El difícil caso de las propiedades de Alem

Las propiedades de Alem en su tramo más comercial presentan una problemática difícil de resolver desde el punto de vista inmobiliario.

Por un lado, los propios vecinos de la zona afirmaron públicamente estar "hartos de la situación" y que, tras años de reclamos ante el Estado para que controle la nocturnidad en la zona, analizan seriamente la posibilidad de abandonar la lucha.

"Ya no les pedimos a los vecinos que nos acompañen en los reclamos: ahora directamente les recomendamos que se muden", confesó en diálogo con LA CAPITAL Guillermo Barañano, integrante de la asociación vecinal de fomento "Leandro Alem" de Playa Grande.

Según Barañano, no se trata solamente de un planteo retórico: nada menos que 35 familias se mudaron, efectivamente, en los últimos dos años. Cinco de ellos, incluso, integraban la comisión directiva de la asociación.

"Eso demuestra lo desgastante que han sido todos estos años de reclamos" reflexionó Barañano, quien recordó que "llegamos hasta el Defensor del Pueblo de la Nación, que emitió varios dictámenes apoyando nuestra posición, pero lamentablemente nadie le ha hecho caso".

Con respecto a la política de la actual gestión municipal, Barañano consideró que "no asumen la dimensión que tiene este problema. Hay inspecciones, pero la realidad es que se siguen excediendo los limites de cantidad de personas dentro de un local y sigue habiendo baile en lugares que no están autorizados para hacerlo".

Tras aclarar que "tampoco hubo avances con el proyecto de traslado de los boliches de Alem a la escollera Norte" Barañano afirmó que "lo que vemos es que no hay perspectivas de que la situación cambie en el corto plazo. Y muchos ya no tienen ganas de seguir esperando".

El desafío de irse

El problema es que si bien vivir cerca de Alem es difícil, irse parece serlo aún más. Sucede que los inmuebles de la zona ya no cotizan igual que en el momento de la compra. Y el valor que los potenciales compradores pagarían no alcanza para adquirir algo de similares comodidades en otra zona residencial de la ciudad.

Pero allí no se termina el inconveniente: según operadores inmobiliarios consultados por este medio, las operaciones están prácticamente congeladas en la zona. "No hay compradores: nadie quiere vivir donde no se puede dormir" reflexionó un agente inmobiliario del sector, quien añadió que "tampoco la actividad comercial es una opción, porque las limitaciones que impuso la Municipalidad son muy restrictivas".

Esta visión fue confirmada a LA CAPITAL por María Teresa Benedetti, titular de la inmobiliaria homónima, quien calificó a los propietarios de Alem de rehenes. "Saben que no hay quien quiera comprarles a menos que pidan un valor que a ellos no les conviene", sintetizó.

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