Los dilemas de la política anticíclica

Por Eduardo Luis Curia Economista

A partir de la desaceleración económica, nuestros grados de libertad lucen menores. En diciembre se multiplicó el déficit mensual, pero se planea superávit para 2009. Al plantearse incrementos del gasto, se busca su simultánea compensación por el lado de los recursos

La fuerte desaceleración económica en curso, en la que influye la crisis mundial, que amenaza asimismo al empleo, pone en el tapete las políticas anticíclicas de respuesta para acotar daños. Surgen así, los dilemas y tensiones al respecto, a veces, explicados por las circunstancias previas.

Véase, por ejemplo, el tópico de la política fiscal, claramente usada en el mundo como herramienta anticíclica. EE.UU., lugar de origen de la crisis, la aplica fuertemente. El déficit crece e incluso es monetizado en parte cuando la Reserva Federal compra con emisión monetaria bonos del Tesoro. Más cerca, Chile anuncia para 2009 un déficit fiscal de alrededor del 3% del PIB.

En principio, nuestros grados de libertad lucen menores. Por más que en diciembre se multiplicó el déficit mensual (el 2008 cerró con un superávit estimable), se planea superávit para 2009. Más aun, al plantearse incrementos del gasto, se busca su simultánea compensación por el lado de los recursos: traspaso jubilatorio, aumentos de tarifas de servicios y de algunos impuestos.

Hay quienes, según una visión keynesiana-kaleckiana, critican esa compensación por contraproducente asumiendo un enfoque de ‘hacienda funcional’, ligado a la marcha de la capacidad de la economía. Si ésta se retrae, tanto más el gasto financia los impuestos y no al revés. Un decidido déficit fiscal activaría la economía -en el ínterin el Banco Central cubriría los cheques emitidos por el Tesoro-y, luego, dada una mayor actividad, ingresarían los impuestos, reequilibrando. La compensación sería a posteriori.

Es un enfoque plausible. Pero, finalmente, su alcance efectivo debe atender a distintos supuestos. Por lo pronto, somos una economía abierta, y siendo el gasto público en buena medida una variable de tipo ‘no transable’ (en lo internacional), se expone a una tensión con relación al sector de transables de la economía, aportante de divisas. Además, el pasado nos condena: fuertes trances desquiciantes de nuestra historia económica se asociaron al ‘desarreglo fiscal’, lo que perdura en la memoria. Incluso, en algunos de los recientes episodios de fuga de capitales, influyeron las dudas sobre el frente fiscal y sobre el pago de los vencimientos de deuda de 2009. En rigor, si hay fuga de capitales, el poder activador fiscal se desvanece.

Lo preferible era un planteo estructural, no contrastante del todo con aquel enfoque. Chile, por ejemplo, que va al déficit, se deglute 10 puntos porcentuales del balance fiscal y nadie pestañó, porque en lo alto del ciclo y de sus precios externos, aplicó un superávit ‘machazo’. Nosotros, en cambio, fuimos procíclicos, y ahora estamos más atados. Igual es probable que el superávit para 2009 sea menor al previsto. Pero, ¿cuál es el menor posible que no conmocione?.

Lo cambiario también pesa. La crisis externa marca un duro shock negativo del lado real que agravia nuestro clave -en materia de actividad, de empleo y de divisas- sector de transables (campo e industria). La reacción lógica en otros países, buscando absorber el shock, fue la del sinceramiento devaluatorio. Aquí, más bien, hay represión cambiaria, justificada porque antes sostuvimos el tipo de cambio, pero, en verdad, este sostenimiento se venía diluyendo. Citamos también el temor inflacionario, pero éste debía tratarse en su orden, sin trabar la medida cambiaria aconsejable. Por otra parte, hoy las presiones de inflación vienen de otro lado.

En síntesis: transitaremos el delicado 2009 lidiando con estos dilemas (hay varios otros). Sin embargo, si los adelantos del Indec de actividad y de empleo para diciembre perfilaran la ‘imagen final’, todos estos análisis serían inútiles, ante una crisis que no sería tal. La convicción general, y la de la propia Presidente cuando alude a las medidas anticíclicas, parece ser otra. Lo mejor sería, entonces, no añadir a los bemoles que ya tenemos una diáspora estadística sobre actividad y empleo en torno al Indec, el Banco Central y los privados.

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