Lo que dijeron las urnas

Tras la derrota, Jaque acelerará cambios en su equipo de gobierno. No hay que descartar que adopte una actitud más distante con el kirchnerismo.

De pronto el diálogo parece querer instalarse nuevamente en la política argentina. Al menos ésa sería la intención de muchos gobernantes, comenzando por la Presidenta, luego de la lenta digestión del resultado electoral del 28 de junio.

Se trata de un llamado que, sin embargo, no inspira mucha confianza inicial entre quienes deberían ser interlocutores luego de varios años de negación, principalmente en el ámbito político nacional, de los más mínimos intentos de consenso. Aclaremos que Mendoza queda todavía bastante a salvo de esta crítica.

Hay señales positivas de parte del kirchnerismo que permiten ser optimistas en cuanto a la implementación de una metodología diferente para los tiempos que vienen. Después de la renovación parcial del gabinete nacional, algunas voces de los que quedaron en sus puestos sorprendieron por su cambio en la forma de pensar.

Es el caso del ministro Randazzo, que llegó a decir que a Cobos no sólo se lo debe convocar a dialogar por su rol opositor, sino por su investidura de vicepresidente de la Nación.

Queda por ver a partir de ahora cómo se instrumenta el diálogo desde el Gobierno y cómo responden al eventual llamado los por ahora cautelosos destinatarios de aquella convocatoria política y sectorial.

Diálogo a la mendocina. Mientras el kirchnerismo nacional elaboraba su duelo, en estas dos semanas posteriores a las elecciones el gobernador mendocino dice haber utilizado horas de su rutina diaria para reflexionar sobre el mensaje de la ciudadanía del pasado domingo 28 y obtener algunas conclusiones.

"Es de nobleza aceptar los resultados y escuchar lo que dicen las urnas", sostiene Jaque anteponiéndose a cualquier interpretación sobre la rotunda caída del justicialismo en esta

provincia.

Si bien el mandatario provincial prefiere evitar desmenuzar parte por parte al oficialismo provincial al señalar rotundamente que "perdimos todos" (gobierno, candidatos e intendentes), reconoce que ha llegado el momento en el que necesariamente debe dar un golpe de timón a su gestión para corregir el rumbo.

Una de las conclusiones más fuertes de Jaque se basa en la necesidad de tomar paulatina distancia de una relación que no le dejó ningún rédito: el kirchnerismo nacional. No se trata de una ruptura sino, simplemente, de un intento de regreso a las fuentes mendocinas.

En la entrevista exclusiva que mantuvo con periodistas de este diario (ver página 4), el Gobernador señala que en materia de diálogo político no es similar la situación local a la nacional.

"Allá (identificando a Buenos Aires como sede del poder nacional) hablan de iniciar el diálogo, pero aquí queremos profundizarlo...". Tiene razón, pero lamentablemente la última campaña política local se ensució con estrategias que de ningún modo compartieron los mendocinos y que hasta desbordaron la capacidad de decisión del propio Jaque. El resultado en las urnas fue una respuesta elocuente.

Fueron estos desvíos de la campaña electoral los que taparon aspectos de la gestión, siempre apuntados hacia el diálogo, que ya venían ejerciendo algunos pocos funcionarios, como el ministro de Gobierno, Mario Adaro, quien llegó al cargo que ocupa sustentado en sus buenas relaciones políticas y el respeto de gran parte del gabinete provincial.

Cambios sí o sí. Otra decisión de Jaque pasa por la disposición, ahora sí, de realizar cambios en su equipo ministerial. No se modificará la actual estructura, pero habrá remplazos.

"Llegó el momento de formar un gabinete para asegurar la toma de decisiones con verdadera vocación política". Estos conceptos circulan ya en forma permanente en los pasillos de la Gobernación. Dicen que quienes los pronunciaron en los últimos días expresan en voz alta los pensamientos del propio Jaque. De todos modos, será el titular del Ejecutivo quien marque los tiempos para efectuar esas modificaciones.

Las áreas del gobierno que están en la mira son las ya cuestionadas desde mucho antes de las elecciones. La emergencia sanitaria actual es un condicionante fuerte para recurrir de inmediato a los cambios, máxime cuando el titular de Salud se encuentra entre los funcionarios que estarían bajo la lupa.

Esta estrategia renovadora va de la mano de lo que públicamente admitió el Gobernador. Jaque considera que, más allá del cambio de nombres, debe existir un cambio de actitud de su gestión hacia la gente.

Hacia un perfil más mendocino. Nos referíamos recién a cómo procedería de ahora en más el gobierno local con respecto al nacional. Llamó mucho la atención que el Gobernador no estuviese presente el miércoles en la Casa Rosada para la asunción de los nuevos ministros de Cristina Fernández.

Entre otros aspectos, Jaque justificó esa ausencia en la necesidad de presidir a primera hora del jueves el acto oficial por el Día de la Independencia. Pero, en realidad, lo que se vislumbra es un claro replanteo en cuanto a la relación entre la Nación y la Provincia.

Es lógico que quien admite que la elección en Mendoza se nacionalizó más de la cuenta y hasta siente haber sido un objeto de la pelea que Kirchner quiso darle a Cobos prefiera refugiarse puertas adentro para recuperar credibilidad.

A Jaque le preocupan ahora los casi dos años y medio de mandato constitucional que le quedan. Sin tanta proyección, lo que resta del año se presenta económicamente muy duro para el país como consecuencia de las crisis, incluida la actual sanitaria.

De ninguna manera pretende que como consecuencia de la pésima elección reciente se pueda

llegar a hablar de co-gobierno por influencia de la interna de su propio partido. Sale al cruce de esos rumores indicando que su relación con los justicialistas en general es buena, amable, pero reitera una y otra vez que todos los sectores del oficialismo cayeron derrotados el 28 de junio.

Otro aspecto que desvela al titular del Ejecutivo provincial es la gobernabilidad. Le hizo sonar la alarma que a horas de la derrota escuchara voces de la oposición ganadora pidiendo la cabeza de alguno de sus colaboradores más cercanos. Con más razón cuando el cuestionado está incluido entre los que no se piensa remover.

Sin duda, las urnas dejaron al justicialismo mendocino un contundente mensaje de desaprobación. El Gobierno pagó caro su alineamiento con el kirchnerismo justo cuando su liderazgo comenzó a decaer. Esto sumado a errores no perdonados por la gente que pesaron más en la consideración popular que los hechos que, sin duda, existieron.

Posiblemente venga ahora la etapa en la que Jaque deba salir a reconquistar el territorio provincial que tanto caminó antes de la elección de 2007. Debería dejar que otros gobernadores y referentes resuelvan quiénes disputarán liderazgo en el justicialismo que viene.

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