Las dificultades para cumplir con don Raul

Raúl Alfonsín pasó a la inmortalidad en el mismo momento que una acongojada ciudadanía lo ubicaba en un pedestal de la historia para muchos inesperado.
Inesperado incluso para sus propios correligionarios, que se encontraron con un radicalismo vivo (ese que pobló las calles para despedir al ex Presidente) no visto por ellos mismos, siempre tan ocupados en las pujas internas.

Como servicio póstumo a la democracia

-a la cual le dio los primeros y más importantes signos vitales- y a su propio partido, repitió hasta la expiración la necesidad del diálogo, el consenso y la unidad. Nadie dejó de entender el mensaje, y en los mismos momentos que se despedían los restos, la Unión Cívica Radical parecía dar muestras de obediencia.

Se logró una sola lista de diputados

nacionales por la provincia de Buenos Aires. Julio Cobos vuelve al partido. Gerardo Morales, Federico Storani, Leopoldo Moreau y demás no perecían tener diferencias tan profundas que no pudieran salvar un "todos juntos en la causa radical". Ricardo Alfonsín, el único hijo político del líder, se erigió como líder provincial. Desde la Coalición Cívica, tanto Elisa Carrió como Margarita Stolbizer dieron muestras claras de dejar la puerta abierta para el ingreso del revivido radicalismo.

Sin embargo, a medida que el multitudinario sepelio de Alfonsín queda en el recuerdo, la clamada unidad atraviesa por caminos resbalosos y llenos de precipicios. Por caso, la UCR no logró consenso en todas las secciones electorales, mucho menos en la mayoría de los distritos, y la nómina de diputados nacionales diseñada por Ricardo Alfonsín genera malestar en otros sectores que no se sienten representados.

Además, en el propio radicalismo hay diferentes visiones de cómo debería ser la alianza con la Coalición Cívica y cuál es el lugar que le corresponde al centenario partido dentro de ese acuerdo.

Primer acto

La primera consecuencia de la muerte de Alfonsín fue la desaparición de la interna para dirimir la lista de diputados nacionales, con la cual los boina blanca se sentarán después a negociar con la Coalición. El storanismo proponía como primer candidato a Pedro Azcoiti para disputar la elección con Ricardo Alfonsín (Rapaca). Pero el actual diputado nacional se bajó.

Las distintas fracciones esperaban una apertura por parte de Ricardito, que finalmente no se dio. El Rapaca monopolizó la nómina con toda gente del alfonsinismo. "Lleva al centenario radicalismo a hacer una lista única pero no de unidad, y deja afuera a la mitad del Partido", se queja Pedro Azcoiti.

En algunas secciones, importantes dirigentes cargaron con dureza con el heredero. Un referente del interior asevera que "en este momento es muy difícil enfrentarlo, porque se murió el padre hace una semana, pero las cosas cambiarán. Ricardito se está peleando con todo el radicalismo de la Provincia, con lo que fue el oficialismo partidario y con (Daniel) Salvador (el titular del partido en terriotorio bonaerense).

Otro se quejó porque "en secciones donde había lista única única, armó listas él esta última semana. Metió la cola, por ejemplo, en la Séptima. En la Quinta había dos listas y él inventó una tercera con Fernández, de Tandil".

Cuando todo parecía encaminarse a la unidad detrás de la figura con importante portación de apellido, las eternas divergencias radicales ubican al Partido en sus tradicionales disputas. "El que está haciendo la cagada mayor es quien podría haber aprovechado la situación. Vos podés pelearte con Storani o Moreau, marcarles la cancha y lo que quieras; lo que no podés es dejarlos afuera", trina un legislador bonaerense.

Desde el alfonsinismo se defienden argumentando que faltó el ánimo de los demás para llegar a esas listas de consenso.

El 19 de abril se dirimirán, entonces, en las urnas, muchos de los candidatos que luego deberán esperar las negociaciones con la Coalición Cívica para ver qué lugar finalmente tienen en la lista definitiva. Todo si al final de la historia hay un reencuentro entre todas las filas de extracción radical.

Después de la primaria

Una vez acomodado -si en verdad lo pueden acomodar- el espectro radical, llegará el momento de sentarse con Elisa Carrió y Margarita Stolbizer para tirar los porotos sobre la mesa y preparar el plato definitivo. Habrá que sumar también al sector de Julio Cobos y a la fracción del socialismo alineada con la Coalición Cívica.

De cualquier manera, en los últimos días aparecieron luces de alerta sobre la concreción o no de esa alianza panradical. Antes de la muerte de Raúl Alfonsín no había dudas: el único camino que le quedaba al radicalismo era cobijarse en las dos señoras que nacieron del partido pero se fueron disgustadas con sus conducciones.

Pero en medio del sepelio, y envalentonados por la respuesta popular, algunos advirtieron que el radicalismo estaba mejor posicionado de lo que ellos mismos creían. Entonces, hubo encargados de salir a operar una maniobra de autonomía, expresando que el partido estaba vivo y era capaz de resurgir sin ninguna alianza salvadora.

Incluso -y éste era el verdadero objetivo- la jugada intentó posicionar a la UCR y a su eventual candidato por encima de Stolbizer. Siguen pensando igual varios actores pese a las desmentidas posteriores.

Las versiones de una ruptura sobre un acuerdo que nunca se construyó del todo hicieron reaccionar rápido a Ricardo Alfonsín. Aún en el duelo se apresuró a aclarar que "no corre ningún riesgo" la formación de un frente electoral amplio y pluralista. No sólo lo hizo a través de los medios, sino que envió personalmente a Marcelo Basan (ex legislador oriundo de Berisso) para que aclarara la situación con la propia Stolbizer.

No obstante, la lideresa del GEN había puesto pimienta a las versiones con una postura firme. El deseo de la dirigente de Morón es que el segundo lugar en la nómina lo ocupe el ruralista Mario Llambías.

Lo dijo en público y lo mantuvo aun cuando Ricardo Alfonsín había ponderado los avances en las negociaciones previas a la muerte de su padre, y hasta adelantó que no tenía inconvenientes de ser segundo.

Claro que para todo el radicalismo, aceptar un escalón menor al segundo sería humillante, sobre todo cuando el Partido en sí se siente inmensamente fortalecido tras los honores recibidos por su último gran líder. Ni hablar de aceptar menos que un lugar en la yunta dominante de la lista cuando algunos sueñan con encuestas que pongan en aprietes a la CC, y a su decisión de ir sí o sí con Margarita como uno.

Si no hay panradicalismo, el panorama para quienes convergerían en el sector no es bueno en caso de decidir ir separados. Pero llegar a un acuerdo final demandará de fuertes renunciamientos. ¿Estarán dispuestos? ¿Se llegará a ese espacio de casi todos los no peronistas juntos? ¿O el pandemónium que pone en riesgo esa alianza hará trizas el sueño de Don Raúl Ricardo?

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