Dimite por un desliz el jefe antiterrorista británico

Expuso documentos secretos sobre un operativo contra extremistas
LONDRES.? En momentos en que Scotland Yard se encuentra en la mira por varios incidentes que comprometieron su imagen, el jefe de la sección antiterrorista de la institución debió renunciar ayer por haber expuesto ante las cámaras fotográficas un documento secreto sobre un operativo antiterrorista minutos antes de una reunión con el primer ministro, Gordon Brown.

La dimisión ocurrió al día siguiente de que se informara que Scotland Yard sería investigada por la presunta responsabilidad de uno de sus agentes en la muerte de un manifestante durante la última cumbre del G-20 en la capital británica.

La policía decidió anteayer adelantar una redada en el noroeste de Inglaterra en la que detuvo a 12 sospechosos de terrorismo, 11 de los cuales son ciudadanos paquistaníes, por miedo a que escaparan de la vigilancia policial debido al descuido de Bob Quick. El jefe antiterrorista fue fotografiado el miércoles con un folio bajo el brazo que dejaba a la vista los nombres de 11 sospechosos, así como los detalles sobre la vigilancia de la que eran objeto.

"Presenté mi dimisión, consciente de que mi acción podría haber comprometido una operación antiterrorista importante", declaró Bob Quick en un comunicado.

"Lamento profundamente los trastornos causados a mis colegas a cargo de la operación y les estoy agradecido por la forma en que se adaptaron rápidamente y con profesionalidad a un programa alterado", añadió.

Brown quiso justificar la decisión de acelerar las detenciones. "Estábamos investigando un complot terrorista importante y teníamos que reaccionar rápidamente. Nuestra principal preocupación era la seguridad del público. Lo correcto fue actuar rápidamente como lo hicimos", explicó.

El alcalde de Londres, Boris Johnson, afirmó ayer a la radio BBC que había aceptado con "gran reticencia y con tristeza" la renuncia de Quick.

El jefe de Scotland Yard, Paul Stephenson, anunció que Quick será sustituido por John Yates, conocido por haber dirigido la investigación sobre la concesión de "préstamos" por parte de donantes ricos a los partidos para la financiación de la campaña electoral de 2005.

Las detenciones del miércoles tuvieron lugar sobre todo en el barrio de Cheetham Hill, de Manchester; en la Universidad John Moores, de Liverpool, y en la localidad de Clitheroe, en Lancashire.

Según los medios de comunicación, los sospechosos planeaban realizar un ataque inspirado en la red Al-Qaeda contra un centro comercial y una discoteca de Manchester, y su detención estaba programada para el jueves. Gran Bretaña se encuentra en estado de alerta antiterrorista desde los atentados del 7 de julio de 2005 en Londres, en los que murieron 56 personas, incluidos los cuatro kamikazes.

El primer ministro británico dijo ayer que los presuntos terroristas urdían un "complot terrorista muy grande", que las fuerzas de seguridad investigaban "desde hacía algún tiempo". Brown añadió que el gobierno está al tanto de los "vínculos entre terroristas en el Reino Unido y terroristas en Paquistán", y que hablará con el presidente de ese país, Asif Alí Zardari, para que refuerce la cooperación antiterrorista.

Escándalos y muertes

Este caso pone aún más en aprietos a Scotland Yard, que ya está siendo investigada por su papel en la muerte de Ian Tomlinson durante las protestas contra el G-20 en Londres la semana pasada. Dos videos difundidos anteayer mostraron que el hombre había sido golpeado y arrojado al suelo por un policía antes de fallecer de un ataque cardíaco.

Las autoridades británicas confirmaron ayer la suspensión del policía que, durante las protestas contra la cumbre del G-20, tiró al suelo a un hombre que poco después murió de un infarto. Ayer se informó que Scotland Yard suspendió al agente.

La negligencia de Quick y la posible responsabilidad en la muerte de Tomlinson ocurren cuando están por cumplirse cuatro años de la muerte del brasileño Jean Charles de Menezes, que, confundido con un terrorista, recibió siete tiros en la cabeza por parte de agentes de Scotland Yard, ninguno de ellos procesado.

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