Un directorio en cambio

En uno de los primeros gestos de acompañamiento, el Senado bonaerense le otorgó a Daniel Scioli, en el inicio de su gestión, la mayoría en el directorio del Banco Provincia.
Al pliego a favor de la presidencia de Guillermo Francos se sumaron los de Gustavo Marangoni, Carlos Magariños y Daniel Tillard. Poco después ingresó Fabio Rodríguez. Todos ellos propuestos por la administración provincial, dieron al mandatario la seguridad de tener cinco votos sobre nueve en la mesa del directorio.

Los mandatos de esos directores se cumplen en dos años, pero el 10 de diciembre venidero vencen los de otros cuatro, heredados de la gestión de Felipe Solá. Son Dámaso Larraburu, Rafael Magnanini, Félix Cirio y Oscar Valdovinos. La mayoría sciolista no corre riesgos, pero la carrera por la sucesión está abierta.

A poco más de un mes de enviar los nuevos pliegos al Senado por parte del Ejecutivo, hay una lógica rosca subterránea por esos espacios, aunque desde el Banco se dice que "recién eso se va a decidir en la última semana", obviamente, con negociaciones en las que la Cámara alta tendría un rol protagónico, al punto de casi asegurarse un lugar para un actual senador. Pese al hermetismo sobre sus posibilidades cultivado por quienes cumplen el mandato, comienzan a vislumbrarse posibles continuidades y reemplazos.

Desde el riñón del sciolismo admiten diferentes posturas y reconocen distinta trayectoria política en el cuerpo directivo actual, pero todas las fuentes consultadas coinciden en que "la funcionalidad del Banco nunca fue afectada, y se ha trabajado muy bien en estos dos años". Un director se jactó de que "éste es un directorio de cancilleres, verdaderos caballeros que muestran sus posturas, dicen sus pareceres y aceptan la decisión de la mayoría", en referencia, fundamentalmente, a quienes ya estaban cuando llegaron los hombres de Scioli. ¿Podría pensarse, entonces, en la continuidad de los cuatro? No, habrá cambios y nuevas caras en el directorio a cargo del Provincia desde 2010. También se habla de continuidades.

Tendría la chance de seguir Dámaso Larraburu, quien está en la dirigencia del Bapro desde 2002 e iría por su tercer período. El hombre de Bahía Blanca es fuerte políticamente, domina una de las ciudades más importantes del interior, los viejos dirigentes de la Sexta sección lo bancan y también contaría con el apoyo de voces influyentes de la Quinta. Su pliego no encontraría objeciones en el Senado. Sin embargo algunos conocedores de los zócalos políticos bonaerenses hacen una advertencia: "El único escollo que podría tener el Flaco es que Kirchner quiera pasarle la factura por la desobediencia de Cristian Breitenstein" (el intendente bahiense que le responde y no se presentó como testimonial).

Rafael Magnanini se juega alguna carta a la continuidad. Mantiene una excelente relación con el vicepresidente de la entidad, Gustavo Marangoni (a quien cedió ese cargo), y hay quienes lo consideran clave en el vínculo del Bapro con el empresariado, junto a Carlos Magariños.

También se destaca dentro del Banco la labor de Oscar Valdovinos, en las relaciones laborales, "con mucho laburo en conjunto con el ministerio de Trabajo". Sin embargo su continuidad sería muy difícil. La salida de Valdovinos significaría que las organizaciones sociales pierdan el lugar en ese directorio estratégico, conseguido durante la época de bonanza entre Solá y el Movimiento Evita. Deberán bregar mucho para mantenerlo. Menos probable aún es la permanencia de Félix Cirio; incluso el propio director tendría la intención de no continuar.

Se abren, al menos, dos lugares. Una de esas sillas ya tiene destinatario. El Senado propondrá a Scioli que envíe para su posterior aval un pliego con el nombre de Alfredo Sivero. Al senador se le vence el mandato el 10 de diciembre; cuenta con el aval de sus pares; tiene muy buena relación con el jefe de Gabinete, Alberto Pérez, y con él la Cámara recuperaría el lugar que otrora ocupó Hugo Corvatta.

Cuando Daniel Arroyo dejó el ministerio de Desarrollo Social se fue con la promesa de ser uno de los nuevos directores del Bapro. En las últimas horas circuló con insistencia una versión, no confirmada por el gobierno pero tampoco descartada, acerca de la posibilidad de que Arroyo no llegue a director y conserve su lugar como responsable del programa Fuerza Solidaria, perteneciente a la entidad crediticia. El cruce de intereses políticos podría llegar a marginarlo.

En el contexto político pos 10 de diciembre, sin mayoría propia en las cámaras, el oficialismo es permeable a determinados requerimientos de la oposición. Propios

y extraños ven como posible el pedido de un lugar en el directorio del Provincia. "Es probable que se deba entregar uno a la minoría", analiza un saliente. En la oposición admiten que habrá solicitudes en diferentes directorios, pero mayormente consideran que "hay un montón de lugares en los que se eligen nuevos directores o los otros partidos podemos tener representación". Todavía no se ha hablado en profundidad entre los diferentes sectores la posibilidad de pedir por el Bapro.

El oficialismo tiene en la manga la chance de mandar los pliegos antes del recambio legislativo. Hay quienes analizan si esa jugada es conveniente, ya que provocaría una segura reacción en los demás sectores políticos, con los que se deberá consensuar después. Quizá no sea necesario pelear antes por algo factible de ganarse igual si se negocia con habilidad.

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