Diputados duplican las obras públicas en el presupuesto 2009

Por Laura Serra

De la Redacción de LA NACION

Es un clásico de cada año. En las vísperas de la aprobación del presupuesto en el Congreso, circula por los despachos legislativos una misteriosa "planilla de la felicidad", que no es otra cosa que un ambicioso compendio de obras públicas que los legisladores agregan, a último momento, a las que ya propuso el Poder Ejecutivo en el proyecto de ley. Por ello el mote de "planilla de la felicidad": a qué legislador no le gusta llevar buenas noticias a su provincia, aunque la obra finalmente no se realice.

Este año, cuando faltan tres días para el debate del presupuesto 2009 en la Cámara de Diputados, el clásico se repite. Aunque con un dato llamativo: la "planilla de la felicidad" de los legisladores casi duplica las obras públicas previstas originalmente por el Gobierno. De las 641 pautadas en un principio se pasa, ahora, a 1110.

Cabe aclarar que los legisladores se cuidaron de no alterar, prácticamente, la partida de gasto previsto para las obras públicas. En efecto, de los 3584 millones de pesos calculados por el Gobierno, los diputados agregaron poco más de 100 millones.

Cualquier novato en matemáticas se preguntaría por qué arte de magia se pueden ejecutar 1110 obras con una partida prevista para sólo 640. No hay magia en la respuesta, sino tan sólo dos simples palabras: superpoderes presupuestarios.

En efecto, en el artículo 11 del proyecto de presupuesto los diputados oficialistas agregaron un párrafo en el que facultan al jefe de Gabinete "a efectuar las compensaciones necesarias" para atender estas 470 nuevas obras que anexaron.

Eso sí, esas compensaciones deben provenir de partidas del Ministerio de Planificación, no de otros ministerios. Es decir que, con estas facultades, el jefe de Gabinete puede redireccionar recursos de la cartera de Julio de Vido, ya sea de energía, vivienda, combustible o, también, de otras obras ya presupuestadas, para atender -si quiere- las pretensiones de los legisladores.

El oficialismo no ve nada de malo en estas prácticas; al fin y al cabo, no se altera el gasto. Pero la oposición no se cansa de criticar la discrecionalidad con que se asignan y se concretan las obras públicas en el país.

Críticas opositoras

"Toda obra debiera contar con un estudio de factibilidad previo antes de incluirse en el presupuesto. Es poco serio que se agreguen porque sí obras de la galera", cuestionó el diputado Luis Galvalisi (Pro-Capital), quien recordó que toda obra, antes de incluirse en el presupuesto, debe cumplir con las pautas del Plan Nacional de Inversión Pública.

También los diputados Jorge Sarghini (Justicialismo nacional-Buenos Aires) y su par Fernanda Reyes (Coalición Cívica-Capital) se suman a las críticas. "Los superpoderes desvirtúan cualquier previsión de obra pública -enfatizó Sarghini-. En medio de una situación de crisis financiera mundial, donde más que nunca hay que ser recatado en el gasto, aquí se ponen y sacan obras a discreción".

La diputada Reyes asiente. "De las 641 obras que originalmente fueron presupuestadas por el Poder Ejecutivo para el año próximo, 143 se repiten de 2008. Pero ese no es el problema más grave, sino el hecho de que 96 de esas obras fueron refinanciadas, es decir, presupuestadas otra vez y por montos superiores al 30 por ciento en promedio", advirtió la legisladora.

Según Reyes, esta refinanciación de las obras insumirá la friolera de 1714 millones de pesos. "El Gobierno habla de ser austero, pero dilapida recursos por no ser transparente", afirma Sarghini.

El problema es, también, la discrecionalidad en la asignación de obras. El ejemplo más paradigmático es el de Vialidad: en un extenso trabajo, el diputado Miguel Giubergia (UCR-Jujuy) reveló que, hasta el 5 del actual, Santa Cruz, la provincia del matrimonio Kirchner, triplicó los fondos para caminos y rutas que se le habían concedido originalmente, aventajando por lejos al resto de las provincias.

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