El dilema de la arbitrariedad

Por Alejandro Wilkis.

Punteros, piqueteros y voluntarios sociales se ven enfrentados a tener que lidiar con recursos escasos y aplicar algún criterio "justo" en la distribución de la ayuda social. Esta dinámica siempre dejará a alguien descontento.

Como consigna la nota de tapa de Critica de la Argentina de ayer, el archivo de denuncias sobre las irregularidades en la distribución de la política social se abre nuevamente. Como tantas otras veces, las voces de periodistas, opositores, miembros de organizaciones sociales van a hacerse escuchar para atacar o defenderse. Desde el Gobierno se negará la denuncia o se pedirá disculpas al respecto y en el caso más extremo se echará a un funcionario de cuarta línea.

La cuota de dramatismo que aporta denunciar la arbitrariedad en algo tan sensible vinculado a la vida de los más vulnerables tiene un valor periodístico innegable. Quienes quieran sumarse a la denuncia de la arbitrariedad de la política social encontrarán en este valor periodístico un aliado para hacerse escuchar. La propia lógica de construcción de la noticia que busca lo espectacular deja en un segundo plano aquello menos atractivo y tal vez más importante.

Es corriente que militantes sociales denuncien la arbitrariedad de los "punteros", que éstos acusen a los "piqueteros" de llevar a las marchas a quienes reciben planes, y que los integrantes de organizaciones como Cáritas sean también blanco de estas denuncias o de quienes las emiten. ¿Cómo comprender esta lógica asociada a la circulación de bienes de ayuda como los vinculados a la política social? Cualquiera de estas tres categorías de agentes se ven enfrentados a tener que lidiar con recursos escasos y aplicar algún criterio "justo" en su distribución.

El problema es común a los tres, cambia el acceso más o menos amplio a los recursos, la noción de mérito para acceder a ellos y la modalidad de evaluarlos. Esta dinámica deja siempre descontentos que harán lo posible para hacer escuchar su voz. De aquí que "punteros", "piqueteros" o "voluntarias" sean tanto acusados como acusadores.

Aquí entra una segunda y más dramática cuestión que el debate de la universalización de la asignación no llegó a tocar. Independientemente de su ideología o adscripción política, "piqueteros", "punteros" o "voluntarios" se han establecido como agentes centrales en el sostenimiento de la vida social de los barrios populares, desguace estatal y desempleo mediante. Por lo tanto, aparece el dilema de la arbitrariedad de la política social: a todos nos indigna el manejo de los recursos de los pobres. Pero si este uso es fuente del estatus y el poder de agentes centrales de la vida organizativa de los barrios más vulnerables, ¿cómo acabar con el primero sin terminar con esta última? Este dilema –o drama– va a persistir, y seguiremos ampliando el archivo de denuncias, hasta que encontremos soluciones que vayan más allá de visiones parciales o coyunturales.

* Sociólogo UNSAM-Conicet

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