La diplomacia hondureña, en un verdadero "limbo político"

Zelaya ha logrado "destituir" a varios embajadores contrarios a su causa
La embajadora legítima de Honduras en México, Rosalinda Bueso, se encontró hace un mes con una desagradable sorpresa, cuando llegó a su trabajo, en Ciudad de México. Varios oficiales le impidieron el paso, por orden de su propio encargado de negocios, Rigoberto López Orellana. Bueso, zelayista impenitente, sufría así su particular golpe de Estado a manos de un hombre afín al gobierno de facto de Roberto Micheletti.

Las aguas volvieron a su cauce enseguida en Ciudad de México. Bueso regresó a su cargo gracias al reconocimiento inmediato del gobierno de Felipe Calderón, y a López Orellana nunca más se le permitió entrar en la sede diplomática.

El incidente ilustra a la perfección la guerra diplomática que libra Manuel Zelaya contra el régimen de Micheletti, cuya representación en el mundo se va achicando por la presión del presidente derrocado, que ha logrado en el frente diplomático uno de sus pocos triunfos contra los golpistas que lo sacaron del país el pasado 28 de junio.

El presidente itinerante ha aprovechado sus escalas en varios países de la región para hacer peticiones expresas a los gobiernos aliados. Todo aquel diplomático que apoyase a los golpistas debía cesar en su cargo. Hasta la fecha, Zelaya ha logrado que rodaran las cabezas de una veintena de diplomáticos, entre embajadores, cónsules y funcionarios de alto rango.

El primer contratiempo en esta guerra diplomática, sin embargo, lo sufrió Zelaya. Su embajador en Washington, Roberto Flores Bermúdez, se pasó al bando golpista a la primera de cambio. El mandatario logró que la Casa Blanca no lo reconociera y, en su lugar, situó a uno de sus hombres de confianza, Enrique Reina.

Pero el aterrizaje de Reina en Washington no fue fácil. La legación diplomática parecía el camarote de los hermanos Marx, con funcionarios adeptos a Flores Bermúdez, que iban recopilando sus pertenencias y algún que otro secreto oficial, mientras Reina se iba acomodando a duras penas con los suyos.

Reina pasó de estar en la semiclandestinidad en Tegucigalpa, durante los primeros días del golpe, a ponerse al frente de la embajada más relevante para Honduras. El hombre hizo lo que pudo. Mantuvo entrevistas con varios legisladores y fue recibido por el secretario de Estado adjunto para América latina, Thomas Shannon, y por Dan Restrepo, asesor para la región del presidente estadounidense, Barack Obama.

Pero al nuevo embajador zelayista lo irritaba sobremanera que los golpistas, a golpe de billetera, contaran fácilmente con lobbies en el mismísimo Congreso estadounidense. La cúpula empresarial hondureña, que apoyó el golpe sin fisuras y se declaró públicamente dispuesta a financiar al régimen, contrató, entre otros influyentes abogados, a Lanny Davis, asesor de la actual secretaria de Estado, Hillary Clinton, durante las elecciones primarias demócratas del año pasado.

Ruptura sin relaciones

Como el régimen de Roberto Micheletti no cuenta con el reconocimiento de la comunidad internacional, la ruptura de relaciones diplomáticas con otro país se convierte en una suerte de sinsentido.

A fines de julio, Micheletti ordenó la expulsión de los representantes diplomáticos de Venezuela en Tegucigalpa, en respuesta a las "amenazas" vertidas por Hugo Chávez.

El líder bolivariano no le hizo el menor caso y dio instrucciones al encargado de negocios, Ariel Vargas, para que convirtiera la sede diplomática en una nueva Numancia. Dicho y hecho. Un cordón de seguidores zelayistas impidió el desalojo los primeros días. Poco a poco, Vargas se fue quedando sin funcionarios, pero ahí sigue, atrincherado en esos pocos metros de suelo bolivariano en la capital hondureña, viviendo de la solidaridad de los zelayistas y del delivery, un servicio al que quizá tengan que recurrir ahora los funcionarios de la embajada argentina, si no acatan el ultimátum del gobierno hondureño para que abandonen el país, tras el choque diplomático.

Dentro de poco, a Micheletti ya no le quedará ningún diplomático de confianza en el exterior. Además de los casos de Estados Unidos y la Argentina, Chile también expulsó al embajador, que apoyó el golpe, y Costa Rica está estudiando hacer lo mismo con la encargada de negocios.

Además, Zelaya consiguió separar de sus funciones a varios cónsules en Estados Unidos por no comprometerse con su causa.

"Hay más peticiones en curso", declaró ayer a La Nacion desde Tegucigalpa la vicecanciller de Zelaya, Beatriz Valle, que mencionó los casos de Bélgica, España y Canadá. Para Valle, la diplomacia hondureña vive en una especie de "limbo administrativo". "No hemos sido destituidos oficialmente, pero hemos dejado de recibir nuestros salarios como funcionarios por parte de un gobierno que es invisible en términos diplomáticos; es una situación ridícula", señaló.

No comparte la misma visión la funcionaria que ha ocupado, de forma ilegal, el lugar de Valle en la cancillería hondureña. En conversación con La Nacion, Martha Lorena Alvarado afirmó: "Casi todas las embajadas apoyan al señor Micheletti, y los que no lo apoyan, están actuando contra la ley y están financiados por el señor Chávez".

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