier estructura partidaria o clientelar? ¿La ciberpolítica terminará por reemplazar a la tradicional política territorial de aparatos y punteros? Ningún especialista se atreve a dar la respuesta, pero todos reconocen que un mundo nuevo se abre en la política.

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