Dios es de Central.

PROMOCION / BELGRANO 0 - CENTRAL 1: Jesús Méndez clavó un golazo y el Canalla, que se salvó de milagro en varias, se fue de Córdoba con un triunfo que lo deja ahí de la permanencia.
Encontró una pelota caída del cielo. Le pegó divino, y la pelota voló en el aire e hizo una comba celestial. Su grito lejos estuvo de ser angelical. Pero a sus compañeros sólo les faltaron las alas en las espaldas para que el cuadro fuese perfecto. No hay dudas: Dios es de Central. Es que el gol llegó en el momento justo, cuando Belgrano había jugado mejor. ¿Qué quién lo hizo? Jesús. ¿Quién iba a ser? Sí, Jesús Méndez. Y aunque pareció una Canallada (vaya qué paradoja.), la Academia rosarina se anotó un triunfazo en Córdoba, en el juego de ida de la Promoción frente al Pirata. Y si el domingo. Shhh. Para eso, todavía falta.

Central llegó a Córdoba sabiendo que lo más importante era no perder. Incluso, en el inicio del juego, dio la sensación de que algunos de sus futbolistas jugaban con la chapa de Primera. Aunque en el juego estuviesen lejos de parecerlo. Tanto que Belgrano fue superior, sobre todo en los primeros 20 minutos del PT. Juan Maldonado y Franco Vázquez se asociaban por la izquierda, Adrián Maidana lo borraba al Kily González. Y la pelota era propiedad exclusiva del local, que tuvo las mejores chances de gol. Pero el diablo metió la cola.

Claudio Bustos desperdició dos oportunidades muy claras, con dos centros atrás (es cierto, el arquero Broun estuvo impecable). Después de esos primeros 20 minutos, el equipo de Russo acomodó mejor las piezas. Ya Maldonado no tuvo tanto espacio, Vázquez hablaba cada vez más bajo, hasta volver a su condición natural. Por algo le dicen el Mudo. Pablo Alvarez se contuvo un poco más. Y Méndez (sí, Jesús) ocupó mejor el carril. Por eso, el primer tiempo terminó 0 a 0. A esa altura, la sensación que flotaba en el aire era que Belgrano había dejado pasar su mejor momento. Y que el partido lo esperaba a Central. El gol en el amanecer del Pelado le simplificó las cosas.

A partir del gol, el visitante manejó el ritmo y los espacios del juego. El Kily se retrasó unos metros para colaborar. Y a Belgrano lo mató la ansiedad de querer empatar rápido para ver si después lo podía ganar. Ni una ni otra. Central estuvo lejos de jugar como los dioses, tanto que la diferencia de categoría casi no se notó. Pero lo tuvo a Jesús en su equipo. Y al Barba, que no hay dudas. Es de Central.

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